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Argentina: Cristina y el síndrome Doris Day
Un presidente es un presidente. Una presidenta es una mujer presidenta, y como mujer es esposa, madre y ama de casa ante todo.
Diana Maffía en Rima Web | Para Kaos en la Red | 3-2-2009 a las 22:00 | 753 lecturas | 2 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/argentina-cristina-sindrome-doris-day

Al finalizar la segunda guerra mundial -en la que mientras los hombres fueron masivamente enviados a los campos de batalla a veces muy lejos de sus hogares, las mujeres debieron irrumpir forzosamente en el ámbito público para sostener con su trabajo la economía de sus países- el regreso a casa de los soldados presentó un enorme desafío: cómo hacer para que esas mujeres aceptaran retornar a su papel doméstico, olvidaran la autonomía conseguida en el trabajo y se dedicaran a reponer las vidas que la guerra se había llevado, a cuidar amorosamente lo que había sido inhumanamente diezmado.

Varios estudios culturales analizan el lenguaje y la imagen de la publicidad, las revistas, la televisión y el cine, destinados a presentar mujeres sumisas y satisfechas con las tareas del hogar, ideales de feminidad vinculados a la maternidad hacendosa y conforme con la seguridad de la casita en los suburbios. Pero las palmas se las lleva, sin dudas, Doris Day.

Ella expresa como ninguna, en sus protagónicos, la contracara de los análisis sobre la sujeción femenina desplegados por Simone de Beauvoir en El segundo sexo (1949), la inmunidad contra las pretensiones críticas de Betty Friedan, que con La mística de la feminidad mereció el premio Pulitzer en 1964.

Autitos para los varones, lavarropas para las mujeres

En los programas para vitalizar el consumo que la presidenta Cristina Kirchner se encarga de publicitar personalmente, de modo inesperado para su estilo comunicacionalse refirió a su condición de género, y mostrando su empatía con las demandas femeninas presentó el plan canje y los créditos para electrodomésticos como una deuda con la igualdad de oportunidades y de trato entre varones y mujeres. Es que según contó, los hombres pedían autos y las mujeres lavarropas; y como reza el eslogan, a cada cual según su necesidad…

Es probable que las estadísticas le den la razón (y si no fuera así, ya se sabe lo que hay que hacer con las estadísticas). Difícilmente podríamos desmentirla cuando reflexiona que son las mujeres las que siempre han sido las encargadas de las tareas domésticas, o cuando destaca el "doble turno" que les toca a quienes son "profesionales, ejecutivas, funcionarias, dirigentes políticas" y amas de casa al mismo tiempo. Pero dado que esta situación es a todas luces injusta, esperaríamos un anuncio de políticas para cambiarla, y no un crédito para sostenerla.

Cristina es la presidenta de una nación que le ha dado estatuto constitucional a la Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW). Las ciudadanas reclamamos por la naturalización de la violencia contra nosotras, por los femicidios y los abusos en manos de parejas y familiares, por la inacción contra el trabajo en negro, por programas contra la trata para fines de prostitución que contemplen planes integrales de atención de las víctimas, por las muertes por abortos clandestinos. Es una pena que la escucha presidencial no sea tan sensible como cuando pedimos lavarropas.

En la quinta de olivos, en el estudio jurídico y en todas partes Dejó en claro Cristina que cuando hay que resolver cuestiones domésticas la responsable es ella, aunque la domesticidad sea la de la quinta presidencial de Olivos. "Yo convivo con un ex presidente de la Nación y la Presidenta soy yo. Las cosas que hay que resolver en este ámbito, que es momentáneamente la casa donde vivo, nunca se las consultaron a él. Ni antes, ni ahora. Sigo siendo yo. Esto pasaba en el estudio jurídico y en todas partes". El mensaje es claro: si sos mujer, aunque seas profesional, aunque seas la esposa del presidente, aunque seas la misma presidenta, las tareas domésticas son tu función y se agregarán a aquello que quieras emprender.

Que Cristina Kirchner no estuviera colegiada ni firmara escritos en el estudio jurídico que compartía con su marido en Santa Cruz, dio lugar a la sospecha insidiosa de que nunca había obtenido el título de abogada. Pero ahora, con su confesión, tal vez haya que pensar que se encargaba de atender las pequeñas y grandes cuestiones cotidianas de las que toda mujer es responsable y que no puede delegar salvo en otra mujer. Incluso cuando comparte el estudio jurídico con su marido.

En cambio Kirchner, al ser varón, puede dedicarse a distribuir obra pública junto a funcionarios y gobernadores, exigiendo lealtad para las elecciones de octubre, en la misma casa de la que no debe hacerse cargo ni como presidente ni como ex – presidente. El mensaje también es claro: si sos varón, aunque tu mandato haya concluído, tu autoridad y tu jerarquía siguen intactas. Aunque la Presidenta sea tu mujer.

Un presidente es un presidente. Una presidenta es una mujer presidenta, y como mujer esesposa, madre y ama de casa ante todo.

Estamos condenadas por el sexo y por la historia

A lo mejor recordó Cristina la hipótesis del Juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni, que considera que el primer tratado de derecho penal fue el Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas), un manual de interrogatorio y tortura escrito en 1486 por dos monjes benedictinos para los cursos de capacitación del Tribunal de la Inquisición, cuando dijo "también soy la que reta a Florencia cuando hace cosas que no tiene que hacer. Porque siempre las brujas somos nosotras. Estamos condenadas por el sexo y por la historia".

La historia dice que cuando el capitalismo se vio amenazado porque sus industrias y sus ejércitos podían quedarse sin obreros y sin soldados, inicia una “política de las familias” destinada a hacer sustentable la explotación, a reproducir gratuitamente la fuerza de trabajo, y a generar el ideal de la familia nuclear, la mujer – madre y el pacto del salario familiar. La eficacia de este ideal es imponer su sentido fuera del tiempo.

No es la historia sino el olvido de la historia lo que nos condena: la pretensión de que siempre ha sido así y siempre lo será. No es el sexo sino la naturalización del sistema de género asociado al sexo lo que nos condena: la pretensión de que siempre ha sido así y siempre lo será. Porque ambos, el olvido de la historia y la naturalización de la subordinación social, petrifican las formas de opresión y desalientan la esperanza de emancipación.

El síndrome Doris Day que le ha dado a Cristina no es inocente. La crisis económica anuncia una disputa por los puestos de trabajo que se aliviaría si las mujeres decidieran quedarse en su casa; y una abrupta disminución de la demanda que se reorientaría si sus aspiraciones fueran disciplinadas hacia el consumo de bienes previstos por la industria. La presidenta pidió que las feministas no la criticáramos por sus afirmaciones, porque son la realidad cotidiana de muchas mujeres. Justamente ella, la presidenta de un país cuya realidad cotidiana es violenta e injusta. Que sabe que cuando la rutina es la explotación, la obligación de la política es cambiar la situación cotidiana, y la obligación del Estado es dar oportunidades para la igualdad.

Millones de mujeres, cada una encerrada en su casa lavando la ropa, difícilmente emprendan la revolución pacífica e incruenta que cualquier ideal progresista y democrático propone. Esas mujeres que soportaron siendo científicas que un ministro las mandara a lavar los platos, que luego de la crisis del 2001 lograron sostener las fábricas sin patrones, que se hicieron piqueteras para denunciar la desocupación, que se desacataron a puro himno nacional para impedir el remate de los campos, que como docentes y estudiantes se hicieron solidarias con las demandas sociales, que en campañas fortalecidas cada año en los Encuentros Nacionales de Mujeres exigieron “educación para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, esas mujeres que se enamoraron otra vez de la política y nos brindaron liderazgos femeninos múltiples y novedosos, son invitadas a ilusionarse con un nuevo lavarropas.

*Dra. en Filosofía (UBA), Legisladora de la Ciudad de Buenos Aires

 
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Comentarios (2)

#1.- la chaqueta de fuerza

Sonia Alvarado|05-02-2009 15:39

Y a es tiempo de lograr cambios definitivos en la autovisión que tenemos las mujeres de nuestro propio roll en la sociedad y definitivamente seremos nosotras mismas las artifices de esos cambios, en el andar cotidiano, en el ambito doméstico y social.
Somos nosotras como madres las que formamos a nuestros hijos e hijas, y las que aceptamos o no las conductas machistas de nuestros compañeros de vida. Así que si queremos cambios, comencemos por cambiar nosotras mismas haciéndonos concientes de nuestro inmenso poder como formadoras y transformadoras de la sociedad, asumiendo las consecuencias inmediatas de nuestros actos, conductas y hábitos, las cadenas son realmente mentales y emosionales más internas que externas.
Cuando el cambio interno se realiza no hay nada ni nadie que nos pueda detener en el logro de la VERDADERA LIBERTAD.

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#2

07-02-2009 00:00

Sólo con el fluir de la feminidad de ambos  sexos,aflorara la fraternidad,gran marginada de la revolución burguesa,que conducirá a la solidaridad,paz y amor de los pueblos.El hombre dejará de ser un chimpanzé y la mujer desnaturalizada recuperará su esplendor.La lástima es que el hombre,corrompido por el sistema  aún ha de hacer su revolución.Las feminas ya las hicieron

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