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Arranca en Dublín la Conferencia para prohibir las bombas de racimo
Con ausencias señaladas (EEUU, Rusia, Israel y China, entre otros) y con posiciones ambiguas de estados europeos como el británico y el español arrancó ayer una gran conferencia internacional que tratará de forzar la prohibición de las bombas de racimo, tristemente conocidas en escenarios como Irak, Afganistán y Líbano.
Kaos. DDHH (Gara) [20.05.2008 09:45] - 103 lecturas - 0 comentarios


Representantes de 119 estados y de 250 o­nG se reúnen en Dublín para lograr un acuerdo internacional que prohíba el uso, fabricación, distribución y almacenamiento de las bombas de racimo.

La Conferencia de Dublín se enmarca dentro del Proceso de Oslo, que se inició hace un año, y no está organizada por la o­nU para evitar un veto. El proceso continuó en diciembre en Viena y dos meses después en Wellington (Nueva Zelanda), donde 83 países suscribieron una declaración en favor de su prohibición.

El proceso sigue la estela del modelo adoptado por la Convención de Ottawa, que desterró las minas antipersona en 1997. No obstante, este protocolo fue rechazado por 57 países, entre ellos EEUU, China, Rusia, India, Israel y Arabia Saudí.

Prácticamente los mismos países, productores o usuarios de este tipo de armamento, que han anunciado su ausencia en esta nueva cita.

Estados que sí participan mantienen, no obstante, posiciones como poco ambiguas e incluso justificadoras. Es el caso de Gran Bretaña, que exige exenciones para las bombas de racimo que dispongan de un dispositivo de autodestrucción y un período de transición antes de la puesta en marcha del eventual tratado internacional.

La o­nG catalana Moviment per la Pau, que participa en la Coalición contra las Bombas de Racimo, denunció que el Gobierno español se alinea junto a Gran Bretaña en esta posición.

Esta o­nG denuncia que este tipo de bombas se fabrican en «al menos», una empresa del Estado español, por lo que «no es casual» que los argumentos de Madrid «coincidan plenamente» con los de la industria armamentística estatal. En la actualidad, más de 30 estados fabrican este tipo de armamento, que se distribuye en más de 70 estados, entre ellos el español, principalmente a través de las empresas Instalaza y Explosivos Alaveses (Expal).

Las bombas de racimo son letales porque se abren en el aire y dejan caer cientos de pequeñas bombas del tamaño de una lata de refresco, un porcentaje de las cuales no llegan a estallar y se convierten en minas.

Handicap International asegura que fue el Ejército soviético el que primero la utilizó contra los tanques alemanes en 1942.

La Alemania nazi y el Ejército estadounidense en Vietnam inauguraron su uso en bombardeos contra objetivos civiles.

Israel se ha convertido en trágico maestro en su uso, como en la última agresión contra Líbano en 2006. Handicap International asegura que entonces lanzó cuatro millones de municiones de racimo, la mayoría producidas durante la guerra de Vietnam y muchas de ellas deficientes».

Afganistán, bajo los soviéticos y los estadounidenses, Irak (tanto en la agresión de 1991 como en la actual), y la extinta Yugoslavia a lo largo de sus diez años de conflicto, han sido escenarios para el uso de estas armas. Son armas de efecto retardado y que siguen provocando víctimas muchos años después del conflicto. El anteproyecto que se discute estos días en Dublín prohíbe el uso, la producción y el comercio de este tipo de armas, reclama un plazo de seis años para la destrucción de los stocks existentes y ayuda a los estados y poblaciones afectadas.



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