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La Alianza Obrera en la Universidad de Sevilla
El próximo jueves 26 a las 19h, estaremos en un acto sobre el UHP en el Aula VIII de la Facultad de Geografía del Rectorado de la Universidad de Sevilla. El debate sobre Octubre del 34 sigue vivo.
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 23-11-2009 a las 0:24 | 460 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/alianza-obrera-universidad-sevilla
        El próximo jueves 26 a las 19h, estaremos en un acto sobre el UHP en el Aula VIII de la Facultad de Geografía del Rectorado de la Universidad de Sevilla. Hablaremos Ricardo Martin de IZA y yo mismo como miembro de la FAN.

    El debate sobre Octubre del 34 sigue vivo. Está por medio Nuestra Comuna, el “dossier” aparecido en la revista Viento Sur, creo que lo más completo que se ha editado des este punto de mira: el de debate abierto y fraternal.  Se trata de una historia con un nervio que atraviesa todo el movimiento obrero de la época. El UHP estaba en boca de los de abajo, y emergía como una consigan que merecía la victoria. Era una palabra que había agrupado por primera vez a socialistas, anarcosindicalistas, y comunistas diversos. Su objetivo era parar el ascenso fascista al que apuntaba la CEDA, y su objetivo  era la revolución social y democrática. Su divisa podría haber sido la del maestro Machado: nadie es más que nadie.

    No debemos olvidar los grandes trazos de su historia: en 1933, hay un cambio muy importante en la situación, y sobre el que existe una laguna total en los escritos de Trotsky quien, por lo demás, tampoco parece consciente de ello. En este cambio, el papel del BOC, y en menor grado de la ICE, resultan determinantes. De un lado está el ambiente creado por el ascenso de los nazis, que da lugar a una alarma a la que no resultan ajenos los llamamientos de Trotsky sobre la evolución de los acontecimientos en Alemania donde el PC estalinizado considera a la socialdemocracia como el enemigo principal, y donde la socialdemocracia se había atado de pies y mano a la legalidad.

  Las elecciones españolas de noviembre de 1933 dieron la victoria a la derecha: la ley electoral favoreció las amplias coaliciones, y los socialistas, que entraron solos en la competición, perdieron la mitad de sus escaños aun sin perder votos, mientras que los partidos republicanos, sin el sostén de los socialistas se derrumbaron. El ambiente entre los trabajadores era de decepción, y los anarquistas vieron confirmados sus criterios abstencionistas. Esta súbita victoria de las derechas no fue una simple alternancia. Para sus líderes se trataba de una primera etapa restauracionista, detrás de la cual aparecía una ostensible atracción por el fascismo. Calvo Sotelo,  quizás el más representativo de sus líderes, está ligado con las altas finanzas y con el siniestro al cardenal Segura, gozaba además de la confianza de los jefes militares. La derecha (representada por el monárquico golpista Goicoechea), junto con tres generales, firmó un acuerdo secreto con Mussolini en 1934. El “Duce” se comprometía a suministrar capitales y armas para contribuir a la caída de la República. La gota que desbordó el vaso fue el golpe de Estado en Austria de Dollfus, en enero de 1934, donde un golpe de Estado nacional-católico mandó a los infiernos toda la “acumulación de fuerza” lograda por el llamado “austro-marxismo” y por un partido comunista encerrado en la política del llamado ”Tercer Periodo”. .

    En este contexto, al igual que estaba sucediendo en otros partidos socialistas europeos, en el PSOE emerge  un ala izquierda. Su portavoz es un viejo reformista, Largo Caballero, con prestigio de militante autodidacta que combina en gran medida las dos almas del socialismo. Aparece una cierta conciencia de lo que está en juego, el asesoramiento de intelectuales como Luis Araquistáin, embajador español en Berlín, testigo pues del “espectáculo” ofrecido por las disputas entre socialistas y comunistas estalinistas, y se da una voluntad inicial de encauzar una ofensiva unitaria desde el potente movimiento obrero…En sus discursos, Largo Caballero declara que durante los dos años de coalición gubernamental, Azaña y los republicanos habían saboteado todas las tentativas de reformas favorables al pueblo, incluso a través de los altos funcionarios de su propio Ministerio. Según escribirá Nin, sorprende a unos y otros con “un lenguaje puramente comunista, llegando incluso a preconizar la necesidad de la dictadura del proletariado”.

      La Alianza Obrera se gestaría en Barcelona. Estaba  concebido como parte de un movimiento de ámbito estatal que debía ser organizado a escala local, comarcal, provincial, etc. En poco tiempo se desarrolló rápidamente por toda Cataluña, y se extendió inmediatamente a Valencia. En Madrid se constituiría en el mes de mayo a iniciativa de las Juventudes Socialistas; también en Sevilla, Badajoz, Jaén, Almería, Granada, Murcia, Santander, Zamora, Toledo... Aunque no consiguió extenderse a todas las provincias y no consiguió constituirse como un movimiento de ámbito estatal por la negativa del PSOE —el Único partido obrero de implantación estatal- a imprimir esta dinámica a las Alianzas Obreras.  Después de un tenso debate, la CNT, orientada por el sector faísta que no quería ni oír hablar de los socialistas, únicamente participó abiertamente en la Alianza Obrera de Asturias.

      Es más en Cataluña, la boicoteó duramente. Sobre su actuación, escribirá César Lorenzo: “Sus militantes, sus mejores oradores, sus agitadores emprendieron una formidable campaña en favor de la abstención, denunciando sin tregua y sin rodeos la incapacidad y la traición de los partidos burgueses liberales y de los socialistas, su cobardía ante la derecha, su negativa a buscar un remedio definitivo a las plagas tradicionales de España y su ignorancia de las necesidades de la clase obrera. La propaganda libertaria encuentra un creciente eco entre el proletariado y el campesinado, cansados de la ineficacia de la coalición republicano-socialista en el poder”… 

    No olvidemos este detalle: el PCE, todavía inmerso en la dinámica del “tercer periodo las atacará en un principio aunque acabará entrando en octubre de 1934, no sin antes haber tratado de imponer la exclusión de “los trotskistas” que –con todo- todavía eran considerados parte del movimiento obrero. Expresando el entusiasmo de la ICE, Nin escribe sobre el acuerdo obrero: "La trágica experiencia de Italia y Alemania ha infundido a las masas trabajadoras el convencimiento profundo de que sólo la unidad de acción de la clase obrera puede evitarle una hecatombe igual a la que han sufrido sus hermanos de esos dos países. La fundación de la alianza ha venido a demostrar que esta unidad de acción es posible, y con ello, a dar al proletariado la sensación tangible de su propia fuerza. La alarma con que este primer ensayo de frente único ha sido acogido por la burguesía es la prueba más evidente de que el camino elegido es el acertado"

    Bajo la divisa de Unión de Hermanos Proletario (¡UHP¡) que sonará hasta en el último rincón de la piel del toro, la Alianza despierta enormes expectativas en todo el país. Así lo certifica Andreu Nin cuando escribe: “…la noticia de constitución ha tenido una repercusión enorme en toda España. En el Comité ejecutivo la Alianza recibimos diariamente cartas de organizaciones obreras de todos los puntos  del país que nos mandan su adhesión, y nos alientan a perseverar en la obra iniciada”. A pesar de la actitud sectaria de la CNT, el hecho fue que allí dónde se constituyeron con la voluntad de ser útiles a los trabajadores, las Alianzas Obreras se convirtieron en un organismo para la movilización de las masas y para la defensa de las reivindicaciones. Se trataba de una contraofensiva frente al proceso de rearme derechista que se manifiesta cuando a comienzos del mes de octubre de 1934 la CEDA fuerza su entrada en el gobierno presidido por Lerroux.

    Este nuevo gobierno es de la contrarreforma. Se propone destruir de manera sistemática los pocos avances del bienio republicano socialista. La incipiente investigación sobre las responsabilidades de la monarquía fue cerrada por un sobreseimiento, la Iglesia recibió exorbitantes subvenciones al tiempo que los créditos de las escuelas públicas fueron disminuidos; las leyes que concernían a la adjudicación por concurso de trabajos públicos fueron anuladas; la policía amplio sus reclutamientos y se empleó con mayor dureza con los trabajadores; la Falange inicia su escalada contra los diarios y locales socialistas e incluso liberales; las tropas de las Juventudes de la CEDA, congregadas en El Escorial, saludaban a sus jefes a la romana; los militares golpistas con Sanjurjo al frente, fueron amnistiados y pudo seguir conspirando; se entró en abierto conflicto con las autonomías. El gobierno hizo anular una ley de la Generalitat que reducía a la mitad los derechos de los grandes propietarios, etcétera.

    La clase obrera cada vez más organizada, percibió que estaban en juego tanto las libertades como sus iniciales conquistas, y por todo el país creció la voluntad unitaria. Incluso en la ensimismada CNT aparecieron voces autorizadas como la del discípulo de Evelio Boal y Rudolf Rocker, Valeriano Orobón Fernández, quien desde las columnas de La Tierra escribió en febrero de 1934 un vibrante manifiesto a favor de la Alianza Obrera, en el que proclamaba: “La realidad del peligro fascista en España ha planteado seriamente el problema de unificar al proletariado revolucionario para una acción de alcance más amplio y radical que el meramente defensivo. La única salida política actualmente posible se reduce a las solas fórmulas antitéticas de fascismo o revolución social... es indispensable que las fuerzas obreras constituyan un bloque de granito”. Sin embargo, esta posición tropezó con la cerrada oposición de la CNT catalana, y las apasionadas entrevistas que Andreu Nin y Pere Bonet mantuvieron con Joaquín Ascaso, resultaron infructuosas. 

    En Cataluña, la Alianza Obrera tomó posición por la insurrección contra el nuevo gobierno, amenaza directa contra los obreros y los campesinos así como contra la autonomía catalana. Intentó convencer al gobierno de la Generalitat de que tenía que proclamar la República catalana…La clase obrera respondió en su mayoría a pesar de que la CNT catalana, con Ascaso hablando por la radio contra la huelga, consideró que esta no era su lucha ya que estaba enemistada con todos sus componentes, sobre todo con los “trentistas”, los “30 Judas” al decir de un folleto oficial firmado por Ricardo Sanz. El 6 de Octubre, ERC llegó hasta la proclamación de la “independencia del Estado catalán en el marco de la república federal”…En Madrid, la huelga arrancó espontáneamente: las calles estaban llenas de trabajadores dispuestos a tomar las armas y a combatir. Pero los dirigentes socialistas no se decidían: faltaban las armas. Finalmente no hubo más que apasionados movimientos de la muchedumbre, algunos disparos aislados contra las fuerzas del orden, operaciones de comando contra los edificios públicos y los cuarteles, realizadas esencialmente por militantes de las Juventudes. El gobierno pudo respirar al cabo de cuarenta y ocho horas y comenzó a hacer detener a dirigentes y militantes. La huelga prosiguió hasta el  día 12, testimonio de una voluntad de combate que no se pudo traducir en actos. La Alianza Obrera de Madrid, simple órgano de unión, pero depende del Partido Socialista madrileño, no fue el esperado órgano de frente único y de combate revolucionario. A Largo Caballero lo detienen con el batín puesto.

    Pero no sería lo mismo en Asturias. Allí la CNT, con José María Martínez, entró en la Alianza Obrera, que reunió igualmente en el último minuto al Partido Comunista, y que lanzó la célebre consigna extraída del Manifiesto comunista de “UHP” (Uníos Hermanos Proletarios). Tanto el Bloque Obrero y Campesino de Maurín, como la ICE, de Andreu Nin, a pesar de su carácter minoritario, tuvieron un papel reconocido en los hechos. Durante dos semanas, Asturias vivió una experiencia de democracia obrera bajo un orden revolucionario muy organizado. Las noticias sobre el fracaso en Barcelona y en Madrid, no fueron obstáculos para mantener la voluntad de  los trabajadores. Se dijo que desde la “Comunne” de París no se había visto nada igual. Pero, convencido que en el resto de Estado, el orden estaba controlado, el gobierno empleó todos sus medios a su alcance, y bajo los consejos de los generales Goded y Franco, confió al general López Ochoa el encargo de la reconquista, con las tropas más escogidas, los marroquíes y la Legión extranjera…Lo que siguió fue terrible. Más de 3.000 trabajadores muertos, 7.000 heridos, más de 40.000 encarcelados, la tortura se puso al orden del día.  Un tal sargento Vázquez, que se puso de parte de los insurrectos, fue fusilado. Al igual que había sucedido en Casas Viejas, las fuerzas del orden demostraron sobradamente hasta donde eran capaces de llegar.

      Formidable fueron las palabras de Belarmino Tomás, líder obrero, el 18 de Octubre, desde el balcón del Ayuntamiento de Langreo, lanzó estas palabras, claras como un rayo en cielo encapotado, hacia el futuro: "No es de cobardes deponer las armas cuando claramente se ve que es segura la derrota, derrota que no puede considerarse tal si pensamos en la potencialidad de nuestro enemigo así como en los medios y las armas que éste ha tenido que emplear para combatirnos. Nadie, absolutamente nadie, podrá borrar de la Historia lo que significa nuestra insurrección. Reflexionad pues, camaradas, y comprenderéis nuestros racionamientos. La lucha entre el capital y el trabajo no ha terminado ni podrá terminar en tanto que los obreros y campesinos no sean dueños absolutos del Poder".

    Lo dicho, la represión fue atroz, pero no fue obstáculo para que el historiador norteamericano Stanley Payne (tan cercano al “revisionismo”) llegara a escribir en su libro La revolución española (p. 164): “La represión, inmediatamente después del fracaso de la revolución, promovió una enorme campaña de propaganda izquierdista que exageró el alcance de de la represión e inflamó los ánimos”. Dado que este señor justificó lo del Vietnam, esta opinión puede parecer incluso moderada. En la misma línea se expresará Edward Malefakis, quien escribe en su Estudios sobre la República y la guerra civil (p. 58): “…La represión de la revuelta no fue desproporcionada a la gravedad de los hechos”.

  Este acontecimiento ha sido sentado en el banquillo de la historia por el neofranquismo-neoliberal escrita al servicio de la llamada “España nacional”, y como una alternativa a aquellas historias “de la Cruzada” como la que escribió don Manuel Aznar, un viejo liberal que fue una de las plumas del diario liberal “El Sol”. Les administran una nueva “historia sagrada” en la que el malo sigue siendo el pueblo militante. Claro que también habrá que hablar de un “revisionismo de izquierdas” que trata de adecuar la historia de la República y la guerra civil a la historia “superadora” de la Transición. Para ello han de convertir al movimiento obrero de entonces en un protagonista subalterno, otorgándole un papel similar a que lastimosamente, juegan hoy los Toxo, Méndez, Coscubiella, Álvarez, Górriz.

  Tanto por su propia grandeza –la clase obrera dice basta aunque sus organizaciones mayoritarias no estuvieron a la altura-, y por su enorme significado. La efeméride ha adquirido una importancia de primera magnitud por la cual historiadores, divulgadores y activistas culturales, tenemos que empezar de nuevo a luchar por colocar el movimiento obrero en el centro el escenario y sacarlo de las habitaciones donde habitan el servicio y el olvido.

      El día siguiente tengo prevista una conferencia en mi pueblo, La Puebla de Cazada gracias a los amigos del Sindicato de Trabajadores para hablar de “La Puebla: tan cerca, tan lejos”…Una buena jornada.

 
 
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