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Queridos lectores, en medio de las promisorias circunstancias y coyunturas que han comenzado a crearse en Cuba con las medidas que se están poniendo en vigor en las últimas semanas, podemos decir que poco a poco van quedando atrás el inmovilismo que lo detenía todo junto con el triunfalismo desmedido que impedía valorar adecuadamente a las situaciones socio políticas vigentes. En este orden de cosas, considero que la preocupación por definir y neutralizar los elementos retardatarios que se esconden detrás de actitudes y mecanismos, constituye una necesidad muy importante. En mi opinión es fundamental el rechazo atodo aquello que pueda interferir, retrasar, crear confusiones y dañar al ejercicio positivo de la voluntad política a favor de lograr soluciones satisfactorias a los problemas de la población cubana. Hay diversas concepciones burocráticas, inmovilistas, acríticas,esquemáticas y de exclusión que conspiran contraestas medidas en su conjunto. No es posible en un breve artículo hablar de todas y quiero referirme a un fenómeno que comienza a perfilarse y que podría hipotecar el presente y el futuro, ya que la participación más activa de la población sin exclusiones ni trabas es decisivo para el éxito de la nueva etapa que se inicia. Lograr una verdadera democracia socialista participativa y facilitar que el pensamiento se desarrolle sin cortapisa ni trabas onerosas, es esencial para construir el presente y el futuro sobre las ruinas de nuestros propios errores. En este sentido las tendencias de “gremialización” del pensamiento, del talento y de la intelectualidad en general, podrían ser determinantemente desfavorables para todo lo que debería realizarse a favor del desarrollo, de la democratización, de la libertad de conciencia y de expresión así como de la justicia social, de la equidad distributiva, de la paz y de la felicidad de nuestro pueblo. Hay que derribar todas las barreras que excluyen y que no incluyen en el campo del pensamiento. No debería circunscribirse la creatividad, los aportes, los análisis, las publicaciones, los premios y las posibilidades de manifestar personal y colectivamente el desarrollo cultural y científico alcanzado, centralizándolo con exclusividad dentro de asociaciones gremiales con principios de selección que excluyan en vez de incluir. Eso podría ser una actitud propia de la Edad Mediay sus gremios revestida con ropajes post-modernistas. Además se presta a la organicidad autoritaria vertical corporativa, que solo toma en cuenta los criterios de quienes resulten aceptados por determinadas normas de organización previamente establecidas. No deberíamos olvidar que en muchas ocasiones dentro de una modesta e insignificante persona, no considerada por los mecanismos sociales vigentes en su época, se manifiesta un innovador, un pensador, un científico, un artista, un político o un intelectual que ha dejado una profunda huella en la Historia. Esta es una posibilidad que se acentúa ampliamente cuando se han alcanzado los más altos niveles de instrucción ycultura como en Cuba. Esos altos niveles de instrucción y cultura del pueblo general, entran en contradicción total con las políticas de exclusión gremialista de tipo corporativo que tienden a constreñir la creación y la participación dentro de actitudes y mecanismos formales que responden a las posiciones del poder, fuera de los cuales no es posible que se exprese el pensamiento creativo e intelectual, porque los que así actúan necesitan el control de unos pocos que excluyen a los que no respondan a sus específicos criterios e intereses personales. Es un riesgo real de hoy.