Este trabajo fue inicialmente un boceto para el prólogo de la edición prevista de Libertarios, libertarias. Un diccionario, que después de pasar por diversas editoriales (Libertarias, Anthropos y Hacer), se quedó en el cajón de sastre, para ser finalmente “colgado” en la Web de L´Espai Marx, y me consta que en algunos sitios más. En una segunda entrega espero detallar más algunos aspectos.
                            En una redacción inicial, este tomo formaba parte de un proyecto mucho más amplio que comprendía todas las escuelas del socialismo, incluyendo en cada caso diversas personalidades inclasificables pero inexcusables de la historia social, añadidas por áreas de mayor proximidad, lo que en este volumen podía ilustrarse con ejemplos como los de Georg Nicolai, León Tolstoy, Gonzalo de Reparaz, Carlos Mª Rama, Vargas Vila, etcétera.
                            En la primera entrega se abordaba un amplio listado de los precursores que, de hecho, fue el único en llegar a las librerías, y que, ahora,  revisado y ampliado, acaba de preceder la edición (el primero fue en Hacer, Barcelona, 1983) de este volumen con un nuevo título: Precursores/as del socialismo desde la Antigüedad hasta la Primera Internacional. Un diccionario. En el que se incluyen también algunos de los precursores de la tradición libertaria como Godwin, Stirner o Proudhom, e incluso a Bakunin, quien como Marx, ya que su última gran "batalla" tuvo como horizonte dicha Internacional.  En la redacción actual, se trata de establecer cierta autonomía para cada escuela, de momento estamos fraguando un tercero que abarcaría el área socialdemócrata en el sentido más estricto (es decir, practicante), en tanto que los otros, centrados en el vasto campo del "comunismo", seguramente requerirá, tanto por su amplitud como por sus contrastes, un tratamiento mucho más diversificado…
                              Digo "un" diccionario, porque es uno entre otros posibles, con fichas que podrían ser obviamente ampliadas, y también reducidas, depende.
                                Es uno que agrupa un amplio espectro de personajes que forman parte de una historia libertaria entendida en un sentido amplio. Son representativos de diferentes generaciones,  de países y sensibilidades muy diversas, todo bajo los criterios de la mayor pluralidad. La lista  incluye a anarcoindividualistas de raíz stirneriana, colectivistas a la manera de Bakunin, anarcomunistas de la de Kropotkin, voluntaristas a la de Malatesta, anarcosindicalistas de la línea de Pelloutier a Peiró, sindicalistas revolucionarios que tuvieron (aún reclamándose del marxismo o del socialismo de la IIª Internacional) en  la  primera CGT francesa o a la IWW norteamericana de marco organizativo o de referente fundamental, cristianos y pacifistas de raigambre tolstonyana, los controvertidos y trágicos partidarios de la "propaganda por el hecho", feministas opuestas al sufragismo, etc; incluso escritores o historiadores de filiación más que dudosa pero ciertamente influyente en el medio ácrata, como pueden ser el caso de Vargas Vila, tan apreciado en los medios obreros ilustrados. En síntesis, son las que suelen tener mayor presencia en las diversas aproximaciones históricas.
                                  Esta pluralidad resulta también al calor de los sucesivos grandes acontecimientos, a los que las personas y los movimientos que se cuestionaban radicalmente el principio de autoridad, debatieron en base a respuestas diferentes. Inmersos en grandes abismales, registraron posiciones diferenciadas a la hora de definirse, personal o colectivamente, por ejemplo en relación a la opción anarcocomunista o la colectivista o la individualista, a los sindicatos de industria o a los grupos afines, al qué hacer delante de los partidos de filiación marxista o de izquierdas, a la Iª Guerra Mundial, a la revolución rusa de Octubre o a la Internacional Comunista,  en relación al auge del fascismo (el frente único o el "nosotros solos"), al boicot o no a las elecciones españolas de febrero de 1936, participar o no en el gobierno republicano, o en cuanto a los demás partidos y organizaciones del antifranquismo, a las barricadas juveniles o a las ideas de la autogestión obrera clásica en el mayo del 68,  por no hablar de la crisis que separó a  CGT de la CNT.
                                      Igualmente, constan percepciones muy diferentes ante cuestiones tan determinantes como la violencia justiciera, o en relación al parlamento y el partido, un tema que atraviesa la historia libertaria hispana desde Fanelli --que era diputado, y que pudo venir a España gracias a ello- hasta Pestaña y Horacio Prieto; la cuestión de la religión y del ateísmo, entre la Alianza que lo establece como un principio y la tradición alimentada por Tolstoy, incluso actualmente cabría preguntarse sobre la desconfianza radical contra el estado cuando el mal llamado "anarquismo de derechas" trata de desmantelar lo público (de las conquistas del "Estado del Bienestar"), cuando el neoliberalismo está tratando de "adelgazar" el Estado en nombre de una "libertad negativa", muy diferente (sino opuesta) a la que Isaías Berlín atribuyó al anarquismo. Dichas diferencias dieron pie a veces a enfrentamientos que no siempre fueron subsanados por los debates en un marco de pluralidad. Tampoco faltan agrios enfrentamientos personales. Sin embargo, es justo considerar que, al menos en sus mejores expresiones, la corriente libertaria asumió la pluralidad como un valor añadido en oposición a las tentativas de uniformidad socialdemócratas (y no digamos estalinistas), aunque no faltaron expresiones intolerantes como las que expresó un sector de la FAI contra el trentismo.
                                        Esta extensa pluralidad "natural", contradice cualquier creencia sobre  la existencia una "línea general ideológica"  homogénea en un movimiento que, por principio, tendría que tender al rechazo del "patriotismo" como corriente, de las ortodoxias y de las autoridades establecidas, del "sentarse" en los "principios inalterables" como una garantía frente a las complejidades de la realidad, y la necesidad del debate en función de las actividades y proyectos a realizar.
                                      Este trabajo abarca una extensa  época que se extiende desde el tiempo que sigue a la Alianza y la Primera Internacional hasta el presente más inmediato, llegando hasta el mayo del 68 ---Cohn Bendit--, o lo es ahora el movimiento contra la globalización neoliberal --Chomsky, Zarzas--, y dando algunos pasos sobre algunos escritores y/o divulgadores recientes, lo que es plenamente acordes con la intencionalidad bibliográfica del proyecto. Esto se justifica a mi entender por la importancia bibliográfica de estos, no obstante, he tratado de atender lo más extensamente posible a los "cuadros" militantes obreros así como a las mujeres (o los artistas), tratando de establecer un cuadro lo más completo posible. La selección ha venido determinada por los nombres que ocupan el "escenario" de la historia en su sentido más general, así por ejemplo, creo que aunque la relevancia militante de Puig Antich no es equiparable a la de cualquier militante veterano, su sacrificio adquirió un carácter simbólico incuestionable. Solamente en unos pocos casos me he permitido descender hasta la dimensión local. Un trabajo que incluyera esta dimensión sobrepasaría en mucho las modestas proporciones de este proyecto, obviamente mucho más elemental 
                                      Como es sabido, en su  desarrollo histórico, la corriente libertaria conoció una desigual implantación, evidentemente minoritaria en relación a socialistas y comunistas, pero resultó indudablemente importante en Europa, en la Francia e Italia de finales del siglo XIX y principios del XX, lo mismo que en la América del Sur (Argentina sobre todo) y del Norte, donde contó con una tradición propia. La existencia pues, de una "jerarquía" en el número de personas representadas por países se justifica por la equivalente existencia de una "jerarquía" similar en la documentación; desconozco la existencia de documentación sobre la presencia libertaria en África o Australia, y los registrados de Japón y China resultan deudores de monografías sobre estos países aparecidas en castellano. Esto explica el hecho de que un simple vistazo al índice permita creer que este es diccionario quizás demasiado  hispanocentrista.
                                      Esta predominancia no se justifica únicamente por la obvia proximidad de las personas y los acontecimientos, sino ante todo por el extraordinario peso del anarquismo hispano en el internacional, especialmente en el sudamericano y el italiano. Se puede decir que la España fue el segundo país de todos los demás movimientos, a veces de una manera directa, por ejemplo por la amplísima participación extranjera en la CNT-FAI durante la guerra civil española, a veces de una manera indirecta --como es notorio por ejemplo en el caso de Chomsky--, o sea por el carácter de modelo (aunque fuese para criticar parcialmente como harían Goldman, Berneri, Richards, y otros).  En ningún otro país el proyecto libertario alcanzó tanta trascendencia, por lo menos después de la Iª Guerra Mundial y la revolución rusa, entre otras cosas porque esta época marca el inicio del declive de la influencia anarquista donde antes había gozado de una importancia influencia como sucedió en Portugal (donde la CGT casi "se suicidó" preconizando el "neutralismo proletario" en la crisis que acabaría dando el poder a Salazar)  Francia (donde la mayoría de la CGT se apuntó a la guerra), en la crisis Italia de los años veinte  (cuando Mussolini "liquidó" un movimiento reacio a la organización), Argentina (fruto en no poca medida por la fuerza de las contradicciones internas en la FORA), y en Rusia, claro está, cuando el "aparato" del Estado creado por los bolcheviques acabó aplicando los métodos de la guerra civil hasta con las demás corrientes revolucionarias, provocando una ruptura en la extrema izquierda que el estalinismo por un lado, y las disensiones internas en el exilio anarquista por otro, acabarían por agotar. 
                                        Hasta entonces, las diferencias entre marxistas y anarquistas era una suma de desencuentros pero también de encuentros, luego todo resultó mucho más difícil. A la actuación represiva del Estado soviético se le añadió la voluntad hegemonista de los partidos comunistas, y para colmo, la extensión de los métodos estalinistas al exterior, en la zona republicana española, con lo cual las diferencias alcanzaron los caracteres de una ruptura radical. Sin embargo, aún y así siguieron existiendo corrientes que siguieron apostando por una posible convergencia, en particular las liderada por Pierre Monatte que, entre otras cosas, durante la guerra civil española apoyó por igual a la CNT-FAI que al POUM, y cuya importancia militante, e historiográfica (Dommaguet, Maitron y Guerin), está fuera de toda duda, aunque, puestos a matizar, igual podrían haber sido incluidos en un diccionario marxista herético, lo que demuestra, por sí hacía falta, que las fronteras son mucho más franqueables de lo que los reduccionistas de un lado u otro quieren creer.
                                      Es más,  creo que este carácter fronterizo  puede considerarse como un rasgo entre la gente libertaria. Por lo general, las fichas aquí expuestas registran una vida, y con ello una evolución. Los casos como los de mi "padre político", Francecs Pedra, que nació en el seno de una familia libertaria, y que murió como libertario, son pocos. Pero incluso con semejante linaje, las fronteras también aparecen. Pedra tenía varias almas. Admiraba a los "hombres de acción" como Durruti o Sabater, pero en su fuero interno su modelo era el de Joan Peiró, aunque también tuvo un gran aprecio por algunas de las actitudes de Tolstoy. Durante la guerra del Vietnam por ejemplo hizo notar las convergencias de Bertrand Russell con el movimiento libertario, y su admiración por las declaraciones del pacifista inglés, y en sus actividades personales llegó a tener la más alta consideración por personas de otras ideas, incluyendo entre los creyentes. Su rechazo al "comunismo" no le impidió ser muy respetuoso, no solamente con los "compañeros" del POUM, sino también con los "del partido que se jugaban la vida y la libertad por lo que ellos creían"; al final de su vida colaboró --aunque fuese muy a regañadientes--con el PSC-PSOE. Internacionalista convencido, reaccionaba furibundamente cuando alguna mostraba algún menosprecio por Cataluña.
                              Era pues como tantos otros, una persona concreta marcada por numerosas influencias y experiencias, e inmersa en una realidad que no se parecía en nada a la que había soñado. Por lo tanto tenía que valerse con lo que tenía, sin una organización ya que lo quedaba de ésta eran los restos del mayor naufragio que el movimiento hubiera sufrido en toda su historia.