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Archivando el terror: Una selección de datos para guardar memoria de la matanza de Gaza 2008-09
Aunque a veces pueda parecerlo, esto no es un artículo doctrinario sino un memorando sobre el qué y el cuánto hemos acumulado los-abajo-firmantes sobre la matanza de Gaza 08-09.
Euclides Perdomo | Rebelion | 11-2-2009 a las 10:36 | 1070 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/archivando-terror-seleccion-datos-para-guardar-memoria-matanza-gaza-20

Prestando atención al Oriente Próximo durante todo un mes siniestro (28.XII.08 – 28.I.09), hemos conformado un archivo personal. ¿Cómo y de dónde?: seleccionando recortes de la prensa española y de Internet. Conviene subrayar de antemano que nuestro criterio clasificatorio no es universal sino que depende de nuestros intereses particulares. Por lo tanto, huelga añadir que, no habiendo cubierto todas las opciones, malamente podríamos aspirar siquiera a satisfacer todas las expectativas.

La presente narrativa quiere recapitular el contenido de este archivo explicitando, a veces, las enseñanzas que nos depara su escrutinio. Además del fichero cibernético, el registro en papel se desprende en veinticuatro carpetas (dos de ellas, privadas) Hoy no las comentaremos todas. Esta glosa incluye, fuera de archivo, unos Antecedentes, un párrafo sobre las Ausencias y una Conclusión.

ANTECEDENTES (fuera de archivo)

Menos el Cosmos, todo tiene un origen. La matanza de Gaza 08-09 también. Pero no nos conformamos con encontrarlo en tal o cual plan sionista o en algún incidente inmediatamente anterior al ruin sabbat 27 de diciembre –fecha en la que comenzaron los bombardeos pese a que, para la religión judía, trabajar en sábado es sacrilegio- ni tampoco admitimos que su principio esté en la formalización del Estado de Israel. La Naqba tendrá como fecha convencional 1948 pero, a nuestro entender, ese año no fue el comienzo de la Hecatombe palestina sino el final de una primera fase cuyo desarrollo paulatino arranca en el último tercio del siglo XIX. Es fácil comprobarlo:

"Egypt has roused herself for a great effort of national and religious reform; and o­n all sides Islam is seen to be convulsed by political portents of ever-growing intensity. Cairo has now declared itself as the home of progressive thought in Islam… the basis of a social and political Reformation for all Islam has been laid".

Así se expresaba en 1882 uno de los raros aristócratas ingleses que habían estudiado el mundo islámico desde la simpatía y no desde la codicia. Traducido y resumido: como primera medida para independizarse del imperio de Estambul, todo el Oriente Próximo había escogido el camino del progresismo y de las reformas religiosa y nacionalista. Las relaciones entre musulmanes y cristianos eran cordiales: "Not o­nly in Egypt,—in Oman and Peninsular Arabia, generally there is a real feeling of cordiality between the Mohammedan and his Christian guest". Incluso los lugares sagrados de la península arábiga, hoy cerrados a los infieles, se estaban abriendo a los europeos y Palestina, la también llamada Tierra Santa de los judíos, estaba considerada como cuasi hermana de Arabia (ver The Future of Islam, Wilfrid Scawen Blunt, Londres, 1882, disponible en Internet)

¿Qué potencia maligna intervino para romper tan idílico horizonte? Pues la mano peluda del imperialismo europeo. En esos mismos años en los que Blunt escribía rebosante de optimismo, los huevos de la serpiente empezaban a eclosionar. Dicho sea en fabla más bestial y menos zoológica, los europeos iniciaban la destrucción de Palestina –por no hablar del resto del planeta-. Masas de europeos depauperados pero provistos de un arma decisiva -la ametralladora-, invadían el Oriente Próximo so pretexto de "librarlo del yugo otomano". En 1882, sus desmanes ya eran corrientes en Palestina pero todavía tuvieron que transcurrir casi veinte años hasta que T. Herzl, el más famoso de los teóricos del sionismo, se percatara de las posibilidades que la expansión imperialista le ponía en bandeja, las resumiera en su folleto Der Judenstaat (El Estado judío, 1896) y se las ofreciera, primero a sus amigos banqueros y después al Kaiser y al Sultán terminando en la Queen Victoria, un itinerario que ilustra sobre su arterioesclerosis política -compensada, desde luego, por su desvergüenza a la hora de poner una vela a dios y otra al diablo-.

Pero, en fin, una vez aclarados los verdaderos antecedentes de la última hazaña sionista, pasemos a observar un detalle que algunos creerán técnico: cuando de genocidios y matanzas se trata, los primeros informes a consultar deben provenir de fuentes militares. En este caso de Gaza 08-09, no ha sido necesario inquirir en nuestros voluminosos archivos. Ha bastado con seleccionar entre los documentos de las think tank gringas la descarga en Internet del informe de Sherifa Zuhur titulado Hamas and Israel: Conflicting Strategies of Group-Based Politics (Strategic Studies Institute por contrato con el Depto. de Defensa, EEUU, diciembre 2008; 91 páginas) Este documento –inmediatamente anterior a la matanza-, viene a decirles a los militares gringos varios hechos aplastados por la censura de los media sionistas occidentales: a) Israel despreció las numerosas treguas ofrecidas por Hamas, b) los israelíes están muy divididos sobre la conveniencia de atacar a Irán, c) Hamas ha reformado radicalmente su carta constitutiva de 1988, d) los milicos sionistas creen que los palestinos ya no son un problema de seguridad –bitchonist, en hebreo-, sin negar por ello la posibilidad de una rebelión masiva, e) Hamas es mucho más popular que Fatah, incluso en Cisjordania y, f) lo que es más significativo: a largo plazo, el fracaso en reconocer sólo a Fatah, puede llevar a Israel a reconquistar Gaza pero así no se derrotará a Hamas (Harakat al-Muqawama al-Islamiya, Movimiento de Resistencia Islámica)

Leyendo entre líneas: en diciembre 2008, Israel ha obtenido el permiso de los EEUU para invadir Gaza pero bajo la condición de que no podrá ser una reconquista total. El papá deja que su niño mimado haga una travesura y, en consecuencia, el niño se apresta a jugar al fútbol con las cabezas de los palestinos –así lo ha hecho, literalmente- pero sabiendo que no debe romper los jarrones chinos.

A todo esto, ¿por dónde empezamos a archivar? Evidentemente, por la economía. Las guerras cuestan dinero incluso al ganador pero, sobre todo, sabemos que tanto los EEUU como su niño tremendo son idólatras del dios Dinero. Para hacernos una idea de la nigérrima alma de los genocidas, grandes y chicos, es necesario echar una ojeada, aunque sea psicologizante, a los datos económicos. Por ello, a la hora de comenzar la selección de las noticias que han de ser registradas, la primera carpeta tiene que ser la económica.

1. ECONOMÍA

La economía palestina no existe. Palestina es una cárcel y en las cárceles no circula otra mercancía que el odio y otro trabajo que el clandestino o el esclavo. Cuatro millones de personas no pueden trabajar oficialmente ni siquiera como cautivos para sus amos –sólo hay 13.000 palestinos de los 'territorios ocupados' que trabajen en Israel-. Dentro de sus cárceles o bantustanes, tampoco pueden producir nada porque Israel se lo prohíbe. Han sido relegados a la condición de mercado cautivo de consumo. El dinero que llega desde fuera –remesas de la diáspora y, en menor medida, ayudas internacionales-, es succionado íntegramente por Israel. Los palestinos están obligados a comprar exclusivamente productos israelíes –sobra decir, a precios abusivos-. Y esto es válido incluso para la harina o el aceite por lo que la cautividad llega al nivel de los artículos de primerísima necesidad. Por lo tanto, la ayuda humanitaria –medicinas incluidas- que se envía a Palestina se convierte en un sobresueldo que reciben los milicos sionistas.

Independientemente de que pudiera hacerlo a mayor velocidad, Israel aplica con lentitud la Solución Final por dos razones: a) porque disfruta sádicamente regodeándose en la agonía del pueblo palestino; y b) porque gana dinero a costa del sufrimiento ajeno –un proceder muy propio de esta época de humanitarismo espectacular-. El mecanismo del expolio es tan inicuo y desesperante como sencillo: los palestinos reciben euros o dólares que Israel decomisa para cambiarlos a su moneda (el shekel); con semejante ingreso de divisas, el Banco Central de Israel bien puede presumir de contar con una jugosa reserva y de manejar una saneada balanza de pagos. Visto así, el bombardeo de los túneles que comunican Gaza con Egipto no tiene nada que ver con el inexistente tráfico de armas sino que fue una miserable operación contra el 'contrabando' de alimentos –miserable por la escasa cuantía de las mercancías que escapaban al control sionista-.

Por otra parte, la matanza ha servido para gastar armamento y dinero, única manera de que papá USA los reponga -amén de que Israel ha recibido una propina por experimentar la efectividad de las nuevas armas gringas-.

Todo esto es bien sabido. Sin embargo, lo que viene a continuación es tema de altas finanzas, materia incógnita salvo para los iniciados y, por ende, único conocimiento realmente esotérico: la prensa económica ha publicado que "se dice que", durante el verano del año 2008, los bancos gringos que poco después serían declarados en bancarrota, enviaron 400.000 millones de US$ a Israel; más tarde, el ahora famoso estafador Bernard Madoff desvió al mismo destino una cantidad cuyo importe exacto es todavía desconocido pero que osciló entre 50 y 100.000 millones de US$. De ser ciertos ambos datos, resultaría que Israel recibió medio billón de US$ -el triple de su PIB anual o el equivalente a varias guerras locales-. Ahora bien, suponiendo que "se dice que" es una fuente fiable –y lo es en igual medida que el resto de la prensa económica-, el dato se puede interpretar de varias maneras, todas ellas igualmente especulativas: a) los bancos quebrados y Madoff (BQM) enviaron esa millonada a Israel en concepto de depósito pues lo consideran un refugio seguro y un paraíso fiscal fiable; b) BQM son sionistas de corazón –sí, los financieros también tienen corazón, a la extrema derecha pero músculo cordial al fin y al cabo- y la remesa fue su contribución voluntaria a la Tierra Prometida; c) lo mismo pero en su variante "contribución obligada" o pago por favores inconfesables; d) otras variables más difíciles de descubrir –y no digamos de demostrar-.

Sea como fuere, está absolutamente demostrado que Madoff estafó a tantos judíos gringos como para merecer que su caso haya sido bautizado como "la segunda Noche de los Cristales" o como una "limpieza étnica" (ver "It's Kristallnacht Two!" An Ethnic Cleansing in America, por Alex Cockburn, Counterpunch, 19-21.XII.2008). Los damnificados más famosos fueron la Universidad Yeshiva, la Fundación Elie Wiesel, Hadassah -la organización gringa de mujeres sionistas-, el American Jewish Congress y el más famoso de todos, Steven Spielberg, al que algunos humoristas han propuesto de haga una película cuyo título debería ser The Swindler's List –un juego de palabras con la lista de Schindler y swindler, estafador, como Madoff-.

Pero, volvemos a lo mismo: ¿seguro que Madoff ha timado a todos esos tiburones de las finanzas? ¿no será que se han 'dejado estafar' en cuyo caso el delincuente pasará a ser un chivo expiatorio o una cortina de humo para ocultar transferencias a Israel? Nos maliciamos que Madoff ha podido estafar a unos cuantos gentiles cuyos caudales han sido encubiertos por los caudales del lobby judío; continuando esta hipótesis, el dinero total habrá ido a Israel pero con el compromiso de reintegrar la parte correspondiente al lobby con lo que, a la postre, los únicos estafados habrán sido los perros incircuncisos. Cosas más raras se han visto y en este terreno de las altas finanzas es más cierto que nunca aquello de que la realidad siempre supera a la ficción.

En resumidas cuentas, todo gira alrededor de una hipótesis bushiana: el gang Bush, no contento con vaciar las arcas estatales –no otra cosa es la archi-mentada Crisis-, decidió ayudar a su hijito preferido con las moneditas que le permitieran gozar con su juego preferido –el genocidio-. Y lo hizo como corresponde a quien ha detentado durante ocho años un poder que creía omnímodo: a lo grande. Una simple obra de ingeniería financiera que podríamos denominar "Operación Cortesía con Sombrero Ajeno".

2. ARMAS PARA EXPERIMENTAR

Antes que como una carpeta técnica, ésta debe ser entendida como una subcarpeta económica pues, en las relaciones papá-niño malcriado, así es clasificada (ver arriba, la destrucción como fuente de ingresos para los sionistas). Soslayado este enfoque, desde el mismo instante en el que supimos que la matanza había comenzado y puesto que todo lo demás era obvio, nos aplicamos a observar qué nuevas armas estaba ensayando el Tsahal –o ejército sionista, por cínico nombre Fuerza de Defensa Israelí-. Tel Aviv nos lo puso difícil pues, en matanzas anteriores –Líbano 2006, por ejemplo-, ya había empleado armas químicas, uranio empobrecido, fósforo blanco, minas antipersona, buster bombs –bombas de gran penetración-, las bombas de racimo, el DIME (Dense Inert Metal Explosive o bomba de tungsteno, ver Wikipedia pero con reparos pues suele ser bastante sionista) y, en general, todo el catálogo de armas prohibidas por las convenciones internacionales, sea contra ejércitos, sea contra aglomeraciones urbanas; es decir, civiles, única población gazatí pues la Palestina esclava ni tiene ni ha tenido nunca ejército sino milicianos que son lo contrario de soldados.

Las estrellas mediáticas de esta matanza han sido el DIME –que mata por microheridas y, además, causa neoplasias en las células osteoblásicas, vulgo cáncer seguro- y, sobre todo, el fotogénico fósforo blanco. Este último, antes de tocar el suelo estalla en 116 metrallas incandescentes que matan todo en un radio de 50 mts. y abrasan en un radio de 200 mts. Si circulaban en tanques, los invasores podían acercarse hasta 250 mts. de la diana para, desde allí, rematar a placer a los fugitivos. Desde hace años, el Tsahal tiene prohibido el término "fósforo blanco"; en sus comunicaciones internas, lo llaman "humo explosivo".

Nos duele decirlo pero, una de dos: o en estos dos últimos años los científicos gringo-sionistas no han trabajado lo suficiente para descubrir nuevas formas de genocidar o bien somos nosotros los que no hemos investigado lo suficiente en Gaza. En cualquier caso, en el acápite siguiente damos noticia de alguna novedad asesina –no tipo hardware sino variedad software-. Por lo demás, no hay que ser profeta para pronosticar que los miles o millones de minas y de bombas de racimo que seguirán estallando durante las próximas décadas aumentarán todavía más el genocidio.

Por su parte, los palestinos no han experimentado ninguna nueva arma pues los afamados cohetes Qassam son viejos como la vida misma. Dejemos aparte si los dispara Hamás o, como parece más probable, son obra de algún minúsculo grupo como la Yihad Islámica y centrémonos en la descripción de esta terrorífica arma. Según un ex-analista del Pentágono, los Qassam no tienen ningún sistema de guía. Su cabeza explosiva contiene entre medio y diez kilos de TNT mezclado con nitrato de urea, un fertilizante común. El combustible es azúcar y nitrato de potasio –otro vulgar agroquímico-. El detonador lo fabrican con un cartucho de escopeta, un muelle y un clavo. Las aletas estabilizadoras son simples trozos de lata, por eso dejan en su vuelo 'esa estela como de sacacorchos enloquecido' (ver Chuck Spinney, Should the US Pull the Plug o­n Israel? Hosing Obama Israeli Style, en Counterpunch, 20.I.2009) Pese a que los sionistas gritan que los Qassam han matado en veinte años a una docena de esos que llaman "colonos", vista su peligrosidad, es más razonable suponer que los muertos han sido dos o tres a lo sumo, alguno de ellos por infarto o por caída de cascotes. Evidentemente, los palestinos causarían un mayor daño si los ladrones de sus casas se pusieran a tiro de honda.

3. FRANCOTIRADORES (SNIPERS)

Como avanzábamos en el acápite anterior, si bien no hemos conseguido identificar las armas que indudablemente han experimentado (hardware), sí hemos encontrado la nueva táctica (software) empleada en esta matanza por el Tsahal: el uso masivo de francotiradores. El modo más corriente consistió en ocupar una casa, amontonar a toda la familia para que sirviera de escudo humano y esperar a que alguien se pusiera a tiro. Por lo tanto, no estamos en el escenario relativamente impersonal de una batalla en la que unos soldados drogados hasta las orejas salen en turbión disparando a tontas y a locas (con un resultado calculado en 300 disparos por diana) sino ante el panorama de un trío de individuos drogados de otra manera que ven la niña de los ojos a su próxima víctima (resultado: 1,5 disparos por diana) y que la graban con la cámara de video incorporada al fusil –si es una niña, doble premio-. La diferencia es obvia aunque no lo sea tanto el grado de racismo absoluto y colectivo que presupone el empleo de una táctica así.

Durante otras masacres, los joviales soldados sionistas hacían una muesca en la culata de su fusil cada vez que 'neutralizaban' a un palestino. Cuando el asesinado era un niño, grababan el símbolo Smile –ya saben, el círculo sonriente, don't worry be happy-. Pero en esta matanza ha surgido un problema: buena parte de las culatas son de puro armazón abatible. Entonces, ¿cómo dejar ahora constancia de su puntería? Muy sencillo: incorporando una cámara de video a sus fusiles. Al finalizar su horario laboral, pasan la cinta-prueba a sus oficiales y recogen sus medallas. Problema resuelto.

Pero, aun dentro del racismo absoluto, hay diferencias. No es lo mismo el racismo cibernético del aviador que apunta la bomba contra una pantalla que el racismo del francotirador que apunta contra unos ojos. El primero es un oficinista de clase alta que, una vez terminado su (corto) horario laboral, vuelve a su casa, contempla en la tele los efectos de su acción y los comenta orgullosa y jocosamente con sus niños. El segundo es un paria con galones que disfruta viendo retorcerse a su víctima. El rico es virtual y asesina industrialmente en serie; el pobre es carnal y cree que puede asesinar en serie pero, en la práctica, no pasa de ser un artesano.

De cualquier modo, un racismo que se ceba en los niños planificada y sistemáticamente y con la precisión de un tirador de élite no es el racismo de los regímenes racistas al uso: es el propio de una sociedad que ha dado un paso más allá en las psicopatías colectivas que conocemos por la Historia. ¿Porqué ésta matanza de santos inocentes? Nos lo explica una sionista con un cinismo antológico: "Sólo haremos la paz con los árabes cuando ellos amen a sus niños más de lo que nos odian a nosotros. No podemos perdonarles que nos obliguen a matar a sus niños" (Lala Susskind, presidenta de los judíos berlineses; citada en Europa y Gaza, por Rafael Poch, La Vanguardia, Rebelión, 23.I.09)

[Si alguien duda de los extremos aquí descritos, que vea Z 32, el documental sobre un soldado que mantiene el anonimato bajo ese clave, dirigido por el israelí Avi Mograbi; ya más específicamente, que baje de Internet el documental o­ne Shot (Con una sola bala, año 2004) de Nurit Kedar; en él, los francotiradores israelíes se vanaglorian de sus hazañas y las certifican adjuntando los videos grabados desde su fusil. También en Internet se pueden descargar otras proezas muy detalladas; por ejemplo, cómo el sargento Sholmo Penski mató en el año 2.001 a su primer niño. Fue con un disparo a 200 mts., con viento de 22 kph, usando un fusil Galil con telémetro Bausch&Lomb de 4 a 12 aumentos; todo ello documentado por el propio sargento; ver http://judicial-inc.biz/IDF_Snipers.htm pero, ¡ojo!, recuerde todo aquél que consulte temas delicados en Internet que cualquier dato no sionista puede haber sido manipulado por la brigada de la Hasbará o unidad militar –tratándose de Israel, todo es militar- especializada en la contra-propaganda cibernética]

4. DIARIOS DESDE GAZA

Nada sustituye el valor de los testimonios recogidos in situ. Por eso, concedemos la mayor importancia a las palabras de las víctimas gazatíes –o gazanas- aunque, un tanto paradójicamente y por motivos que mencionamos en otro párrafo, dejamos su testimonio para una ocasión menos perentoria. Por otra parte, prestamos mucha atención a la propaganda sionista puesto que, al estar basada en el efecto espejo, podemos conocer lo acaecido simplemente leyéndola al revés. Por ejemplo, ¿propala que Hamás se escuda en los niños?: pues obviamente la verdad es lo contrario –véase arriba el ejemplo de los francotiradores apostados detrás de rehenes-.

Al parecer, en Gaza sólo había ocho europeos al comenzar la masacre, entre ellos Alberto Arce, un español veterano en la Franja. Su diario puede complementarse con el de Leila El-Haddad "una madre desde Gaza". Leyendo éstos y otros diarios, comprobamos que el Tsahal secuestra indiscriminada y sistemáticamente y utiliza como escudos humanos a los secuestrados, además de emplearles como exploradores en los campos de minas y frente a cualquier eventualidad. No sólo lo ha hecho en Gaza sino que lo perpetra a diario en todas sus fronteras, especialmente en la libanesa -por lo demás, el secuestro aleatorio es una vieja táctica empleada por todos los ejércitos-. Además, si un día un batallón no cosecha el suficiente número de asesinados, los rehenes pasan automáticamente de viandantes a terroristas, se les 'neutraliza' y así se cumple el cupo de terror asignado.

Los diarios también nos enseñan que a un obús suele seguir un segundo proyectil cuyo objetivo es la gente que acuda a salvar a los heridos por el primero. Y que los sionistas atacaron por primera vez a la hora de salida de los colegios. Y que los soldaditos están de farra todo el día pero, como son pacifistas, cuando se aburren de matar, pintan en las paredes de las ruinas "Haz el amor, no la guerra". Y que roban todo lo que encuentran -¿y para qué invadir sino es para matar, saquear y violar?-. Y así sucesivamente. Mejor dejamos la academia militar y nos distraemos con algunas 'anécdotas':

Distrito de Abed Rabbo, es mediodía. Un tanque estaciona frente a una casa. Por medio de un megáfono, conmina a que salgan sus habitantes quienes obedecen con las manos en alto. Dos soldados comen papas fritas. De improviso, un tercer soldado surge de la torreta y sin mediar palabra, apunta a las niñas y dispara 12 balas. Mata en el acto a Amal (2 años) y Suad (7); destroza la columna vertebral de Samer (4) y también hiere a la abuela (60). La familia es obligada a permanecer inmóvil. Dos horas después, les permiten marchar a pie en busca de un hospital inexistente. A los soldados se les habían acabado las papas fritas.

El canal 2 de la TV israelí emite el programa Eretz Nehederet (Un país maravilloso) El presentador retransmite la matanza exactamente como si fuera un partido de fútbol. "Ya van 500 contra 4", resume. Acaba el partido y comienza una final de Eurovisión. Conecta con unos corresponsales ficticios que informan sobre el número de palestinos muertos –de puntos- que otorga cada país. "Alemania da 6.000 puntos".

Atia Samuni es padre de una familia numerosa; el Tsahal llama a su puerta y, cuando abre, le acribillan en silencio; prohíben a la familia que le toquen; su cadáver es recogido 17 días después.

La policía egipcia tortura a toda persona sospechosa de trabajar en los túneles que alimentan a los gazatíes. Algunos egipcios justifican el cierre de la frontera que mantiene el gobierno de Mubarak argumentando que "si dejamos entrar a los fugitivos, los israelíes creerán que pueden expulsar a los palestinos de sus tierras". El Vaticano no lo hubiera expresado con mayor untuosidad.

Y un rayo de razón: cuando se dirigen a los extranjeros –judíos, gringos y británicos incluidos-, la frase más repetida por los gazatíes es: "Somos gente con sueños para nosotros y para nuestros hijos. Somos como ustedes". Repito: "Somos como ustedes" (ver abajo, # Conclusión) Por lo tanto, los palestinos saben perfectamente que los sionistas no les consideran humanos. Saben que, por su condición de pueblo indígena, sufren un genocidio que no es de este siglo sino de tipo seudo-renacentista. Un lento genocidio conceptualmente afín pero más retrógrado que el padecido por aquellos amerindios sobre los que la Iglesia cristiana dudó durante décadas antes de admitir –a regañadientes- que eran algo humanos; poco humanos y por ende susceptibles de exterminio –previo Requerimiento- pero gente al fin y al cabo. Israel ni siquiera llega a la modernidad del siglo XVI.

Por ahora –y a los bombardeos me remito-, los sionistas ni siquiera reconocen a los palestinos esa pizca de humanidad. En el año 2.448, cuando se cumpla el Quinto Centenario de la Hecatombe de 1.948, ¿habrán logrado los sionistas alejarse de su impiedad actual y habrán progresado lo suficiente como para acercarse al antiguo concepto de genocidio reconociendo que los palestinos de la Naqba también eran un poco humanos?

4.1. La instructiva ausencia de canibalismo

La apoteosis racista manifestada por la inaudita crueldad del Tsahal, nos obliga a un esfuerzo extra para analizarla. Así pues, nos aplicamos a olisquear los rincones en busca de cualquier detalle que tenga posibilidades de convertirse en significativo. En esta búsqueda por debajo de las alfombras, hemos tropezado con un dato que a algunos les parecerá extravagante pero que a nosotros nos parece analíticamente promisorio: no se han reportado casos de canibalismo.

[Para nada nos referimos a un canibalismo entre los gazatíes parecido al de los rusos sitiados en Leningrado aunque la carencia de alimentos pueda ser similar. Descontamos por obvia que tal es la meta que se ha propuesto el sionismo; el bloqueo prolongado y absoluto de la Franja apunta indudablemente en ese sentido y suponemos que el plan cuenta con la asesoría de algunos judíos rusos inmigrados en los años 90's, buenos conocedores del caso leningradense]

¿Por qué los soldados sionistas no se han comido a algunos gazatíes? Dada la ferocidad física derrochada en la masacre, la pregunta no es capciosa ni baladí. Ahora bien, conviene aclarar a aquellos que sólo son anti-sionistas -y que, por ende, estarían predispuestos a creer en la perversidad esencial del Tsahal-, que damos este dato por cierto basándonos en que no se han dado casos del estadio previo al canibalismo, a saber, el desmembramiento de la víctima. Por supuesto que el holocausto de Gaza ha sido un descuartizamiento masivo y que ha habido muchos casos de soldados que han desmembrado incluso a niños pero siempre lo han perpetrado por máquina interpuesta -o, al menos, eso queremos creer-. No es ese el desmembramiento pre-canibalístico. El que nos interesa es el acto de destazar con las propias manos y todo indica que el Tsahal no ha llegado (todavía) a ese punto. Y conste que nos estamos refiriendo al canibalismo físico, no a la antropofagia simbólica presente en las hostias eucarísticas comunión –"comed de mi cuerpo, bebed de mi sangre"- o en la venganza de los bóvidos escondida tras la enfermedad de la vacas locas –mítico retorno del Minotauro-.

Se puede argumentar que la ausencia de canibalismo es índice de que los sionistas desprecian tanto a los gazatíes como para no querer contaminarse el tracto digestivo con carne impura, palestina. Continuando con la Vulgata antropológica, considerarían los soldados que no hay ganancia en apropiarse de la fuerza del enemigo vencido, tan exigua es ésta –y, si nos circunscribimos a la inanidad de la fuerza bélica palestina, no les faltaría razón-. Abundando en el manual etnológico, podríamos colegir que el gazatí ha sustituido al cerdo en su papel de animal impuro.

Llegados a este punto, empieza a ser necesario apuntalar las teorías al uso con algún dato etnohistórico. Por ejemplo, sabemos que la tradición judía está plagada de canibalismo; no tienen más que ojear el Antiguo Testamento y se encontrarán con docenas de anécdotas en las que la víctima humana no es condenada a la hoguera sino "pasada por el fuego" –es decir, cocinada, obviamente para ser consumida por el vencedor-. De ese trance no se libraban ni los familiares y si no, que se lo pregunten a Manasés, un reyezuelo de Judá cuya acendrada espiritualidad -"observaba los sueños"- no le impedía "pasar a sus hijos por el fuego" (Paralipómenos, 33: 6)

Ahora bien, en la fase de transición a la modernidad en la que se encuentra Israel, el sionismo sabe que, preferiblemente después que antes, deberá abandonar algunos de los alambicados tabúes gastronómicos que incorporó a su religión –suponiendo provisionalmente que el proceso no fuera el inverso-. En la Europa salchichera la suidofobia le servía para distinguirse pero, en el futuro globalizado, será una incongruencia antieconómica. En consecuencia, el sionismo se están preparando para la transición al cosmopolitismo –huelga añadir, laico- y una de las maneras de comenzarla es diversificando el antiguo tabú transfiriéndolo a los palestinos como primera medida para abandonarlo.

Actualmente, este proceso se encuentra en el estadio de desmembramiento quirúrgico –o sea, con las manos pero enguantadas y empolvadas-. Todavía no ha llegado a la masa bárbara de los soldados en acción. Por hoy, se limita al saqueo de órganos para trasplantes, una macabra costumbre que, según nuestro archivo de prensa española, se hizo pública en 1.997: el 15 de noviembre de ese año, el Tsahal fusiló en Belén al niño de siete años Alí Mohamed Jawarish. Todavía vivo, fue rechazado por tres hospitales pero, una vez muerto, el hospital Hadassah decomisó su cadáver y le vació de "la mayor parte de sus órganos" para trasplantarlos -añadiendo el agravio a la injuria, la familia fue obligada a firmar que la cesión había sido voluntaria-. Posteriormente, los sionistas no se recataron apenas a la hora de hacer publicidad de esta categoría de sus desmanes: en julio 1998, el cuerpo del gazatí Farid Bawadi fue desguazado para revivir a cuatro israelíes; en junio 2001, el farmacéutico Mazen Julani fue asesinado por un colono sionista y sus órganos perduran en cuatro de sus asesinos; en agosto 2003, corrieron igual suerte los restos de Qaher Aoude, de 11 años. Y así sucesivamente.

Otra muestra de que la barbarie sionista ha llegado al extremo de que debemos considerar como un progreso humanitario todo lo que signifique reconocer a los palestinos algunos signos –así sean anatómicos- de algo parecido a la Humanidad, es que los catedráticos sionistas secuestran los cadáveres palestinos para utilizarlos en sus clases universitarias. Incluso cuando los soldados cortan la cabeza de un palestino y la clavan en un palo y se fotografían con ella muertos de risa, lejos de considerarlo un escándalo, a nosotros nos parece un signo esperanzador porque, al menos, agarraron la cabeza con sus manos (todo ello fue publicado no por ningún medio hitleriano sino por el periódico israelí Yediot Aharonoth, ver noviembre del 2004)

Hay otra señal de que el sionismo comienza a dar (sinusoidales) señales de cambio: ya califica a los palestinos como bestias lo cual es un adelanto humanitario pues, en un país más nuclearizado que tecnificado, bien hubiera podido derivar a considerarlos como desecho nuclear –meros agregados de plutonio inservible- antes que como tuercas o grúas –útiles en suma-. En palabras literales de los príncipes sionistas, los palestinos son ahora "bestias de dos patas" (two-legged beasts) lo cual significa que han conseguido otro adelanto -el bipedismo- pues hasta hace poco, concretamente los gazatíes carecían de patas y Gaza era un "nido de serpientes" (meharat nashahim, ahora lo vuelve a ser), aunque después los palestinos comunes progresaran hasta ser equiparados con la artrópoda langosta o plaga de varias patas, "saltamontes cuyas cabezas deben ser aplastadas contra las peñas", en expresión tomada directamente de los Salmos.

El problema radica en que Israel no se decide a progresar en los hechos –i.e., en los bombardeos- por el camino del reconocimiento del bipedismo palestino puesto que todavía pesan en su imaginario las admoniciones del Libro Sagrado. La sacralización del alfabeto hace que sea fácil presa del delirio persecutorio y de la paranoia que le inoculan sus lecturas. Las letras le succionan hacia la Solución Final porque el dichoso Libro es una sistemática incitación al totalitarismo. Por lo que dice de los enemigos en esos Salmos que inspiraron a los príncipes sionistas el símil artropódico, deducimos que los mandos del Tsahal pueden sostener que ellos son inocentes porque la matanza de Gaza ya estaba escrita –más aún, ¿acaso Gaza no es Filistea y los palestinos no son los filistinos?-.

Veamos lo que realmente dicen esos Salmos que algunos toman por seráficas e idílicas pastorellas [hemos suprimido las expresiones abstractas y las repeticiones; hemos seleccionado sólo las veintiséis (26) maldiciones más plásticas y las citamos en orden de lectura]:

Yavé a los enemigos de Israel, "los rompe como vasija de alfarero (Salmos, 2: 9), "rompe los dientes de los impíos" (3:8), "si no se convierten, afila tu espada" (7:13), "arroja, ¡oh, Yavé!, sobre ellos el terror" (9:21), "lloverán sobre los impíos carbones encendidos, fuego y azufre" (11:6), "los dispersaba cual polvo cara al viento, y cual lodo de las plazas los hollaba" (18:43), "los pondrás como en un horno de fuego, los consumirás en tu ira, el fuego los abrasará / borrarás de la tierra su progenie" (21:10-11), "esparcirás los huesos del que te asedia y los cubrirás de ignominia" (53:6), "tú, ¡oh, Dios!, los harás descender a la fosa de la pudrición / hombres sanguinarios y dolosos no llegarán a la mitad de sus días" (55:24), "rómpeles las quijadas / sean como el caracol, que se deslíe caminando / como aborto de mujer que no ve el sol / el justo bañará sus pies en la sangre del impío " (58:9,11), "serán pasto de chacales" (63:11), "que la lengua de tus perros tenga parte en los enemigos" (68:24), "oscurézcanse sus ojos y no vean / asoladas sean sus moradas y no hay quien habite sus tiendas / que sean borrados del libro de la vida" (69:24,26,29), "cómo Yavé obró en Egipto / mudando sus ríos en sangre para que no pudieran beber de sus canales, mandando contra ellos tábanos que los devorasen y ranas que los infestasen, dando sus cosechas al pulgón y los frutos de su fatiga a la langosta, devastando con el granizo sus viñas y sus sicómoros con la piedra, dando al pedrisco sus ganados y al rayo sus rebaños / y abandonó sus vidas a la peste" (78:44-50), "les envió las tinieblas y se hizo oscuro, convirtió en sangre sus aguas y mató a sus peces" (105:28-29), "y las aguas les sumergieron no escapando ni uno solo" (106:11), "sean pocos sus días y otro ocupe su empleo, sean huérfanos sus hijos y su mujer viuda, vaguen errantes sus hijos y mendiguen, sean arrojados de sus casas arruinadas, enrede el acreedor cuanto tiene y róbenle extraños el fruto de su trabajo, no tenga a nadie que le favorezca ni quien tenga compasión de sus huérfanos, sea dada su posteridad al exterminio, bórrese su nombre en una generación" (109:8-13), "vístase con el vestido de la maldición que penetre como agua en sus entrañas y como aceite en sus huesos" (109:18), "juzgará a las gentes llenando la región de cadáveres" (110:6), "tienen boca y no hablan, ojos y no ven, orejas y no oyen, narices y no huelen, sus manos no palpan, no sale de su garganta un murmullo" (115:5-7), "craso está como sebo su corazón" (119:70), "sean como la hierba de los tejados, que se seca antes de granar" (129:6), "y mató a reyes poderosos porque es eterna su piedad" (136:18), "¿cómo no odiar, ¡oh Yavé! a los que odian? Los detesto con odio implacable" (139:21-22), "tus enemigos afilan su lengua como serpientes, tienen bajo sus labios el veneno del áspid" (140:4), ¡oh Yavé!, "toma venganza de las gentes y castiga a los pueblos, para aprisionar con grillos a sus reyes y encadenar con hierros a sus príncipes" (149:7-8)

Y como colofón de este ramillete de delicadas florecillas, hemos desgajado sólo un versículo, aquél que señala que, si alguna queja tienen los de religión judía de sus antepasados, es porque "no exterminaron a los pueblos, como se lo había mandado Yavé" (106:34) ¿Qué se puede esperar de una civilización como la judeo-cristiana que exige y sacraliza el genocidio?

Pero, volviendo al huevo modernizador que anida en el bulbo raquídeo, es de señalar que no es ineluctable pero sí posible que, en el futuro, coincidan los dos procesos –el general de la modernización y el particular del canibalismo-. Cuando el palestino adquiera tanta fuerza como para ser un verdadero peligro bélico, del trasplante se pasará al desmembramiento manual en el campo de batalla y, poco después, al ágape antropofágico. Sólo entonces Israel habrá vuelto a su Tierra Prometida, sólo entonces podrá decir que ha recuperado la gloria de sus antiguos reyes -Manasés el primero-. El sionismo no sólo es una anomalía y un anacronismo sino también algo que discurre por otros negociados: una psicopatía social. Por ello, sus métodos de modernización no son los normales –en este caso, nos conformaríamos con la suspensión de la teocracia, más optimistas no podemos ser-, de manera que Israel será moderno el día que abrace el canibalismo. Cosas veredes y más raras se han visto.

Claro está que la descripción del proceso anterior parte de la base de que, en el más oscuro rincón del bulbo raquídeo sionista, se está incubando el huevo de la modernidad. Como hay estudiosos que albergan serias dudas –y razones no les faltan- sobre la existencia de ese huevo, trataremos de explicarnos:

Israel es el arquetipo de un Occidente cuyo eje de coordenadas gravita sobre la ética bífida y el supremo victimismo. En Israel y en contra de los dictados del imaginario popular, este victimismo no procede del Holocausto sino de bastante más atrás, del siglo XIX, de cuando Occidente devastaba medio mundo pero decía hacerlo a disgusto y sólo para cumplir con el mandato divino de civilizar a los salvajes –la pesada carga del hombre blanco, the Burden of the Whiteman, en expresión de aquella época siniestra-. Por ello, intentar comprender la sociedad sionista tomando como punto de partida la supuesta esquizofrenia de quien –supuestamente- no sabe si es víctima o verdugo, es creer en la piedad del tirano. No se puede empezar con peor pie. No hay tal esquizofrenia porque no hay dicotomía alguna: el sionismo jamás se ha pensado a sí mismo como verdugo.

La sionista es una sociedad que no se decide a resolver su polarización entre dos extremos irreconciliables: la tradición y la modernidad. Si nos limitáramos a esta disyuntiva, el caso no tendría nada de peculiar pues, hoy, tal polarización es un fenómeno casi universal. El problema comienza cuando apreciamos que los dos extremos del espectro también están escindidos en sus respectivos interiores. La tradición nacional sionista, tan voluntarista como cualquier otra, se debate entre lo rural –el culto a la zarza ardiente, hoy transmutado en kibbutz- y lo urbano –idolatría por Jerusalén o hagiografía jerosolimitana hoy sustituido en la práctica por sus bombas nucleares, paradigma de la densidad porque también lo es de la dispersión-. Por su parte, la modernidad sionista no sabe si es cosmopolita –resultado de la diáspora- o étnica –persistencia del Pueblo Elegido-. Huelga añadir que si ya es muy confuso el entorno creado por la indecisión, el problema se complica todavía más cuando los polos de deshilachan en opciones a cual más artificiosa: los kibbutz no existen –sólo son un par de decorados para turistas-, Jerusalén siempre fue un corral de cabras –y más si lo comparamos con las urbes mesopotámicas-, la diáspora judía fue una más entre cientos y en cuanto a lo de "pueblo elegido", todos creen serlo.

En resumen, sólo nos quedan dos hechos como puños: a) el pueblo judío ha existido de varias maneras pero, con gran diferencia, la más real adopta la forma habitual de las minorías expatriadas –que suelen ser lo contrario de apátridas-: una mafia financiera. Claro está que hay alguna diferencia entre las míseras ajorcas de oro que llevan encima los perseguidos –los gitanos, sin ir más lejos- como precaución ante el siempre inminente progrom y la transmutación de los diamantes o de ese metal amarillento en dinero cosmopolita –la ingeniería financiera no es kábala sino la verdadera alquimia-. b) en la actualidad, la riqueza acumulada por la forma plurisecular ha superado la imaginación de los mafiosos financieros por lo que se han visto obligados a invertir los excedentes de la manera más rutinaria imaginable: en lujos. El mantenimiento del niño mimado o 'Estado de Israel' les parece una excelente solución porque obliga a más lujos –por ejemplo, la guerra nuclear- y, sobre todo, porque les suministra el mejor engrudo que se ha descubierto para mantener la cohesión nacional: un enemigo interno –obviamente, los palestinos-.

Por desgracia, nos tememos que el deshilachamiento del imaginario sionista es demasiado grave como para que lo cure un remedio tan repetido como es el recurso al Ogro casero, máxime cuando lo enmarañan hasta lograr que la única salida modernizadora sea que los niños se coman al Ogro.

5. INSIDIAS

Esta carpeta reúne documentos que revelan la manipulación subliminal –o representación torticera de un fragmento de la realidad- que han programado los media. Para hacer el cuento corto, nos centraremos en cómo la orquestó El País, diario español que presume de global. ¡Ojo!, citaremos no la tergiversación –o mentira pura y dura- de las noticias de cada día puesto que la damos por descontada, sino sólo aquellas gacetillas, colaboraciones o reportajes que pueden salir cualquier día pero que, ¡oh casualidad!, fueron pautadas para ser publicadas escalonadamente en fechas clave.

La campaña comenzó a lo grande el 09.I.09 con un artículo a toda página sobre Paul Celan, "el gran poeta judío", y su arranque nos resultó especialmente odioso porque, en efecto, Celan fue un gran poeta. El mensaje que quería transmitir la edición de ese artículo era que los sionistas quizá sean malos pero tienen alguna razón psicológica para permitirse algunos excesos. Celan era "el moribundo enamorado que consiguió escapar de la persecución nazi pero su vida estuvo dañada por la experiencia del genocidio y por el sentimiento de culpa del que ha sobrevivido" (nuestras cursivas). En estos párrafos, la insidia no radica sólo en la palabra 'dañada' –no 'influida' ni 'determinada' que son vocablos más neutros y menos psicologizantes- sino en sugerir que, por su calidad de fugitivo, era plausible que Celan hubiera emigrado a Israel (algo que nunca intentó) y que alguno de sus (imaginarios) nietos fuera hoy aviador o sniper. No olvidemos que se trataba del primer eslabón de la campaña por lo que podemos describirlo como equivalente al bombardeo que "ablanda las defensas del enemigo" –dicho sea con el organicismo al que recurre de tarde en tarde el lenguaje militar-.

Por pura ley del contraste, si la primera andanada ofrecía la mejor cara del pueblo judío, la segunda tenía que dirigirse no directamente contra los gazatíes –hubiera sido "de mal gusto"- sino contra la peor cara de los árabes. Titular: "El gran muftí saudí bendice las bodas de niñas de 10 años" (El País, 15.I.09) Foto: el muftí tocado con la "kefiya palestina" –pañuelo que no es exclusivo de los palestinos- ríe exhibiendo una dentadura sucia y caballuna. Mensaje: los judíos son dulces poetas enamorados mientras que los palestinos –alter ego de los árabes- son feísimos clérigos fundamentalistas y misóginos.

La tercera descarga adoptó el formato de una entrevista con un imán que predica en Madrid. "Los saudíes me pagan, pero me respetan" (ibid, 16.I.09) Conclusión buscada: '¿cómo van a respetar unos sátrapas que abusan de la infancia?, este imán es un hipócrita y un peligro para las niñas madrileñas'. En otras palabras, de lo exótico –Arabia saudí- a lo castizo para demostrar que la plaga fundamentalista se ha colado en nuestra casa.

Si la anterior era local, la siguiente descarga tenía que ser global. Y, en efecto, estaba destinada al populacho planetario: "Amenaza mundial contra Madonna. Un grupo islamista quiere decapitar a la cantante por su apoyo a Israel. "Ella nos insulta con su amor a los judíos", dicen los radicales" (ibid, 19.I.09). Leyendo entre líneas: los moros son una pandilla de terroristas que pululan por todo el planeta y son alienígenas medio marcianos pues no aprecian el arte de una gran cantante famosa en todo el planeta.

Y para redondear la tarta sin aburrir con más ejemplos, un reportaje a todo color en el suplemento dominical sobre el retorno de los judíos a Berlín: "¿Se está superando el pasado a los 70 años?" (ibid, 25.I.09) O, lo que viene a ser lo mismo: olvidemos el pasado antisemita ya que lo han olvidado ¡incluso los alemanes! pero mediante una indemnización a los supervivientes que debe traducirse en apoyo a Israel.

Frente a tanta congruencia dialéctica –de lo global a lo particular, etc-, la nota discordante del integrismo católico. Puesto que El País se vanagloria de laicismo, no quiso perder la ocasión de hacer cosquillas –cosquillitas- al Vaticano: "El Papa reabre la herida judía. La decisión de revocar la excomunión de los obispos lefebvristas distancia aún más a judíos y católicos" (ibid, 26.I.09) Dejando aparte la enésima constatación de que, cuando le pete, el rey absoluto Benito 16º hace de su capa (pluvial) un sayo, con esta medida el Vaticano no hizo otra cosa que seguir su propio ritmo y su tradición popular, esa que se manifiesta en la conocida cantinela infantil "Cuando llueve y hace sol, / sale el arco del Señor. / Cuando llueve y hace frío, / sale el arco de los judíos". Por su parte, El País se las apañó para difundir la imagen de un Vaticano integrista oponiéndola a la modernidad de Israel. Se les puede perdonar porque todavía no habían leído este memorando en el que, esperamos, queda claro que Israel ha conseguido lo que parecía imposible: ser aún más retrógrado que la Santa Sede. De moderno, nada; de antediluviano, todo.

Y dejamos para el acápite #11. Venezuela, otra curiosa insidia. Terminamos esta carpeta pero no sin ofrecer una celada futura. Aviso a los navegantes: en breve aumentará la ola de películas con árabes malencarados, todos ellos terroristas. Así lo han decidido los amos de Hollywood -Eisner, Levin, Levy, Bronfman, Murdoch, Weinstein, todos judíos sionistas-.

6. IMÁGENES

Este es uno de los tópicos en los que más se nota la diferencia entre los media e Internet. La Red es (todavía) imposible de controlar por los magnates de los primeros y, además, es incomparablemente más rica; de ella hemos archivado en un CD una selección de cien imágenes no necesariamente truculentas. En cuanto a los media, se equivocan quienes suponen que los sionistas han obstaculizado en ellos la difusión las imágenes más sanguinolentas -tampoco es que las hayan priorizado-.

No, la censura ha ido por otros derroteros; huelga decir que los media han sido  escandalosamente parciales pues las imágenes que nos han inyectado pretenden adornar la inmensa potencia destructiva de Israel simultaneándola con los sufrimientos de los pobrecitos colonos israelíes –no menos modernos y, por ende, opulentos-. El mensaje no puede ser más obvio: Israel es rico porque, en orden aproximado, es limpio, laico, escaso de población, ordenado, modernísimo, ponderado, democrático… y, last but not least, guerrero. Los moros son sucios, gritones y se les caen las casas porque rezan mucho pero mal. No ha habido imágenes de mezquitas o sinagogas destruidas ergo ésta no ha sido una matanza religiosa –al contrario, han tenido buen cuidado de ofrecernos imágenes de minaretes intactos-.

Pero recordemos lo de “guerrero”. Una vez más, la propaganda sionista ha seguido el mismo rumbo que escogió en 1948: buscar un equilibrio entre la admiración por la ciencia militar sionista… y, sobre todo, provocar el Terror lo cual, traducido a imágenes, significa no esconder la sangre de las víctimas, niños incluidos -según la conveniencia, incluso preponderados-. Así lo constata un párrafo de la carta abierta en la que A. Einstein, H. Arendt y otros sabios judíos protestaban contra el fascismo que se había apoderado de Israel:

“The terrorists [dirigidos por M. Beguin], far from being ashamed of their act, were proud of this massacre, publicized it widely, and invited all the foreign correspondents present in the country to view the heaped corpses and the general havoc at Deir Yassin” (The New York Times, 04.XII.1948; nuestras versalitas)

Es decir, que los máximos dirigentes de Israel, con Beguin a la cabeza –quien, como primer ministro firmaría el acuerdo de Camp David en 1978 y luego obtendría el Nobel de la Paz-, desde el principio se consagraron con fruición no sólo el terrorismo sino también a darle la máxima publicidad a sus matanzas. Por ello, cuando G.W. Bush denominó Shock and Awe (Susto y pavor) a su invasión de Irak, no hizo otra cosa que seguir las enseñanzas de la propaganda sionista.

Por último, si para ejemplificar la manipulación de las imágenes tuviéramos que escoger una sola, es posible que eligiéramos aquella con la que, pequeño detalle, los diarios españoles inauguraron el año 2009. Se trata de una foto firmada por la agencia Reuters –de propiedad sionista, dicho sea de paso-, en la que se aprecia el estallido de una bomba “sobre el norte de la franja de Gaza”. Lo llamativo de esta foto es que la bomba explota en segundo plano sobre un remoto descampado mientras que, en el primer plano, destaca una aglomeración de buenos edificios con sus terrazas atestadas de antenas parabólicas. Y, otro pequeño detalle, a la derecha de la imagen podemos observar un minarete -huelga añadir, intacto-. Lectura rápida inducida: los gazatíes viven en lujosos apartamentos y las bombas caen solas en el vacío; no hay genocidio. Entonces, ¿dónde está el Terror?: pues en otra imagen –de Getty- bastante más pequeña que muestra la aniquilación de todo un barrio. Es lo que se llama poner una vela a dios y otra al diablo. Y todo ello para ilustrar una crónica titulada “La aviación israelí mata a uno de los principales dirigentes de Hamás” (El País, 02.I.09) A lo que deberíamos añadir: pues que puntería más errática ésta de los aviadores sionistas, lo mismo bombardean la nada que atinan a un jeque en mitad de un hacinamiento.

7. SIONISTAS NO ISRAELÍES

Por otro nombre, la gentuza que más detestamos. El equivalente actual a los “verdugos voluntarios” del nazismo con el agravante de que los buenos ciudadanos que ayudaron a Hitler estaban en guerra mientras que éstos de hoy se refocilan ante la televisión de sus mansiones con lo que ellos llaman “guerra”. Sobra decir que esta canalla ocupa la inmensa mayoría de los media tradicionales –periódicos en papel, cine, tv y circuitos de conferencias-. Pero tenemos la suerte de los media cibernéticos son tan numerosos que podemos escoger.

Antes de continuar, una precisión terminológica: no son logorreicos –como algunos han definido a Bernardo Enrique Lévy- sino verborreicos. En el habla coloquial, la diferencia es clara: logorreico sería el que defecara argumentos líquidos, abundantes y malolientes mientras que los verborreicos sólo defecan sonidos o letras que, juntos y juntas, parecen palabras. Verdugos militantes como B-H Lévy sólo cagan palabras en melena así pues mejor los definiríamos como vulgarísimos verborreicos.

Dicho lo cual, comenzaremos con generalidades: Israel tiene buena prensa en Occidente porque aparenta ser occidental así que, en el peor de los casos, son “nuestros hideputas”. Como ejemplo tanto de máxima repercusión mediática como de desprecio por la geografía, pese a ser un ejemplo cabal de despotismo oriental –asiático-, sus equipos juegan en las Copas de Europa. Y ello porque, en un mundo globalizado, las tendencias aldeanas adquieren formas regionales, extensas: Europa sataniza a toda la región islámica –incluyendo de paso continentes como África y Asia-, cuando santifica a Israel. Toda una flagrante exhibición del provincianismo occidental. Pero Occidente no repara en gastos porque Israel es el único que les proporciona un enemigo claro –el pérfido sarraceno- y una estrategia no menos clara para acabar con él sin pagar penitencias –el genocidio lento-. Europa prefiere las lecciones para el futuro que le proporciona el sionismo al deterioro de una imagen que se pretende paradigma del cosmopolitismo pero que, satanizando a medio mundo por estado interpósito, demuestra ostentosamente su cobardía y su verdadero carácter: cominero, tiquismiquis, pueblerino y, como no podía ser menos, eurocéntrico.

Ante un genocidio tan obvio como el de Gaza, esta chusma de intelectuales paniaguados pretende nada menos que racionalizar el crimen. ¿Acaso no saben que introducir la razón en un genocidio sólo sirve al verdugo? Háblenles a las víctimas de razón, háblenles de que el mal es banal y recítenles otros pareados por Navidás. Y lo que es peor, les parece que, en este caso, la Razón –pragmática pura- actúa por grados de aproximación al problema. Por rutina mecánica, de la graduación saltan inmediatamente a la equidistancia -ahora también llamada “ponderación” y mañana, cuando gasten esa pieza de repuesto, cualquier diccionario de sinónimos les ofrecerá otras opciones-. Maldita equidistancia. Y conste que los equidistantes más insufribles ni siquiera reconocen su equidistancia como una herramienta de análisis funcional sino que, incontaminados por los hechos, levitan hasta alcanzar el plano moral; son los que se permiten sustituirla por la piedad pero siguen el infecto precepto de que “en el término medio está la virtud”. El centro, el centro… ¡el centro está vacío! –por definición dinámica-.

“Perro no come perro” pero, aun así, en algunos conflictos, es plausible estar contra las dos partes. En este que hoy nos ocupa, si pudiéramos hablar de una guerra entre Israel y Hamás y ésta última fuera confesional –lo fue pero ya no lo es o, al menos, lo es menos que Israel-, de hecho nosotros estaríamos contra las dos. Pero no hay tal. Incluso aunque Hamás retrocediera a su confesionalidad, la matanza nos seguiría obligando a oponernos –por religiosas- a ambas banderías aunque siempre respetaríamos las proporciones: si Yavé mata a mil, pues nos opondríamos a Israel con mil unidades de fuerza; si Alá mata a dos, pues nos opondríamos a Hamás con dos unidades de fuerza. Guardaríamos, entonces, el debido orden cronológico por lo que jamás podr

 
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