Alejo Carpentier
      Lo cierto fue que, en un antaño cercano, se leía a los grandes escritores en castellano, y en aquel entonces procedentes de la región de Cuba hubo dos grandes prosistas, el grande Lezama Lima, y Alejo Carpentier en su altura magnifica, y aunque me parece, no voy a mirarlo, que no he escrito aún una alabanza debida de Lezama Lima y su Paradiso novela ingente, admirable, clara luminaria de la lengua, hoy quiero poner en papel mi admiración por Alejo Carpentier, cuya novela El recurso del método fue una de las primeras novelas que adquirí para mi biblioteca, en un tiempo en el cual se la comparaba con El otoño del patriarca de García Marquéz y con El señor presidente de Miguel Angel Asturias, trío de novelas sobre los dictadores de América que son cada una mejor que la otra, según la que leamos.
Sin embargo tardé más de la cuenta en leer otra gran novela de Alejo Carpentier, La consagración de la primavera, la última del autor, que casi a su comienzo da entrada a estos versos: "¿Adónde te escondiste,/ amado, y me dejaste con gemido?", fanal primero de la poesía integrada en esta obra, una novela hecha entre París y España, con Cuba al fondo, ya que es sabido que las raíces son irrenunciables, la música ante todo.
Alejo Carpentier había escrito sobre música un libro La música en Cuba y terminó con Igor Stravinsky y su La consagración de la primavera, un ballet de preguerras, convertido en un ballet de palabras que evoca su entrada en la madurez, al mismo tiempo que los lugares donde esa madurez se hizo efectiva. Entre Francia y la España desgarrada de la guerra civil.
La consagración de la primavera puede considerarse una novela de iniciación a la vida, pero se trata de una entrada a la vida consciente, encarnada en la lucha de los pueblos, de hecho la cita del Fausto de Goethe que encabeza el último capítulo lo confirma, ya que dice: "Sólo merece la libertad y la vida / Aquel que cada día debe conquistarlas". Lo que posiblemente hoy, otra vez hoy, disuene. Atreverse es impropio de la época.