Algunos apuntes sobre el Antifascismo
Es evidente que el paso de la dictadura franquista burguesa a la democracia burguesa no supuso ninguna purga significativa de los cuadros gestores del sistema político
Ekintza Zuzena
El auge de los grupos de extrema derecha o de sus ideologías siempre ha sido un complejo juego entre el contexto social del que se nutren y la capacidad de dichos grupos de aprovecharse del mismo.
Es innegable que los movimientos fascistas, tanto los clásicos como los actuales, surgieron en unas condiciones sociales concretas que determinan, junto con toda una carga ideológica particular, las formas de expresión política en las que se expresan2. Cualquier lucha contra la extrema derecha debe plantearse, por tanto, teniendo en cuenta estos dos frentes: contra las condiciones sociales que le sirven de caldo de cultivo pero también contra las organizaciones fascistas que se aprovechan de ellas. Para nosotros si puede llamarse antifascismo a algo sería, estrictamente, a este segundo frente ya que incluir el primero sería tremendamente pretencioso y además falso. Pretencioso, porque trataría de atribuir al antifascismo tareas que van mucho más allá del mismo. Falso, porque las condiciones sociales que pueden llegar a causar el auge del fascismo o de la extrema derecha son producto del capitalismo y su democracia.
En lo que sigue de texto continuamos el camino que empezamos en la ponencia «Fascismo, Antifascismo y Lucha de clases»3 recogiendo y ampliando algunos puntos ahí tratados así como planteando nuevas cuestiones surgidas de la práctica y del debate teórico con compañeros. Nos centraremos sobre todo en el enfrentamiento directo con los grupos de extrema derecha, no porque sea más importante, que no lo es, que la lucha contra las condiciones capitalistas, sino porque la lucha contra el capitalismo se construye día tras día en los conflictos concretos cotidianos, y tiene tan poco que ver con el fascismo como con el antifascismo.
Antifascismo ¿necesidad real o desvío de la lucha?
Entre determinados sectores anticapitalistas (desde anarquistas a la llamada izquierda comunista) siempre se ha visto al antifascismo desde una postura muy crítica. Nosotros compartimos en gran medida muchas de esas críticas: las dirigidas al antifascismo «democrático», al frentepopulismo, a la mitificación de la lucha antifascista por encima de cualquier otra (laboral, de género, antirrepresiva, etc.), a la «tribu-urbanización», de la misma, etc.
Sin embargo, junto a todas estas críticas justificadas, existe mucha ideología consistente en repetir los cuatro esquemas aprendidos, en este caso «antiantifas», en vez de analizar la realidad del antifascismo, con sus aciertos y sus fracasos. A este respecto nos gustaría hacer ciertos comentarios:
El antifascismo como lucha parcial:
Es evidente que el antifascismo es una lucha parcial, como las luchas laborales, las antirrepresivas, las de género, las antimilitaristas, las antiimperialistas, la okupación o las explosiones de rabia suburbiales, etc. Todas ellas parten y tocan aspectos concretos y parciales del capitalismo.
La gran amenaza es que la recuperación de las luchas por parte del sistema suele asentarse sobre esta misma parcialidad. Ningún conflicto, sin excepción, está exento del peligro de verse integrado, de una u otra forma, en el capitalismo si alcanza la repercusión suficiente. Recalcar esto en unos conflictos y no en otros es mirar a través de las gafas de la ideología que más convenga. Los implicados en la lucha contra las cárceles siempre ven el peligro que las luchas laborales acaben en el sindicalismo, sin ver que el asistencialismo y el humanismo burgués están esperando a la vuelta del talego.
A los amantes de las revueltas del banlieu o de los blousons noirs5 les cuesta reconocer que cuando se apagan las brasas de los coches, todo puede quedar en un simple recuerdo o en formas de integración tan diversas como SOS Racismo, el islamismo militante, las bandas o las mafias...
No hay luchas mejores y peores o más o menos integrables, sino formas de luchar más o menos integrables o exterminables. Dejando de lado el enfrentamiento directo y frontal contra el capitalismo, algo hoy en día poco extendido, creemos que el contexto que da sentido, totaliza y relaciona las luchas parciales es el de la lucha de clases y la necesidad de superar este sistema mediante el comunismo, entendido este como una forma de relacionarse de igual a igual que podemos empezar a poner en práctica desde ahora mismo.
Por vivir en un sistema capitalista, todos los conflictos concretos que nos encontramos se verán atravesados de una forma u otra por la lucha de clases (que no se limita por supuesto a las luchas laborales), pero también por la dominación patriarcal, el racismo, etc. Igualmente, la lucha de clases se ve atravesada por las demás luchas «parciales»: no tiene ningún sentido construir un movimiento comunista que reprodujese los roles de género, el militarismo, la superioridad racial, las jerarquías, etc.
En este sentido el antifascismo no tiene nada de especial. Cuando se parcializa y se separa de la lucha de clases y del anticapitalismo suele acabar en la defensa de la democracia capitalista, o de la izquierda socialdemócrata frente a la derecha «reaccionaria», etc. Por supuesto, así es precisamente como nosotros entendemos que NO se debe practicar el antifascismo.
Muchas veces las luchas parciales tratan de superar sus limitaciones intentando totalizarse. Se empieza luchando contra un aspecto concreto de la realidad pero se acaba convirtiendo dicho aspecto en el lo único real o bien en aquello que organiza la realidad. Por ejemplo, algunas feministas se verán tentadas de explicar la realidad fundamentalmente en términos de dominación patriarcal, o los antirracistas en términos de dominación racial. Es evidente que la dominación patriarcal y el racismo ya existían antes del capitalismo, pero el desarrollo de éste las transformó.
La sociedad actual no puede explicarse exclusivamente en términos de la opresión del hombre sobre la mujer o de blancos sobre negros, como tampoco puede explicarse sin tenerlas en cuenta, claro. Las formas concretas que adoptan el patriarcado y el racismo bajo el capitalismo son producto de éste y así deberían analizarse y confrontarse. En el caso concreto del antifascismo, cuando se intenta ir más allá del enfrentamiento directo con el fascismo, tratando de convertir el antifascismo en anticapitalismo, sin tener en cuenta que el antifascismo solo es un aspecto de esta lucha más amplia, se buscan tendencias «ocultas» hacia el fascismo en el seno del capitalismo o, lo que es aún más cutre teóricamente, de acabar igualando capitalismo y fascismo.
Realidad y necesidad del Antifascismo
Algunos piensan que los grupos de extrema derecha no suponen una amenaza «real» para la población por lo que no tienen necesidad de movilizarse por ello, que si realmente existiese una amenaza fascista «real» se produciría una respuesta igualmente «real». Antes de entrar en el grado de «realidad» y de necesidad del antifascismo queremos comentar que este argumento es, como poco, falaz.
El aislamiento real y el bombardeo ideológico permanente ya se encargan de que no sea así, salvo cuando la amenaza es tan directa que uno sólo puede enfrentarse o esconderse. Y ahí está el problema, la pérdida absoluta de cualquier noción de comunidad real hace que la mayoría de la población sólo tome por reales aquellas amenazas que son directas e inminentes.
¿En qué sentido puede tomarse como una amenaza real los movimientos de extrema derecha hoy en día? Obviamente, si les comparamos con los escuadristas italianos o con las camisas pardas alemanas la cosa da poco menos que risa. Sin embargo, no da menos risa mirar al otro lado de la barricada y comparar el «movimiento» (alguien lo llamó «meneillo») actual con el movimiento obrero italiano o alemán de los años 20-30, por reformistas que éstos fuesen.
Un crecimiento aún mínimo de la extrema derecha puede causarnos serios problemas. Los recientes ataques a centros sociales y locales en Madrid, Guadalajara o Valencia son un ejemplo. Se nos llena la boca con la historia y olvidamos que a principios de los noventa el movimiento anticapitalista en Madrid se vio enfrentado a una amenaza nazi bastante real que obligó a defender los puestos políticos de Tirso, los centros sociales, y a pelearse por las calles y los barrios. Aquella batalla se ganó y gracias a ello zonas de Madrid por las que ir con cierta estética era peligroso son ahora, como poco, más seguras. Que el antifascismo pasase después de ser una necesidad concreta a ser uno de los ejes políticos centrales de dicho movimiento, es un tema a analizar aparte, pero sólo demuestra que cualquier lucha que alcance cierta importancia corre el riesgo de parcializarse y de tratar de convertirse en central o única.
Si ahora que las condiciones sociales son aún más propicias que a principio de los noventa para el crecimiento de las posturas de extrema derecha nos dejamos comer el terreno, lo único que vamos a conseguir es que en un futuro cercano tendremos que dedicar aún más esfuerzos de los que dedicamos ahora a combatirlas. Dicho de otro modo, un antifascismo preventivo eficaz puede ahorrarnos males mayores en el futuro.
No hemos comentado antes el tema de la estética por casualidad. Siendo sinceros, el «meneillo» se ha refugiado en los últimos años en una separación estética importante, sea la variante que sea: punk, skin, okupi, ‘borroka’, hardcoreta, etc. Para alguien que viste de determinada manera, un encontronazo con unos nazis puede acabar en tragedia (esperemos que para ellos, claro) y por tanto, a nivel individual, las agresiones nazis se sienten como algo real y cercano. Puede que hoy en día sea menor que lo que lo era en los noventa, o puede ser que algunos hayan/hayamos dejado de llevar las pintas que llevábamos en los noventa, pero sigue existiendo.
Pero esto no es todo, aún más jodido sería la extensión de las posturas de extrema derecha entre la población, sea por el surgimiento de un partido de extrema derecha tipo «Frente Nacional» o «Liga Norte» o por que el PP o el PSOE endurezcan aún más su política al estilo Thatcher o Sarkozy. En ese caso, no sólo nos enfrentaríamos a un más que probable ascenso de las agresiones y los enfrentamientos con fascistas, patriotas, etc. Sino que además cualquiera que fuese nuestra lucha tendríamos que enfrentarnos a posicionamientos ideológicos aún más xenófobos, racistas, tradicionalistas, homófobos, machistas, etc. ¿Os imagináis tener que señalar en un conflicto no sólo quienes son los verdaderos responsables sino, como ya está ocurriendo, tener que insistir en que los trabajadores inmigrantes no lo son? Simplemente aterrador. Esta es la otra gran amenaza que constituye la extrema derecha para aquellos que queremos destruir el capitalismo, la imposición o agudizamiento de falsas divisiones de clase en términos raciales o nacionales. Como decíamos antes, la lucha contra estas posturas pasa fundamentalmente por asumir el apoyo mutuo y la solidaridad y el enfrentamiento de clase como las bases sobre las que enfrentarse a la realidad; pero también por enfrentarse a los grupos que las defienden y se aprovechan de ellas.
Estas amenazas son reales, tanto para los revolucionarios como para el resto del proletariado. Que éste no se movilice dice poco de la realidad de una amenaza, viendo la respuesta que han tenido propuestas como la de las 65 horas, las tentaciones privatizadoras de la sanidad o las llamadas a la flexibilización del mercado de trabajo. Otra cosa es si hoy en día son las amenazas centrales, las más importantes. Este debate es muy diferente y no entraremos aquí.
Ahora bien, si consideramos que hoy en día el antifascismo ocupa el papel central del anticapitalismo porque, de alguna forma vivimos en una especie de «fascismo institucional», «franquismo democrático» o inmersos en el «franquismo sociológico», no es que se esté fuera de la realidad, es que se está cerca del delirio.
Para algunos el motivo principal es que la democracia actual no supuso una verdadera «ruptura» con el régimen anterior. Es evidente que el paso de la dictadura franquista burguesa a la democracia burguesa no supuso ninguna purga significativa de los cuadros gestores del sistema político, como tampoco lo supuso el paso de la monarquía a la II República, el paso de la República de Weimar al nazismo, o del nazismo a la Alemania de postguerra. Tampoco supuso cambios importantes para la clase burguesa en general, aunque puede que sí para algunos capitalistas particulares. Ambas cosas sólo demuestran que el capital acaba adaptándose a la forma política del Estado Capitalista que sea más conveniente en cada momento, y que los burócratas (sean jueces, militares, policías o profesores de universidad) suelen tratar de mantenerse en su puesto a pesar del régimen que sea7, pero no convierten el actual sistema democrático en uno fascista. El que piense esto o bien no ha entendido lo que es el fascismo o bien no ha entendido lo que es el capitalismo.
Para otro, tendemos al fascismo porque vivimos en una democracia cada vez más dura, más represora y más totalitaria. Asociar con el fascismo la cara ‘oscura’ de la democracia es propio de demócratas que piensan que ésta es paz, ciudadanía y florecillas o de alguien que desconoce la historia. La matanza de Casas Viejas o la represión al movimiento obrero anarquista en Barcelona por la ahora tan querida II República, el exterminio de la Baader Meinhoff a manos de la socialdemocracia alemana, la Estrategia de la Tensión de los 70 en Italia, Guantánamo, la Guerra sucia contra el IRA, ETA o las OAS son una buena muestra de lo que puede hacer cualquier democracia cuando se ve amenazada.
Sea como sea, en estos casos hablar de antifascismo huele más a estrategia publicitaria que a verdadera comprensión de lo que es el fascismo.
De los objetivos y medios del Antifascismo
Los objetivos parciales del antifascismo pasan por tratar de frenar un posible auge de la extrema derecha en el Estado Español. Estratégica y políticamente esto debe partir desde una perspectiva de clase, que refuerce nuestra autonomía mediante la horizontalidad, la acción directa, resolviendo nuestros problemas colectivos por nosotros mismos sin necesidad de recurrir a las instituciones burguesas, extendiendo la solidaridad y el apoyo mutuo entre iguales, etc. De esta forma podemos reintegrar los objetivos concretos de una lucha parcial en nuestro verdadero objetivo: la eliminación del capitalismo y nuestra emancipación como clase.
Tácticamente debemos distinguir entre los diferentes grupúsculos que componen la extrema derecha española hoy en día.
El «espectro» de la ultraderecha española en la actualidad.
A diferencia de lo que ocurre en otros lugares de Europa, en España no existe ninguna organización «fascista» que tenga apoyo social de consideración. Desde finales de los 70 carecen de representación parlamentaria, y en las pasadas elecciones el número total de votos sumados todos los grupos no llega a ser representativo. Ciertamente, alguna de estas formaciones ha obtenido concejales, pero se trata más bien de méritos «personales» en localidades pequeñas o medianas. Aún así, consideramos importante analizar cuáles son las principales corrientes de la extrema derecha por dos razones:
- Pese a su escasa capacidad de movilización, algunos de estos grupos están creando problemas graves de violencia, llegando hace poco más de un año al asesinato de un compañero en Madrid.
- Es probable que de continuar el ciclo económico y demográfico actual, antes o después surja un partido de extrema derecha capaz de alcanzar cuotas de poder relevantes.
Vamos a hacer una clasificación tanto en base a características ideológicas como a las consecuencias y el modo de enfrentar a cada sector.
Nacional-Socialistas (NS) y Nacional-Revolucionarios (NR).
La mayor parte de los grupos nacional-socialistas (NS) o nacional-revolucionarios (NR) existentes en España carecen de formación política, y basan sus actividades en la calle. Existen también unos pocos elementos NS o NR «serios», pero son absolutamente minoritarios y no pensamos que sea necesario prestar atención a su discurso. No es pensable que vaya a calar una teoría «racialista» en un territorio como el nuestro donde somos mayoritariamente mezcla de diversos grupos étnicos (celtas, íberos, judíos, árabes…) y el «socialismo nacional» es más nostalgia y fantasía que una propuesta actual.
Respecto a esta corriente, más bien podríamos hablar de una «tribu urbana»8 que cuenta con algunos referentes ideológicos y simbólicos. Su proyección política es nula y captan militantes jóvenes y adolescentes con un discurso agresivo centrado en «el grupo» que busca enemigos. Para encontrar con quién enfrentarse se basarán en la xenofobia, el racismo, las prácticas de «limpieza social», la homofobia y el odio a la «extrema izquierda». Se exalta el «patriotismo» y unos supuestos valores morales en los que no se profundiza más allá de los simbólico9.
A pesar de su intrascendencia a nivel político, a día de hoy constituyen el sector más molesto. Al ser una «tribu urbana» que nos toma como «enemigos» a nosotr@s y a grupos sociales a los que podemos pertenecer, se convierten en un problema. En aquellos lugares donde tienen presencia dificultan la libre expresión de ideas revolucionarias y agreden a quienes identifican como «izquierdistas». Además, pese a que la mayoría de los componentes de estos grupos abandona rápidamente la «militancia», cuando proliferan es habitual que las formaciones de extrema derecha capten en su medio nuevos militantes.
Los más politizados entre los NS y NR forman «colectivos» o asociaciones que han llegado a coordinarse, especialmente en Madrid y Valencia. La coordinación no suele durar más de unos años, y tenemos ejemplos como Bases Autónomas, Juventud Nacional Revolucionaria o recientemente Combat España (actualmente autodisuelta legalmente, probablemente con el objetivo de actuar en la calle) y Nación y Revolución. También han constituido partidos políticos como Alianza Nacional o el Movimiento Social Republicano (éste último con una proyección quizás algo más «seria» aunque tampoco se coma nada). El último intento ha sido la creación de un partido denominado «Movimiento Patriota Socialista», al que no auguramos más éxito que a los demás. Cuando se generan estos «movimientos» un poco más politizados, aparece también una crítica a los otros sectores ultraderechistas, a los que se considera cobardes, trasnochados o anti-obreros. Insistimos en cualquier caso que su relevancia no es a nivel político sino a consecuencia de sus actividades como «tribu urbana.»
Soluciones.
Puesto que se trata básicamente de un fenómeno «tribu urbana», la respuesta al problema es sencilla si se aborda a tiempo: acoso individualizado (información a familiares y vecinos sobre sus actividades, denuncias, otras formas de «acoso», etc.). Si pertenecer al grupo deja de ser rentable, el individuo buscará otra «identidad» más cómoda. Dado que estos grupos se basan en la violencia, no es posible hacer como si no existiesen o dejarles hacer, ya que esto sólo retrasará el enfrentamiento hasta que se encuentren lo suficientemente fuertes.
En aquellas zonas o barrios donde se ha mantenido y mantiene un acoso estrecho a estos sujetos, no existen o están desarticulados. A nivel colectivo y público hay que tener en cuenta que estos grupos tratan de conseguir afiliados y simpatizantes mediante una defensa abierta y explícita de su racismo, de su xenofobia, su homofobia, etc. Cuanto más nazis y más fuertes aparezcan, mejor. En el fondo su público objetivo suele ser juvenil, boneheads, etc. Por esto NyR convocaba en un principio actos en lugares significativos (en el caso de Madrid en la plaza Tirso de Molina, en la plaza 2 de Mayo, etc). Mediante estos gestos provocativos buscan dos cosas: la primera, obviamente, resonancia mediática y la segunda fortalecer su imagen de ‘tíos duros’.
Muchos plantean que las contrarrespuestas antifascistas no hacen sino facilitar su primer objetivo, amplificando su aparición mediática, y es verdad. Jamás NyR iba a conseguir salir en tantas fotos como después de los disturbios de Tirso de Molina. Sin embargo, esta valoración es incompleta ya que no tiene en cuenta la segunda parte: el cómo aparecen. Es cierto que NyR salieron en todas las televisiones después de los disturbios, pero ¿cómo aparecieron? Como una pandilla de nazis acorralados que si no llega a ser por la policía hubiesen pasado serios problemas. Su imagen de tipos duros, su chulería se esfumo entre los botes de humo. Esto es algo que los propios nazis reconocieron en sus foros.
La respuesta concreta frente a estos grupos fascistas es desmontar en todo momento su imagen de duros, de supernazis, que tanto atrae a los chavales a los que lavan el coco. Hay que hacerles aparecer débiles, como los capullos que son, humillarles, dejarles en ridículo, por todas las maneras posibles. Por la propaganda y por los hechos. Por tanto la cuestión no es si los actos de estos nazis requieren una respuesta o no, sino cual es la respuesta más adecuada para cada ocasión.
«Social-patriotas»
Hablamos de los partidos más conocidos, como son España 2000 o Democracia Nacional. La intención de quienes conforman este sector es crear un «gran partido» de extrema derecha a semejanza del Frente Nacional en Francia. El discurso tiene como «ideas fuerza» por un lado la lucha contra la corrupción, el separatismo y la inseguridad ciudadana, y por otro el desarrollo de servicios sociales como viviendas de protección oficial, sanidad, etc. Todo ello condimentado con la exaltación del sentimiento patrio y de unos «valores morales» sobre los que no hay consenso (catolicismo para unos, «integridad» para otros e indefinición para el resto).
Con la llegada de la ola migratoria, la lucha contra ésta se ha convertido en uno de sus principales caballos de batalla. Se argumenta que los inmigrantes traen una pérdida en la identidad nacional (costumbres, valores, etc), delincuencia y también un descenso en la calidad de vida de los trabajadores (aceptando peores salarios y copando las prestaciones sociales). El discurso público, al contrario que en el caso de los grupos NS o NR, no es racista en su origen y de hecho algunos de estos grupos fomentan la llegada de una inmigración «estrictamente controlada» que beneficie los intereses económicos de los empresarios. En cambio entre las bases sí hay un componente xenófobo.
Tal como señalábamos anteriormente, cuando proliferan los grupos NS o NR, los partidos «social-patriotas» los utilizan como caldo de cultivo para atraer activistas. A menudo esta «captación de jóvenes» lleva a que se produzca un «híbrido» que termina en enfrentamientos internos cuando los «nuevos militantes» conservan sus costumbres y actitudes de «tribu urbana» (borracheras, peleas, agresiones, etc).
Aunque en otros lugares y momentos históricos los partidos de este tipo han supuesto también un problema callejero, actualmente no es el caso y no forma parte de su estrategia pública agredir físicamente a revolucionarios o a otras personas a quienes rechazan. Ocurre cuando están en la fase de «híbrido» (como por ejemplo Democracia Nacional Joven, DNJ) y también como iniciativa personal de algunos de sus miembros o simpatizantes, pero no va más allá aunque puede que caigan en dinámicas violentas como represalia frente a la actuación de los antifascistas.
Estos grupos se enfrentan a tres obstáculos que los diferencian de otras facciones similares en Europa y hacen improbable su ascenso a corto plazo:
- Entre las capas sociales más adineradas, la extrema derecha es contemplada unánimemente como parte del «pasado». Un pasado por el que tal vez muchos sientan respeto o aprecio, pero que ya cumplió su ciclo. Se percibe claramente que las posiciones ultraderechistas no son rentables económica o políticamente. En este sentido dada la situación actual, la gran burguesía nacional apuesta en general más por PP (o PSOE) que por opciones extremas, difícilmente controlables e incluso contrarias a sus intereses.
La nueva extrema derecha del estilo Le Pen, Fini, Bossi, etc. tienen más tirón entre la pequeña burguesía, las clases medias y también los propios trabajadores, que son los que se sienten más amenazados por las ideas-fuerza sobre las que giran los social-patriotas. En este sentido hay que tener en cuenta:
- La «inseguridad ciudadana» es un mito en España, país con índices mínimos de delincuencia y con una de las legislaciones más duras del continente que hace que tenga el mayor porcentaje de presos sociales de Europa. Pese a que los medios de comunicación tratan de dar bombo a cada suceso «espectacular», la población en general no se siente insegura por lo que no tiene la tentación de acudir a posturas autoritarias.
- Nos encontramos ante la primera ola migratoria, y no se han conformado aún guetos de inmigrantes ni se ha creado una contraposición entre la población local y extranjera. Es posible que esto cambie a medio plazo, pero en la actualidad la integración es mucho más profunda en España que en países como Francia, Holanda o Alemania.
- Ninguno de los partidos cuenta con personajes «respetables» en su presidencia. España 2000 es dirigida por Jose Luis Roberto, portavoz de la asociación nacional de prostíbulos (ANELA); Manuel Canduela de Democracia Nacional tiene numerosos antecedentes penales por su pasado nazi en Valencia; Ynestrillas, que a finales de los 90 logró aglutinar a buena parte de este sector en torno a la colación Alianza por la Unidad Nacional, resultó encarcelado por enfrentarse a balazos con un personaje que no quería entregarle un gramo de cocaína… Con este panorama resulta impensable que alguno de estos individuos obtenga representación parlamentaria.
- Pese a que las «ideas fuerza» y discursos son casi idénticos, los enfrentamientos son constantes. La aspiración de sus líderes en convertirse en los «verdaderos caudillos» lleva a lo que ellos mismos denominan una «carrera de caracoles» en la que se echan en cara sus diferentes miserias (que no son pocas).
Además, el PP aún agrupa a sectores lo suficientemente «duros» como para que buena parte de los que se sentirían atraídos por posiciones más extremas sigan apoyándole. Este efecto se ha visto favorecido por la tensión mediática y parlamentaria mantenida entre PP y PSOE en los últimos años, lo que ha concentrado a los sectores menos «centristas» de uno y otro bando en torno a ambos partidos a causa del voto útil.
Aún así, es posible que en unos años aparezca una fuerza política de este tipo con un talante más «razonable» que, si se dan las condiciones (crisis, formación de «guetos» de inmigrantes) sea capaz de aspirar a posiciones de poder. Desde nuestro punto de vista, es poco probable que esta fuerza surja de los partidos ya existentes, excesivamente vinculados a un turbio pasado (franquista, mafioso, terrorista o las tres cosas a la vez) y seguramente ocurra de un modo similar al que se vivió en Holanda en 2003, cuando un personaje desconocido fue capaz de aglutinar el descontento de buena parte de la población.
Tampoco podemos descartar que la actual lucha interna del PP acabe decantándose por sus sectores más duros (cuya cabeza visible dentro del partido es Aguirre, y fuera, todos los tertulianos de la COPE). Esto es lo que acabo pasando en Inglaterra y Francia cuando Thatcher y Sarkozy acabaron asumiendo partes de las posturas defendidas por el National Front y Le Pen. En un fenómeno relativamente nuevo quizás el PP decida jugar esta baza aún sin la «amenaza» de algún partido representativo por su derecha.
Las relaciones entre los grupos social-patriotas y los grupos NS o NR son bastante complicadas, y de hecho hay una tendencia a desligarse completamente de estos grupos dado el rechazo social que generan. España 2000 está ya prácticamente desvinculada por completo, y Democracia Nacional está en un proceso de «híbrido» que llega a su cúpula11, lo que probablemente termine a corto o medio plazo con la desintegración del partido. Por el momento el camino lleva ya un sin número de escisiones y deserciones, incluida la pérdida de su sección local más potente, en Alcalá de Henares, que ha formado un partido político nuevo12.
Soluciones.
Por su posible proyección pública y su orientación pública «legalista», la estrategia a seguir contra ellos ha de ser fundamentalmente social: información, retirada de manifestaciones y una presión colectiva asfixiante (contramanifestaciones, presión sobre sus locales, etc.).
Es cierto que con esta estrategia podemos darles una publicidad que no tienen, pero también es verdad que de esta forma les alejamos de la «normalización» que tanto desean. Pese a su pretendida imagen «antisistema», en el fondo lo que desean es convertirse en una opción política normal y por tanto «votable».
Entendemos que el acoso individualizado es inapropiado salvo hacia los sujetos «híbridos», especialmente agresivos o relevantes (delegados, organizadores, etc.), evitando, en lo posible, caer en dinámicas de acción-reacción personal con estos grupos ya que su peligro esta a otro nivel. Obviamente, la clave es valorar cada caso concreto y ver las prioridades del momento.
En cualquier caso, el único modo de evitar que se asiente este discurso en nuestro territorio es fomentando la creación de lazos de solidaridad entre la clase trabajadora, nativa o extranjera, especialmente con los inmigrantes y generando conciencia acerca de las causas y alcance real de la llamada «inseguridad ciudadana» (como decimos, prácticamente inexistente por aquí), así como de la falsa «radicalidad» de estos partidos que en realidad tratan de unir a explotados y explotadores bajo la misma bandera ante situaciones de crisis.
Falangistas, franquistas, nacional-católicos, carlistas...
Este último grupo es el más heterogéneo. Se trata de aquellos partidos o asociaciones que defienden posiciones ortodoxas de distinto tipo. Su discurso y parafernalia es estrambótico para quien no está familiarizado con él, y no tienen ningún calado social. A la vez sus componentes no suelen manifestar actitudes agresivas a menos que se les ataque inicialmente, ya que su guerra va por otro lado.
Las posibilidades de obtener cuotas de poder o movilización social de formaciones como «Falange Española de las JONS», el «Partido Tradicionalista Carlista» o «Alternativa Española» son inexistentes, por lo que consideramos innecesario prestarles demasiada atención. Serían el equivalente a las distintas corrientes marxistas-leninistas sectarias que perviven en la actualidad (POR, POSI, PCI…), que viven en un «mundo paralelo» ajeno a la realidad social y con discursos del siglo pasado. Las escisiones y las discusiones teóricas son constantes, así como los enfrentamientos entre «caudillos».
Alguno de estos líderes ha tomado conciencia de la situación, y ha tratado de «transformar» a su grupo en un partido «social-patriota»13, pero los resultados han sido poco efectivos puesto que ya existen varias formaciones de ese tipo y se ha generado recelo entre las bases ortodoxas. También hay ocasiones en que estas organizaciones han captado a individuos provenientes del entorno callejero NS y NR, generando un «híbrido» con resultados aún más desastrosos que cuando lo intentaban los social-patriotas (pensemos en falangistas católicos de biblioteca marchando junto a boneheads borrachos y agresivos…)
Soluciones.
El peligro de estos sectores radica precisamente en su fanatismo y en el «mundo paralelo» en el que viven. En el pasado constituyeron la «carne de cañón» para el terrorismo de estado (Guerrilleros de Cristo-Rey, Batallón Vasco - Español, etc.) y algunos de sus cuadros tienen formación militar y fácil acceso a armas de fuego.
A finales de los 90, tras una serie de ataques a sedes y militantes falangistas, se produjo una oleada de acciones con bomba contra centros sociales y locales «anti-autoritarios» que, aunque no está demostrado, seguramente provino de este tipo de individuos. Por su carácter fanático, es poco probable que el acoso físico sea efectivo contra estos elementos, y más bien puede degenerar en un ciclo ascendente de violencia inútil.
Dado que su progresión cuantitativa es impensable, pensamos que no es necesario actuar contra estos sectores a menos que obtengan implantación real en alguna zona, en cuyo caso la estrategia a seguir sería la misma que con los grupos social-patriotas.
Conclusiones.
Con este texto hemos querido continuar analizando el antifascismo desde un punto de vista tanto teórico como práctico. Para nosotros el antifascismo es una lucha más, tan válida o tan inválida, tan necesaria o tan superflua, como cualquier otra dependiendo de cómo se plantee. En este sentido nos parece fundamental acabar recalcando, una vez más, que el antifascismo sólo puede tener sentido desde el anticapitalismo, y no a la inversa. Es decir, «nos declaramos antifascistas porque somos anticapitalistas, y en ese declararnos antifascistas ni vale todo, ni entendemos que sea posible hacer frente común o arrimar el hombro con cualquiera por el simple hecho de declararse como tal.»
Por el comunismo, Por la anarquía. Por la ruptura
Las movilizaciones en recuerdo de Carlos del pasado 11 de noviembre han vuelto a poner de manifiesto que la lucha antifascista es el ámbito de trabajo político de referencia para buena parte de la juventud del estado español.
Charlas, jornadas, actos, conciertos, movilizaciones... bajo el título genérico de “noviembre antifascista” numerosas plataformas y coordinadoras antifascistas del Estado español están dando contenido político a un mes que por tradición (porque el 20 de noviembre de 1975 murió Franco pero continuaron las bases de su régimen) se está convirtiendo en un mes de expresión de las luchas juveniles.
La crisis económica se extiende por las arterias de la clase trabajadora y se hace difícil una respuesta desde la calle. Exceptuando el caso de Euskal Herria, donde la mayoría sindical realizó el pasado mes de mayo una exitosa huelga general, en el resto del estado los movimientos obreros están desarrollando una lucha tenaz para superar la hegemonía burócrata de CCOO-UGT en el ámbito sindical. Catalunya, Andalucía y Galiza son buenos ejemplos del empuje de las luchas laborales que están dándose al margen de las estructuras controladas por la patronal y el gobierno.
Por otro lado el movimiento republicano, que en los últimos años ha tenido una participación notable, trabaja para mantenerse viva denunciando las cloacas del sistema.
Sin embargo en estos movimientos escasea la presencia de los jóvenes. Fuera de los marcos de la lucha independentista, donde la juventud suele participar en mayor o menor medida dependiendo del contexto, los jóvenes en el Estado español están sin duda más activos en el movimiento antifascista.
Y lo más destacable es el potencial de este antifascismo, que no reside solamente en el enfrentamiento contra los nazis, algo a lo que muchos tratan de reducir, sino también en la denuncia integral del sistema que cada vez se está realizando con mayor empecinamiento.
No tiene sentido relacionar al fascismo únicamente con los nazis que utilizan la violencia a pie de calle. En el contexto del Estado español, hablar de fascismo es hablar de un Jefe del Estado español actual (el rey Juan Carlos I) que fue nombrado por Francisco Franco, al cual todos los presidentes de la “democracia” le han jurado lealtad. Es hablar de que Carlos Palomino y otras víctimas del fascismo fueron asesinados a manos de militares, y eso no fue casualidad. Es hablar de ataque a los derechos fundamentales de los trabajadores a través de un “consenso con los agentes sociales”. Es hablar de privatización de la educación y la salud. Es hablar de cientos de presos políticos en las cárceles, de Ley de Partidos, de derecho de autodeterminación de los pueblos. Es hablar de capitalismo y de imperialismo.
Estos contenidos están siendo poco a poco promovidos por los movimientos juveniles antifascistas, dando motivo a la esperanza en la regeneración de la lucha revolucionaria.
Por eso ante el asesinato de Carlos Palomino la lucha no se ha centrado en pedir cárcel como forma de resolver el problema. Por contra, se ha centrado en decirle al gobierno, al fascismo y al capital que, por encima de lo que diga la justicia española heredera del franquismo, “el mejor homenaje es continuar la lucha”.
En los próximos días, de nuevo el 20N será la causa para que miles de jóvenes salgan a la calle.
EL ANTIFASCISMO COMO FORMA DE ADHESIÓN AL SISTEMA
Decir de entrada que tanto el fascismo como el antifascismo han jugado históricamente un papel contrarevolucionario y que ambos han constituido y constituyen una forma de adhesión al capitalismo puede resultar un tanto fuerte o cuando menos extraño.
Tratar de argumentar tales afirmaciones o al menos promover un debate sobre un tema tan de moda como el antifascismo es la intención de este artículo.
Hay quien opina que la historia es la carroña de las sociedades y los historiadores sus forenses. Esa quizás sea la historia con mayúsculas, la de las facultades y bibliotecas, la historia que nosotr*s reivindicamos no es (o no debiera ser) pretenciosamente objetiva, es (o debiera ser) una herramienta crítica para entender el presente y transformarlo.
Durante diferentes etapas de la historia las minorías acomodadas han utilizado en momentos de crisis a movimientos folklóricos para mantener sus privilegios, llegando a ceder a estos grupos de presión el poder político. Este es el caso del fascismo en el período de entreguerras  [1].
Tras la I Guerra Mundial (14-18) el capitalismo ya no juega un papel progresivo, no desarrolla las fuerzas productivas más que provocando crisis y guerras. En este contexto surgirá el fascismo, pero también el antifascismo y ambos con el mismo fin, aunque pueda parecer lo contrario, salvaguardar los intereses del capital imperialista y aplastar al proletariado internacional.
La Guerra Civil española ilustra el papel contrarrevolucionario del antifascismo a la perfección. El 19 de Julio en diversas ciudades de España l@s obrer@s cortan el paso a la rebelión militar y comienzan una dinámica de expropiación de claro matiz revolucionario. Poco durará el apogeo de este proceso, la misma constitución del Comité de Milicias Antifascistas (organismo interclasista que traslada el protagonismo de las masas a la dirección de las organizaciones) evidencia el ataque de la burguesía antifascista contra el proletariado.
El cónclave de Burgos y el gobierno republicano de Madrid son los ejes de una misma pinza que se cierra contra la clase obrera.
España no será el escenario de una guerra revolucionaria, ni tan siquiera de una guerra civil, sino el de una guerra imperialista.
La burguesía (tanto nacional como internacional) alineada a ambos lados ventila sus cuentas a costa del proletariado. Desde la República se centra el mensaje en una política de guerra. La guerra como forma de reestructuración del modelo capitalista en crisis y aplastamiento de la clase obrera. La guerra en España servirá de laboratorio de pruebas, un anticipo al mismo fenómeno de reestructuración que se vivirá a nivel mundial (II Guerra Mundial). En España se impondrá un modelo capitalista dictatorial (con la complicidad de las democracias occidentales y la URSS), mientras que tras la II Guerra Mundial en el resto del mundo se impondrá un modelo capitalista democrático falsamente enfrentado a un supuesto bloque «socialista» antagónico. Tanto el modelo dictatorial como el democrático tienen una misma finalidad: reajustar y mantener el sistema de explotación. Evidentemente España no entrará en el conflicto mundial puesto que el reajuste (vía triunfo dictatorial) se ha producido con anticipación. También es lógico, siguiendo esta argumentación, que las democracias occidentales que decían luchar contra el fascismo no cuestionen el sistema político (fascista) español tras la II Guerra Mundial.
En la guerra de España la ideología que se impondrá, como supuesta necesidad ineludible, será el antifascismo: el frentismo y la colaboración de clases incluyendo en esto a las cúpulas (no se les puede llamar de otra manera) de la CNT-FAI y los oportunistas del POUM desmarcándose con ello de una política realmente revolucionaria y plegándose al pragmatismo de una política de guerra.
La unidad antifascista no es más que el colaboracionismo de clase. El proletariado en lugar de enfrentarse contra sus enemigos, (la burguesía fascista y antifascista), en una verdadera guerra de clases se verá obligado a hacer de carne de cañón de ambas burguesías con la complicidad de algun*s de sus «dirigentes más avanzados».
Los sucesos de mayo en Barcelona se evidencian como el epílogo de un deseo frustrado de comunismo  [2] por parte del proletariado. Es a partir de mayo que podemos decir que la burguesía (de la mano de sus aliados estalinistas) ha vencido a una revolución inconclusa (no se tocaron los bancos, no se abolió el dinero, y principalmente no se destruyó el Estado, lejos de eso algunos anarquistas llegaron a convertirse en ministr*s). El cadáver de Camilo Berneri será el estandarte de uno de los crímenes más evidentes del antifascismo. Los obreros españoles fueron machacados bajo la bandera del antifascismo y en definitiva lucharon (sin ser su deseo) por el triunfo del capitalismo.
El proletariado internacional bajo la misma bandera antifascista sólo esbozó los trazos de una solidaridad mediatizada. Este sólo podía respaldar a l*s obrer*s españoles mediante acciones de clase dirigidas contra el aparato económico y político del capital. Por eso la ayuda efectiva a la España revolucionaria únicamente residía en el cambio radical a nivel mundial de las relaciones de clase  [3].
La Guerra Civil española ejemplariza el nocivo papel del antifascismo. El fracaso de la revolución habría que buscarlo en múltiples causas y no solamente en el antifascismo pero ésta no es la misión del presente articulo.
Para determinar la función que cumple el fascismo hay que determinar cuál es la realidad en la que se desenvuelve, que evidentemente no es la misma que la de los años 30. La necesidad constante del desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo han llevado a éste a una crisis permanente.
La crisis del modelo de desarrollo keynesiano desde principios de los años 70 conducen a una paulatina superación de este modelo (del Estado de Bienestar) y a la paulatina extensión de un nuevo (viejo) modelo de liberalismo. En la actualidad ambos modelos conviven y/o compiten en un marco internacionalizado de la economía de mercado. Este estado de inestabilidad es susceptible de generar graves disfuncionalidades. La sustitución de un modelo en decadencia por uno en auge crea una situación de desprotección y una fuerte resistencia en grandes capas de la sociedad. A esto se añade la supuesta inmigración masiva como causa de disfuncionalidad añadida fruto de la internacionalización de la economía y el incremento de la explotación en los países de la periferia, así como de la marginación de grandes áreas geográficas del mercado-mundo.
En resumidas cuentas este es el marco donde situar el fascismo hoy. Su misión en él seria facilitar la transacción de un modelo a otro, desarrollando políticas tendentes no a tomar el poder (no por ahora) sino a fortalecerlo y totalizarlo por medio de leyes represivas, antiinmigración, etc. que impidan o neutralicen las posibles disfuncionalidades (que se traducirían en revueltas cíclicas o movimientos de resistencia)  [4] conservando y manteniendo formas de gobierno formalmente democráticos pero apuntalando el papel represivo del Estado capitalista.
El fascismo pues trataría de derechizar la sociedad a la par que desestabilizar para justificar medidas de urgencia por parte del Estado.
Por otro lado se vuelve a plantear la dicotomía democracia o fascismo (dos caras del mismo capitalismo) que lleva a reforzar la alternativa democrática frente a la posibilidad fascista saliendo victorioso de este falso enfrentamiento el capital.
Entendiendo qué función juega el fascismo en el marco de relaciones sociales y económicas podemos entender la función que juega su anti.
El antifascismo hoy adopta (queriendo o sin querer) diversas facetas y funciones:
El antifascismo como actitud estética
El antifascismo es poco menos que una moda. La falta de análisis, debate y crítica es patente. No se globaliza el problema sino que se trata de atajar sus efectos más palpables (violencia callejera fascista) reproduciendo, en muchos casos, esto mismo (violencia callejera antifascista). Alrededor del antifascismo se crea y recrea una estética pandillera y de escasos contenidos regida por una violencia macarra y estéril.
Proliferan grupos, colectivos, plataformas, etc., que tratan de responder a un fenómeno sin analizar sus causas o al menos sin atacar a éstas. Actos a contra o de puro carácter anecdótico como las manis del 20-N son moneda habitual. Más allá hay que situar la patética imagen del mata-nazis como figura folklórica del movimiento que en demasiados casos copia actitudes y esquemas mentales de sus presuntas víctimas, en una clara tendencia militarista que puede llegar a prevalecer e involucrar a todo el movimiento.
El antifascismo como lucha de distracción
El fijar nuestros esfuerzos en la lucha antifascista a nivel parcial nos aleja ineludiblemente de la centralidad de la lucha de clases: crear conciencia y autoorganización de clase. El antifascismo distraería voluntades a una problema concreto fruto de una situación global.
Más cuando se cae en dinámicas de represión-acción (difíciles de evitar) que llevan al movimiento a centrar su trabajo en responder a agresiones de grupos fascistas o del aparato represivo del Estado cuando l@s antifascistas son represaliad@s.
El antifascismo como colaboración de clase
El lema «tod@s contra el fascismo» puede ejemplarizar una tendencia a la colaboración de clases. La alianza, en plataformas y demás, con fuerzas contrarevolucionarias de la izquierda capitalista es patente en muchos casos. Un lema tan general es asumible desde muchos ángulos, desde la izquierda colaboracionista a la derecha liberal (no olvidemos que Antena 3 se ha convertido en paladín antifascista) pasando por los grupúsculos oportunistas (los restos del leninismo que combaten al fascismo aquí y apoyan alianzas entre fascistas y «comunistas» en la antigua URSS).
La historia vuelve a repetirse con un escenario totalmente distinto al desarrollarse políticas frentistas que implican un reforzamiento del molelo capitalista bajo formas democráticas parlamentaristas. Se vuelve a colaborar con nuestros enemigos de clase socavando nuestros propios intereses para defendernos todos juntos de nuestros enemigos aparentemente más directos y atroces: los fascistas.  [5]
El resultado es que en lugar de hacer cotidianamente revolución nos hacemos aliados de sus enemigos.
El antifascismo como forma de reforzar al Estado Desde grupos antifascistas se reclaman medidas estatales y legales que represalien al fascismo  [6]: leyes contra los grupos nazis, mayores medidas policiales, altas penas de prisión, etc.
La aplicación de tales medidas difícilmente irían a nuestro favor más bien todo lo contrario. Con ello se refuerza el papel del Estado a nivel represor y se fortalece su poder. No deja de sorprender y alarmar que desde nuestras filas se den armas a nuestro enemigo más señalado: el Estado. Así como que se considere que sus leyes puedan ser nuestra salvaguarda contra quienes no son ni más ni menos que sus cómplices: los fascistas.
PALABRAS FINALESNo se pretende hacer desde este artículo una crítica sanguinaria y sin atenuantes a todos los grupos antifascistas. No se puede pensar que este movimiento sea homogéneo e igualmente criticable, pero sí que es necesario empezar a criticar, analizar y en definitiva a pensar la realidad.
Globalizar las situaciones para intervenir en la realidad y transformarla es tarea de tod* revolucionari*. De lo contrario podemos caer (aunque sea sin desearlo) en el papel de ser cómplices o compañer*s de viaje del mismo sistema que nos oprime.
Tampoco desea este artículo decir que no debemos enfrentarnos al fascismo, pero sí aclarar que esta lucha forma parte (y no la fundamental) del enfrentamiento cotidiano al capital-Estado y no una forma de justificar la existencia de éstos. SALUD Y ANARQUIA.
El último de Filipinas
(Alacant)
[1] Son evidentes las similitudes del nazi-fascismo de los años 30 con la toma del poder por Luis Bonaparte «el 18 de Brumario». Así como la organización política del nazi-fascismo con la «Sociedad del 10 de Septiembre» que daba soporte a Bonaparte y la función política dada a ésta dentro del marco de los intereses de la burguesía.
[2] Entendiendo comunismo no desde las estrategias leninistas sino desde su forma integral. Lo que l@|s anarquistas llamamos comunismo libertario.
[3] Sólo unos pocos (Durruti y su grupo «Nosotros» entre otr@s) plantearon de forma teórica extender la revolución a nivel intemacional y crear un «efecto dominó».
[4] Revueltas como las de Caracas, el POLL TAX o Los Angeles. En ellas se evidencia un trasfondo más profundo, de malestar general, más allá de los hechos concretos que sirvieron de detonante.
[5] Este tema se produce en el caso alemán (y no es el único). Los grupos autónomos han llegado a buscar apoyo en el Partido Socialdemócrata fomentando una especie de unidad antifascista e interclasista.
[6] Este tipo de medidas se reclamaban recientemente en la portada del boletín «No pasarán» del colectivo «Al enemigo ni agua» de Barna. O en el caso Guillén Agulló donde diversos grupos reclaman altas penas de prisión y cumplimiento íntegro de las condenas. Evidentemente había quien discrepaba, como la Asamblea Antifascista de Valencia.






#1
14-11-2009 14:10
LA UNIDAD ANTIFASCISTA ES EL ÚNICO CAMINO ... UNIDAD DE ACCIÓN QUE NO IDEOLOGICA !!
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#5.- El enemigo es el capitalismo
Tze-Tze|14-11-2009 17:22
Unidad es suma de diferentes, no subordinación de todos a unos pocos.
Unidad no son seguratas rapados, estalinistas sin partido pero con Coordinadora y criminalización del que piensa (diferente).
Gracias a Kaos por abrir un espacio para tan necesario debate.
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#9.- antifascistas
anim|14-11-2009 20:11
Todo el apoyo para el comentario numero 7.
La gente que gusta de etiquetarse bajo un concepto tan ampliamente ambiguo e insignificante como es el de ''Antifascista'' (incluso el 100% de los sionistas tambien son antifascistas, hecho sin duda indiscutible), generalmente no presenta una verdadera personalidad y capacidad de razonamiento critica con el sistema: simplemente parece mas facil declarar que se esta en contra de algo llamado ''Fascismo'' (que, como todos sabemos, es cumulo de todo mal) y ampararse en esta postura para lucir determinadas poses o ejercer violencia hooligan sin mas razon que la de repartir hostias por diversion.
Si a esto le sumamos que la mayoria de elementos llamados ''antifascistas'' son tan solo fascistas autoritarios de otro tipo (tambien llamados ''marxistas''), lo de la unidad antifascista suena a menos que ridiculo.
  Viva la lucha contra el estado y contra toda autoridad!
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#10
14-11-2009 22:02
me parecen muy interesante s los textos de referncia que poneis. Salvo el del Javier Ortega  que es de una simpleza que va un poco de vergüencilla ajena
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#12
15-11-2009 02:35
El antifascismo, curiosamente, hoy en día es estratégico.
Y quienes defienden desde extraños recovecos, que asoman la cabeza de tiempo en tiempo en forma de revista, que nos digan cómo se hace hoy día aquello del "clase contra clase". Negar el "frentepopulismo" ahora es aplaudir a la parálisis.
Y si no, que nos ofrezcan salidas reales al  gueto actual.
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#13
15-11-2009 07:20
e llevo dando vueltas un buen rato a este tema de la degeneración politica del antifascismo en Madrid y acabo de caer, asi, mientras echaba un piti entre clase y clase, en que hace ya mucho tiempo hubo un proceso de acercamiento y CONFLUENCIA TACTICA en la lucha antifascista entre A) colectivos politicos militantes y B) bandas callejeras, identitarias y macarras coyunturalmente enfrentadas a los nazis en una dinámica tribuurbanera. Lo que parecia iba a acabar como politización deL lumpen, acabó invirtiendose en un proceso lento, subetrraneo, de lumpenizacion macarra de los militantes políticos. Sujetos marginales en busca de un sentido colectivo y un sentido colectivo militante en busca de un sujeto histórico se fundieron en una mezcolanza posmoderna que por esxtraño que parezca adoptó el stalinismo como "corpus total de sentido colectivo". Los rudimentos ideológicos stalinistas, en su simplificacion reformista de la realidad y en la agresividad de su puesta en escena, satisfacen y facilitan la expresion politica de esta nueva tribu en la que se fusionan, AHORA A UN NIVEL ESTRATEGICO, lumpen idelogizado y militantes lumpenizados.
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#14
15-11-2009 07:21
A partir de aquí, el antifascismo ya no es una OPCION TACTICA DE DEFENSA frente a los nazis (esa es la linea de la autonomía, los comunistas herejes y el anarquismo), sino que se convierte en vision global del mundo, en ideologia de todo a 100 que sustituye al marxismo y al anarquismo por un universo ideal maniqueo, en el que las fantasmagóricas fuerzas del mal se personifican en el cuerpo del fascista musculado y agresivo que desprecia la cultura y las del bien dan vida al militante antifascista musculado, agresivo que desconfia de los intelectuales: lobo negro, lobo blanco. Sin lucha de clases como referencia básica, el territorio delimitador del conflicto es un cuadrilátero conceptual (las veladas pugilisticas de moda entre skins), se impone un idealismo reduccionista, una mística relacional del bien frente al mal que no recoge los matices de la realidad material, un juego de espejos invertidos prepolitoco, cavernario, una dinámica colectiva identitaria competitiva, esteticista,reaccionaria, de la misma calidad moral que la guerra entre aficiones futboleras o entre bandas de música rivales.
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#15.- y tres
Jesús Ibañez|15-11-2009 07:25
Esto explica cosas como la agresión de La Gotera, la demonizacion del juego publico de ideas, la alergia a la autocritica analíticia, o todo el revuelo en torno a la necesidad de un Bloque Autónomo en la mani del 21. En relacion a esto último, es evidente que todo intento por repolitizar el movimiento, todo intento por colocarlo en el plano de lo político entendido como conflicto, ruptura y crecimiento, va a ser agredido frontalmente por el tribuurbanismo stalinista. Necesito un porro, o un trago. Nos vemos el 21 en el Bloque Autónomo.
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#16.- a Javier Ortega Pujadas
15-11-2009 07:28
la privatizacion de la sanidad no es una expresion del fascismo, sino del neoliberalismo, que tambien asesina a disidentes y practica el genocidio matando de hambre a millones de personas
si hubiera fascismo, ya estariamos todos en el maco, muertos, en un campo de concetracion o picando piedras en el valle de los caidos, esta web no existiria ni os hubieran legalizado la manifa del 21N. no os dais cuenta ?
el neoliberalismo cumple la misma funcion del fascismo (matando tambien), que es la superviviencvia del capital, la obtencion del máximo beneficio, una alta tasa de explotacion de la clase obrera y el reparto del mundo por las grandes potencias económocas y politicas. La difernecia esta en el marco politico formal: el neoloberalismo lo hace en un marco de "libertades" formales, es decir que funciona perfectamente en su logica capitalista dejando que la critica a la logica capitalista circule por la sociedad bajo la forma de "libertad de prensa", "libertad de manifestacion" o "libertad de expresion". Es tan hegemonico el poder politico e ideologico del capital que se permite el lujo de dejarte quejarte en publico e incluso de utilizar tu discurso critico como un mecanismo de reproduccion del sistema (vuestro discurso "antifascista" al ser falso, refuerza la dominacion del capital). Eso es el neoliberalismo hoy en dia y nada tiene que ver con el gulag, Treblinka, la gestapo, el NKVD, la falange y demas formas de manifestacio del fascismo a lo largo del siglo XX
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#17.- (A)
ojo|15-11-2009 11:06
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#18
15-11-2009 11:26
  YA empieza otra vez la secta "antiestalinista" a llenarse la boca de conspiraciones y odios enconados  al antifascismo organizado. Venga, venga, el bloque negro ya, y hasta otro año, ciberactivistas de litrona.
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#20
OKUPA ANARKISTA|15-11-2009 16:37
En el textoq ue habeis puesto he leido solo un poco entrer lineas,3 o 4 frases y no hay mas que contradicciones..porejemplo:
En este texto se dice:
"El discurso público, al contrario que en el caso de los grupos NS o NR, no es racista en su origen y de hecho algunos de estos grupos fomentan la llegada de una inmigración «estrictamente controlada» que beneficie los intereses económicos de los empresarios. En cambio entre las bases sí hay un componente xenófobo."
Y yo respondo:
Que la inmigracion controlada no veneficia a los empresarios.Lo que veneficia a los empresarios es la inmigracion masiva que hace que los empresarios les puedan ezxplotar a gusto a los inmigrantes mientras les pagan menos dinero por mas horas.
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#21.- Miserias
15-11-2009 16:52
Mucho troll ninguneando el pensamiento anarquista, es realmente patético e infantil escribir comentarios haciéndote pasar por algo que no eres para desacreditar al de enfrente.
Algunos tenéis más de 30 años, ¿no os da vergüenza? Dejar un poquito internet y dedicaros a arreglar el desaguisado en que os habéis metido que tenéis toda la casa por barrer
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#22.- La Brigada de Información de Madrid ya puede jubilar a sus infiltrados
15-11-2009 19:14
Receta para todo aquel que (en lugar de crear y construir una alternativa de combate anticapitalista) se vea llevado por celos, odios sectarios y piques personales a centrar sus energías, sueños y pesadillas en intentar desprestigiar y destruir a aquellos que sí que han hecho el esfuerzo de organizar algo al menos, por parcial o problemático que sea:
1-Acoso, acoso, acoso durante años
2- Llama estalinista a todo el mundo que no te acompañe en tu cruzada. Si crees que de tanto repetirlo pierde fuerza, llamales fascistas.
3- Sigue acosando, difamando puntualmente en internet y provocando de vez en cuando.
4- Aguarda con paciencia el momento de poder dejar de ser una minoría patética y resentida. La gente se mueve por modas en nuestro mundillo, pronto llegará la temporada otoño/invierno que tanto esperabas.
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#23.- Infiltrados para qué os quiero? II
15-11-2009 19:16
5- Cuando llegue el momento (y por momento vale cualquier anécdota, pero que tenga el potencial mediático de convertirse en boom... no te preocupes, en el rollito en el fondo somos como el público de Sálvame, pero sin bocata) aprovéchalo!! Incrementa exponencialmente las paladas de mierda en internet, imita a los gabinetes de marketing político y retuerce la realidad todo lo que quieras. Por supuesto, el pasado no existe, ni las cronologías, solo importa el ahora y el como usarlo. Usa sin parar la demagogia, recurre incluso al chantaje político, emocional o moral con tus potenciales "compañeros" de viaje.
6- Si tienes éxito, probablemente no habrás hecho avanzar ni un ápice la Idea (más bien al contrario, habrás ayudado a sumirla en un marasmo de superficialidad y petardeo), pero habrás logrado dividir, encizañar, y poner nuevos palos en las ruedas de aquellos que trataban de avanzar a su manera. Y sobre todo, sentirás que por fin hashecho algo en tu vida más allá del onanismo.
Dentro de unos años, cuando se te pase la moda alternativa y te vuelvas un ciudadano decente, buen cliente del banco y votante realista, podrás sentirte orgulloso de algo de tu pasado: en el fondo tu acciones ayudaron a debilitar a los enemigos de este sistema que ahora tan bien te ha acogido como a un hijo pródigo.
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#24
15-11-2009 19:21
Receta para todo aquel que (en lugar de apoyar la horizontalidad, la asamblea y el anticapitalismo) se vea llevado por egos, odios  tribales y piques personales a centrar sus energías, sueños y pesadillas en intentar manipular y crear un mundo donde solo exista uno mismo y los cuatro colegas que le dan la palmadita en el hombro:
1-Acoso, acoso, acoso durante años, a proyectos y personas que no comulguen con tu centralismo.
2- Llama  burgués o reformista  a todo el mundo que no te acompañe en tu delirio de grandeza. Si crees que de tanto repetirlo pierde fuerza, llamales fascistas.
3- Sigue acosando, difamando puntualmente en internet y provocando de vez en cuando.
4- Aguarda con paciencia el momento de poder dejar de ser una minoría patética y resentida ya que desde el 2007 estamos de moda, entre la chavalería autorreferencial.
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#25.- Un poquito de historia reciente
15-11-2009 19:52
Para los que "piensan" que lo de La Gotera es lo más heavy que ha pasado en el "ambiente" de Madrid en los últimos años y que hay que montar el apocalipsis por ello:
¿de verdad la gente es tan joven o tan desmemoriada? Sin necesidad de remontarnos a décadas pasadas, hablando solo de los últimos años, ha habido multitud de casos mucho más dramáticos que el robo de libros y la consecuente pelea en la gotera:
agresiones organizadas de colectivos e "individualidades" anarquistas contra colectivos e "individualidades" anarquistas (preguntad en el local Anarquista Magdalena...) ha habido peleas entre comunistas, comunistas agrediendo a  anarquistas, anarquistas agrediendo a comunistas, "libertarios" quemando banderas comunistas o republicanas en manis unitarias, peña del rollo INCENDIANDO!! instalaciones de un centro social este mismo verano... y eso si solo hablamos de las imbecilidades cometidas entre nosotros, porque a lo mejor hay que recordar a algunos que hace dos años nos mataron a a cuhilladas a un compañero.
Que ahora por esta chorrada (CHORRADA, sí) se haya montado todo este culebrón mediático, dice mucho de la degeneración moral en la que nos encontramos, por no hablar de la debilidad de nuestros medios de comunicación, tan vulnerables al sensacionalismo y a manipulaciones interesadas como los medios burgueses. Dice mucho también de la abyección moral de quien está dispuesto a enmierdar a cualquier precio con tal de satisfacer sus odios personales y su sectarismo
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#27
15-11-2009 22:37
No puedo creer que se haya llegado a esto. Este foro no sirve para el debate, ni para la propuesta. El anonimato no sirve. Se necesita una conferencia abierta para solucionar estos problemas ajena a anonimatos, infiltrados y malas babas.
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#28
15-11-2009 23:00
#27 ojalá se pudiera hacer lo que dices, pero aquí hay gente que si le dices lo que no quiere oir te pone en busqueda y captura de sus matones
Así no hay diálogo ni forma, es mejor que cada cual siga su camino
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#29
PADRE|15-11-2009 23:01
Los datos del primer articulo son falsos, no se ha documentado lo suficiente y eso muestra una incapacidad sustancial de la lucha antifascista.
Combat España se disolvio, si, pero para crear el MPS que se ha integrado recientemente en el MSR. El MSR ha firmado un pacto con el Frente Nacional y España 2000 y emiten comunicados conjuntos. Aprovechando el 20N realizarna una reunion, lo que podria significar una union electoral para las proximas elecciones, pero es pronto para decirlo. Lo que esta claro es que han conseguido ciertas cotas de unidad que jamas habian conseguido hasta ahora, todo lo contrario a lo que dice el articulo de arriba, que parece que ni se ha molestado en investigar el asunto antes de pontificar.
  Vaya tropa.
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#30.- Ciega obsesión
16-11-2009 00:20
para #26 "El Listo"
tu comentario es una muestra más de la locura que está recorriendo algunos ambientes últimamente.
Dudo mucho que me conozcas pues no frecuento los ambientes juveniles del "rollito", ni pertencezco a la Coordinadora ni a ninguno de los colectivos que la integran ni suelo perder el tiempo con ocio-político en los baretos de lavapiés ni en los conciertos de los CSO, ni en el negocio privado del Patio, ni voy por las asambleas de moda haciéndome el más feminista para poder ligar un poco
Y si piensas que debo tener una foto de Stalin en algún lado es que obviamente estás pensando en otra persona. No sé si eres bobo o simplemente la obsesión te ciega, pero repito: en este ambiente tan vomitivo en el que a algunos tanto les gusta retozar ya ni resulta sorprendente leer en una web alternativa comentarios tan tremendos como el tuyo.
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#32.- al #29
unx|16-11-2009 10:00
Ese texto es de diciembre del 2008, por lo que buena parte de la información puede estar desactualizada
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#33.- y mas
edelweisspirate|16-11-2009 10:51
bién por el comentario 29! es mas,estas organizaciones estan acercando posturas con plataforma x catalunya del Anglasa, partido que ya ha conseguido resultados significativos en las pasadas municipales. (el Anglasa es jefe dela oposición del ayuntamiento de Vic. No hay que tomarse a esa gente a la ligera
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#34
16-11-2009 15:33
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#35.- mas lio
uno cualquiera|17-11-2009 14:37
me llegan noticias de que cnt convoca bloque propio
vaya lio de 20n
cuando lo cierto es que no hay fisuras , todos somos antifascistas.
¿que pasa?
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