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África en el corazón: El cine y la tribu bóer

Los bóers, una "tribu" que había sido expulsada de Holanda por los ocupantes españoles y que acabó instalada en Sudáfrica, acabaron imponiendo la parte más oscuras de sus creencias bíblicas, las mismas por el que se erigían en pueblo elegido para lo cual llegaron a montar el apartheid
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 28-11-2007 | 1238 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/africa-corazon-cine-tribu-boer
Los bóers, una "tribu" que había sido expulsada de Holanda por los ocupantes españoles y que acabó instalada en Sudáfrica, acabaron imponiendo la parte más oscuras de sus creencias bíblicas, las mismas por el que se erigían en pueblo elegido para lo cual llegaron a montar el apartheid, un sistema creado para salvaguardar sus privilegios frente a los africanos, o sea para los nativos que serían tratados como extranjeros y casi como esclavos. Hasta Hollywood los trató como civilizadores.

A lo largo de las tensas controversias que acompañaron la aplicación del sistema del apartheid, sobre todo a partir de los años ochenta, cuando la polémica irrumpió en la prensa internacional, sus partidarios o amigos "liberales" (que no fueron pocos; de hecho, toda la derecha neoconservadora y democristiana, y muy especialmente el sionismo), llegó a ser muy socorrido el argumento de que, al fin de cuentas, la conquista blanca de Sudáfrica vino a ser una odisea bastante parecida a la conquista del Oeste, y a esto se añadía cínicamente el certificado de que dicha conquista significó el practico exterminio de los nativos norteamericanos; de hecho, las reservas fueron como los "bantunstanes": Un argumento atroz, primero porque, por supuesto, un horror no puede servir para justificar otro, pero también, porque, a pesar de todo, los nativos siguieron siendo la gran mayoría en Sudáfrica, además las medidas del "apartheid" no correspondían a las medidas colonizadoras sino que se insertaban en un compromiso histórico anglo-bóers, y en una época de expansión capitalista industrial, moderna.

No obstante, la similitud histórica pareció pertinente durante mucho tiempo, y no faltaron tentativas de sacar partido a la "gesta" de los colonizadores, aunque la verdad es que no fueron muchas. De hecho, el cine comercial de Hollywood apenas si cuenta con unos pocos títulos, desde luego muchísimos menos de los realizados a la mayor gloria de la colonización de la India y la resistencia de los hindúes "fanáticos". Concretamente, la filmografía reconocible dejamos para otro apartado el capítulo de la guerra de los zulúes contra los británicos, la filmografía relacionada con la historia sudafricana se reduce básicamente a dos capítulos, el relacionado con la «gran hazaña nacional» de los bóers, el «Greak Trek» (1830-1941), y el de la guerra anglobóers que tuvo el dudoso mérito de ser la primera del siglo XX. Caravana hacia el Sur (Umtamed, USA, 1955), una producción de la Twentyck Century Fox en un espectacular technicolor y CinemaScope --éste birlado en el pase televisivo de Tele 5-, obra de un clásico «todo terreno», Henry King, que contó con un reparto encabezado por dos de sus actores favoritos, Tyrone Power y Susan Hayward, secundados por Richard Egan, John Justin, Rita Moreno y Agnes Morehead.

Esta ambiciosa película de aventuras en la que los zulúes juegan el papel de los comanches o sioux de tantos «westerns»--servidor la tenía por tal en sus recuerdos de cartelera--, es un abierto canto a la «gran hazaña nacional» de los bóers, el «Greak Trek» (1836-1844), una «larga marcha» que emprendieron justamente para poder implantar sus criterios esclavistas parcialmente cuestionado por los británicos sin cortapisas en el «Estado Libre de Orange», y por si existe alguna duda, el protagonista se llama Van Riebeck, igual que el «padre» fundador, el líder de la colonia calvinista holandesa creada en 1652. Basada en una de esas novelas río de Helga Moray en la que, según parece, hay de todo, menos un atisbo de conciencia sobre la situación de los "kafirs". En Caravana hacia el Sur, una granjera irlandesa instalada en Sudáfrica «ha aprendido» tanto que les trueca a los nativos algunas pertenencias suyas (ropas usadas, objetos cotidianos...por..!pepitas de oro!. Encima tacha de estafador a uno de ellos porque pide algo más a cambio de su mercancía, un gran diamante.
En Umtamed se cuenta sintéticamente la historia del encuentro y el desencuentro entre una pelirroja irlandesa que tiene que emigrar a Sudáfrica, Kate O'Neill (Susan Hayward) y un bóers que resulta ser el líder de uno de los «comandos» que abren el camino de la «caravana hacia el sur», hacia un lugar donde los nativos carezcan absolutamente de derechos. La película no se detiene en ningún episodio central, transcurre como un sume de acontecimientos que en ningún momento logran interesar. La importancia de otros personajes como el holandés rival de Van Riebeck en el corazón de la orgullosa irlandesa (Richard Egan), como del primer marido de ésta (John Justin), o los tópicos devaneos de la mestiza (Rita Moreno), queda totalmente diluida en un montaje que sin duda abusó de las tijeras. Hecha con tanta desgana como desconocimiento de causa, la película adolece además de un mediocre guión (escrito por Talbot Jannings, Michael Blankford y Frank Fenton), Se trata presumiblemente la peor película de Henry King. Fue el mayor regalo que Hollywood hizo al régimen del apartheid sin encontrarse con ningún tipo de oposición o crítica, y posiblemente, desde este punto de vista, satisfizo a las autoridades bóers sedientas de apoyos propagandísticos, un objetivo claramente asumido por el en otras ocasiones humanista Henry King que no olvidó un detalle de buena conciencia: es gracias a la intervención de un nativo leal que Van Riebeck puede salvar su piel poco antes de que aparezca el «The end». La película fue un fracaso en la taquilla, al menos fuera de Sudáfrica.

(En cuanto a la desconocida The Fiercet Heart (USA, 1961) fue la otra aportación de Hollywood al «poder blanco». Realizada del destajista y raramente inspirado George Sherman entre un "western" con Audie Murphy y un musical con Maurice Chevalier, fue interpretada por Stuart Whitman, Juliet Prowse, los veteranos Raymond Massey Geraldine Fitzgerald, y Eduard Franz. Cuenta las aventuras de unos desertores del ejército británico estacionado en Ciudad del Cabo en 1880 que acaban integrándose a una caravana bóers después de superar sus diferencias y sobrevivir heroicamente al asedio de los zulúes, y obviamente, integrarse en la "causa blanca". Aquí no se vio, y parece que, como ocurrió con tantas otras películas del mediocre Sherman, se limitó a cumplir su objetivo de crear una película de aventuras entretenida y barata).

Es una auténtica lástima que el "biopic" que la Gaumont dedicó a Cecil Rhodes, Rhodes of Africa (1936), que en España fue certeramente titulada Rhodes, el conquistador, resulte un film invisible, sobre el que apenas existen noticias. Sin embargo, se trataba de un proyecto ambicioso, parte del cual fue rodado en los escenarios naturales de Sudáfrica, obviamente con todos los plácemes gubernamentales, en tanto que los interiores se rodaron en Gran Bretaña. El papel de Rhodes lo encarnó Walter Huston, mientras que Oscar Homalka fue Krüger. La realización corrió a cargo del guionista y cineasta norteamericano de origen austriaco, Berthold Viertel (Viena, 1885-1953), padre del célebre guionista de La Reina de África, Pter Viertel, recientemente fallecido.

Entre los méritos de Berthold constan colaboraciones con Marnau (Los cuatro diablos) y Vidor (El pan nuestro de cada día), también destacó en el cine mudo en Europa, por lo que fue fichado por Hollywood, aunque su filmografía carece de reconocimiento, y este Rhodes se cita sin más. No es mucho suponer que se trataba de una hagiografía en la que el papel de los "malos" estaría exclusivamente a cargo de las hostiles tribus negras asediando las caravanas y las expediciones civilizadoras, como es posible ver perfectamente en los fragmentos reproducidos en algunos documentales sobre el "apartheid" en los que se cita la película como fuente.

Existe también otro "biopic" de descarada apología colonialista, esta vez referido a El presidente Krüger (Ohm Kröger», Alemania, 1941), que aborda con un enfoque todavía más delirante la época de la guerra anglobóers, que fue seguida por el nacionalismo alemán como algo muy propio. Obra de uno de los cineastas más representativos del III Reich, Hans Steinhoff, que se contabilizó como uno de los mayores éxitos de Goebbels en el frente propagandístico. Es desde este ángulo, y no desde la menor exigencias de rigor histórico, desde donde hay que situar esta película empeñada en trazar un peyorativa división entre el imperialismo bueno, el germano por supuesto, y otro malo, el británico, siguiendo las pautas marcadas por Adolf Hitler en su credo Mein Kamf). La película que es un canto elegíaco al presidente Krüger, interpretado por el célebre Emil Jannings, en una de sus enérgicas caracterizaciones, le concede una gran importancia a la denuncia las brutalidades cometidas por Lord Kitchener al mando de las tropas imperiales durante la guerra anglo-bóers, la primera del siglo XX. Una verdad incuestionable y reconocida que la película muestra a través de campos de concentración repletos de ancianos, mujeres y niños bóers, 26.000 en total. Es una muestra cierta sobre como los británicos trataban a los vencidos de la guerra del Transvaal. La denuncia no comprende, por supuesto, a los nativos que ocupan su «lugar natural" y a los «liberales» que engañan y confunden a estos con sus palabras sobre las libertades, lo que, cuanto menos para este caso, no resulta difícil encontrar ejemplos para componer una denuncia aunque sea tan falsa como la que se pueda hacer desde el arianismo nazi. En resumen: toda una nuestra de brutal cinismo, sobre si consideramos la fecha de producción.

Estamos hablando de películas de un cierto relieve, pero hay muchas otras que llegaron a funcionar hasta el fin del apartheid, a veces bajo la apariencia más inocente, como ocurre con la famosa Los dioses deben de estar locos, un éxito internacional que hasta tuvo una secuela.

 
 
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