Delhi. 13 de Agosto 2008 - Rafa Demencia y Miguel Álvarez.  
El próximo día 16, a 3.800 metros de altitud, el templo de Amarnath, donde se cuenta que Shiva reveló el secreto de la inmortalidad a su esposa Parvati, recibirá a miles de fieles hindúes llegados de todas partes de la India. Cada año son más los que acuden a una fiesta religiosa que va tomando tintes de reivindicación sobre la pertenencia de Cachemira a la India. Ha sido este número de peregrinos en constante movimiento el que motivó que el pasado 3 de junio el gobierno local decidiera ampliar los terrenos del templo para poder acogerlos a todos. Esta ampliación debía de hacerse sobre 40 hectáreas de terreno forestal, cedidos por el gobierno local a al organismo encargado de la peregrinación al santuario hindú de Amarnath, lo que enfureció a la comunidad musulmana, mayoritaria en el estado de Jamuu y Cachemira. Su organización social-religiosa más importante, Hurrayat, encabezó las movilizaciones contra una ampliación que entienden como una demostración de fuerza del gobierno central indio ante independentistas cachemires y la comunidad musulmana. La dimisión de Ghulam Nabi Azad, gobernador del estado, hizo que el control de éste pasara directamente a depender del gobierno central, lo que no hizo más que agravar aún más la situación.
Toque de queda
Cuando el primero de julio se revoca la citada ampliación del templo, es la comunidad hindú la que monta en cólera. El BJP (Bahratiya Janata Party), partido conservador y expresión política nacional de los intereses hinduistas, decide pasar a la acción bloqueando la principal autopista que une el estado con el resto de India. Jammu y Cachemira depende económicamente de la ganadería y los cultivos de arroz, trigo y maíz. Su comunicación con el sur es vital para su supervivencia. Así, el pasado 11 de agosto, manifestantes musulmanes convocados para Hurriyat, el Partido Popular Democrático (PDP) y los comerciantes de la región se dirigieron a la frontera con Pakistán en protesta contra el citado bloqueo. La policía india intervino disparando contra los manifestantes provocando seis muertos. Entre los abatidos por las balas de las fuerzas del orden indias estaba Sheikh Abdul Aziz, una de las más visibles cabezas de Hurriyat. La reacción de la comunidad musulmana en Cachemira no se hizo esperar en ambos lados de la frontera. Manifestaciones, enfrentamientos, saqueo y destrucción de casas y comercios de hindúes, a los que éstos respondieron en los mismos términos. El primer ministro indio decretaba el toque de queda en el estado noroccidental que fue desafiado por la comunidad musulmana. Las fuerzas de seguridad indias se emplearon a fondo y los disturbios dejaron un rastro de 12 muertos y 70 heridos en diferentes poblaciones del estado.
60 años de conflicto
Cachemira, con una población de algo más de 10.000.000 de personas, se encuentra dividida entre los estados de Pakistán (Cachemira Azaz), China e India (Jammu y Cachemira). El conflicto comenzó en 1947, tras la independencia del Imperio Británico cuando el maharajá de Cachemira, Hari Singh, un soberano hindú en un Estado con un 80% de población musulmana, decidió la incorporación de su territorio a la India para impedir el triunfo de la guerrilla, favorable a Pakistán. Esto contradecía los términos de la independencia india, en los que se especificaba que los territorios de mayoría musulmana pasarían a Pakistán. Desde entonces, tanto Pakistán como la ONU han exigido en varias ocasiones un referéndum sobre el estatuto de Cachemira que nunca se ha celebrado.
En las calles de Delhi, como en la mayoría de India, conviven musulmanes, hindúes, budistas, cristianos y muchas más creencias. Paseando esta mañana por el centro de la ciudad, era difícil sacar a la gente de la prudencia, de los recelos a quién pudiera estar escuchando y de algo más que una esperanza de pronta recuperación de la paz en la región. El pasado día 13 comenzaba una huelga convocada por el BJP a nivel nacional y cuyo algo nivel de seguimiento pudimos comprobar: la inmensa mayoría de las tiendas de Delhi permanecieron cerradas hasta bien entrada la tarde. Las banderas azafrán, color del BJP, tomaron la céntrica Connaugh Place para hacer visible su solidaridad con la comunidad hinduista cachemir, su compromiso con la unidad nacional y su descontento con la política del actual Primer Ministro Manmohan Singh.
Neoliberalismo y desigualdad. 
Con las elecciones del próximo noviembre en el horizonte más cercano, el Partido del Congreso (INC)   –una coalición de fuerzas políticas de unidad nacional,   hegemónica desde hace más de 50 años- se enfrenta a la debilidad de su alianza con las fuerzas políticas de la izquierda moderada, las críticas de la sociedad contra el apoyo americano al programa nuclear y la amenaza del creciente poder del nacional conservador BJP. El fulgurante desarrollo económico indio en los últimos años no se ha hecho visible para la gran mayoría de la población. Más bien al contrario, las diferencias sociales se han agigantado y no existe por parte del actual gabinete ninguna intención de implementar políticas para corregirlas que contradigan las máximas neoliberales que, desde dentro y desde fuera, dirigen el destino de la actual India.