El Colonialismo Yanqui contra el ideario del Libertador. (la trágica herencia de la Doctrina Monroe). Desde su surgimiento como nación independiente, Estados Unidos ha tenido sus miras colonialistas puestas sobre Nuestra América.
Antipatía causaba a los países anglosajones, en especial a los Estados Unidos, la política de emancipación y unificación de las ex colonias hispanoamericanas, propulsada por Bolívar; por lo que el interés fue constante, entonces, en cuanto a coadyuvar con cualquier iniciativa que apuntara a la balcanización de las mismas, procurando que se mantuvieran fragmentadas y en mutua hostilidad, de manera tal que les fuera más fácil a los nuevos imperios, la ocupación o control del espacio dejado por España. A esta pretensión le sumaron sin dilaciones la sumisión apátrida de los aristócratas criollos que desde temprano mostraron animadversión al proyecto anfictiónico del Libertador al margen de la que ya se vislumbraba como poderosa nación del norte.
En su afán de dominación y de hacer de la América meridional su sirvienta, los gobernantes estadounidenses no desperdiciaron esfuerzos, así fue que hacia 1823 John Quincy Adams, diligente diplomático yanqui, sugirió al presidente Monroe rechazar la propuesta que Inglaterra les había hecho en cuanto a pronunciarse conjuntamente contra la Santa Alianza, “a favor” de Hispanoamérica. Era evidente que la intención de los ingleses apuntaba a garantizarse espacio en los recién liberados dominios hispanos del “Nuevo Mundo”. Pero no; lo que ocurrió fue que Adams respondió con el mensaje que el presidente Monroe leyó al Congreso de la Unión el dos de diciembre de 1823, en el que se acuñaban los principios de la primera doctrina norteamericana en materia de relaciones exteriores
Adams había logrado que Monroe hiciera una declaración sin compromisos con los ingleses, quienes al mismo tiempo buscaban contener a los norteamericanos, más que para proteger a los países hispanoamericanos, para garantizar sus propias ventajas comerciales.
La Doctrina Monroe aparece así, con el pretexto de detener algunas incursiones rusas por el norte del Pacífico: “la nación norteamericana -dice- está consagrada a la defensa de nuestro sistema, formado a costa de tanta sangre y tanto dinero, y madurado por la sabiduría de sus más sabios ciudadanos, sistema bajo el cual hemos alcanzado una felicidad sin ejemplo. La sinceridad y relaciones amistosas que existen entre los Estados Unidos y aquellas potencias, nos obligan a declarar que consideraríamos peligroso para nuestra paz y seguridad cualquier tentativa de parte de ellas que tenga por objeto extender su sistema a una porción de este Hemisferio, sea la que fuere”. (Citado en Santa Fe IV; “Latinoamérica Hoy”. LUCIER, James P. Directos del Staff del Comité de Relaciones Extranjeras del senado de los estados Unidos. Pág. 2. Fotocopia sin referencia editorial).
El historiador argentino Rafael San Martín, en un documentado estudio sobre la historia de los Estados Unidos sintetiza los postulados de la Doctrina, de la siguiente manera: 1. No intervención de las potencias europeas en América; 2. No implantación de sistemas políticos europeos en el continente; 3. No colonización de parte alguna de éste por los países del viejo mundo, y 4. No intervención de la Unión en los asaltos de Europa. Todo declarado “como principios en los que están comprometidos los derechos e intereses de los Estados Unidos”. (SAN MARTÍN, Rafael. Biografía del tío Sam. Pág. 158. Tomo I. Editorial de Ciencias Sociales, La habana, 2006).
Y agrega que: Hubo un aspecto en que el departamento de Estado fue completamente verás desde el primer momento (le iba en ello su mayor convencimiento): no dejar la menor duda sobre la índole absolutamente unilateral del estandarte que alzaba. En la fórmula elaborada por Adams, no había el reconocimiento implícito del derecho de las naciones hemisféricas para declararse independientes de sus metrópolis, ni para reclamar una parte proporcional en la defensa solidaria contra la amenaza de cualquier fuerza continental. (Ibídem. Pág. 158).
Así como Inglaterra planeaba tutelar sus intereses, Estados Unidos también; y es ese el significado cierto de su declaración, a la cual en principio George Canning como ministro británico de Asuntos Exteriores y Presidente de la Cámara de los Comunes se negó a otorgar valor jurídico, atormentado porque Adams le había tomado ventaja en el “juego” geoestratégico. Así, una vez Downing Street (residencia oficial del primer ministro británico) reconoció la independencia de las repúblicas hispanoamericanas (1825), escribió con júbilo: “La América española es libre, y si no cometemos alguna lamentable torpeza al manejar nuestros asuntos, es inglesa” (ibídem. Pág. 158).
Estaba claro que ninguna de las dos poderosas naciones tenía motivaciones altruistas respecto a la América meridional. Y para el caso de los Estados Unidos, con su Doctrina Monroe lo que se postulaba era la decisión no de protección sino de intervencionismo, mediante una declaración unilateral que pronto se hizo más clara en cuanto a que la actuación del país del norte sólo se daría en los lugares en los que tuviera un interés específico. Al respecto, el Secretario de Estado de John Quincy Adams, el señor Henry Clay, expresó en nota remitida al Ministro norteamericano en México Joel Poinsett, que: “los Estados Unidos no han contraído ningún compromiso ni han hecho ninguna promesa a los gobiernos de México o Suramérica o a algunos de ellos, garantizándoles que el gobierno de los Estados Unidos no permitirá que una potencia extranjera atente contra la independencia o la forma de gobierno de esas naciones, ni se han dado instrucciones aprobando tal compromiso o garantía” (29 de marzo de 1826).
En el mismo sentido, el mismo Monroe, algunos meses después de su mensaje al Congreso, contestando a una consulta de Colombia que se refería a preocupaciones por una posible agresión extranjera, escribió: “el empleo de fuerzas españolas en América no constituye un caso que Estados Unidos considere justificado para salir de su neutralidad que ha observado hasta ahora”. (San Martín, Rafael. Óp. Cit. Pág. 159).
En respuesta a la solicitud de ayuda que Colombia hiciera, para defenderse de las amenazas de la Santa Alianza, Adamas por su parte respondió que Estados Unidos “no podría oponerse a ellas (las potencias de la Santa Alianza) por la fuerza de las armas sin ponerse previamente de acuerdo con las potencias europeas cuyos intereses y principios permitían obtener una cooperación activa y eficaz en la causa”. (MEDINA CASTRO, Manuel: “Estados Unidos y América Latina, Siglo XIX”. Casa de Las Américas. La Habana, Cuba, 1968. P. 64.).
De tal suerte que durante los años de lucha por la independencia no solamente no se contó con el auxilio o la solidaridad de Estados Unidos sino que además, como una constante estuvo la intervención a favor de España (incluso vendiéndole armas), o la obstrucción a cualquier gestión que los patriotas meridionales realizaran en procura de recursos para la gesta emancipadora. Con la evidencia frente a si de que la guerra de independencia tendría resultados desfavorables para España, Estados Unidos anhelaba y trabajaba por la postergación del desenlace, dando espera a tener la fortalece que le permitiera imponer su predominio.
En contraste con la colaboración brindada a los peninsulares, prisión y multas era lo que se estipulaba para quienes ayudaran a la causa independentista de Sudamérica. Con razón Bolívar, entonces, cuestiona la falsa neutralidad de Estados Unidos en una extensa polémica que se desató con las autoridades norteñas por la captura que el gobierno independentista hizo de las goletas Tigre y Libertad en aguas del Orinoco, al sorprenderlas transportando armas con destino a las fuerzas españolas.
Bolívar, introduce sus juicios con la siguiente reflexión: “Los ciudadanos de los Estados Unidos, dueños de las goletas Tigre y Libertad, recibirán las indemnizaciones, que por el órgano de V.S. piden por el daño que recibieron en sus intereses, siempre que V.S. no quede plenamente convencido de la justicia, hemos apresado los dos buques en cuestión (...) con los ciudadanos (norte) americanos que olvidando lo que se debe a la fraternidad, a la amistad y a los principios liberales que seguimos, han intentado y ejecutado burlar el bloqueo y el sitio de las plazas de Guayana y Angostura, para dar armas a unos verdugos y para alimentar unos tigres, que por tres siglos han derramado la mayor parte de la sangre americana, ¡la sangre de sus propios hermanos!” . (BOLIVAR, Simón. Al señor Agente de los Estados Unidos de la América del Norte, Bautista Irving. Angostura, 29 de julio de 1818).
Luego en el miso escrito Bolívar le manifiesta a Irving, quien aduciendo la neutralidad de estados Unidos respecto al conflicto armado en Sudamérica, hablaba exigiendo respeto a los derechos de los propietarios de las embarcaciones capturadas: “en cuanto al daño de los neutrales, que V.S. menciona en su nota, yo no consigo que puedan allegarse en favor de los dueños del Tigre y la Libertad los derechos, que el derecho de gentes concede a los verdaderos neutrales. No son neutrales los que prestan armas municiones de boca y guerra a unas plazas sitiadas y legalmente bloqueadas” (Ibídem). En su contundente y sesuda argumentación Bolívar precisa: “Desde el momento en que este buque (se refiere al Tigre) introdujo elementos militares a nuestros enemigos para hacernos la guerra, violó la neutralidad y pasó de este estado al beligerante: tomó parte de nuestra contienda a favor de nuestros enemigos, y del mismo modo que, si a algunos ciudadanos de los Estados Unidos tomasen servicio con los españoles, estarían sujetos a las leyes que practicamos contra éstos, los buques que protegen, auxilian o sirven su causa deben estarlo y lo están” (ibídem).
Pero aun habiendo el Libertador expuesto con el mayor detalle y cuidad los argumentos que a la luz de las normativas internacionales de la época condenaban la conducta de la tripulación de las embarcaciones, el señor James Monroe por entonces Secretario de Estado de los Estados Unidos, acentuaba su desprecio y hostilidades contra los países de América del Sur difundiendo sus opinión de que lo que había en nuestros territorios no era más que una guerra civil entre partidos y bandos “cuyas fuerzas están equilibradas y que son mirados sin preferencia por los poderes neutrales”. (Citado por PIVIDAL PADRÓN, Francisco: “Bolívar: pensamiento precursor del antiimperialismo”. La Habana, Cuba, 1977. Pág. 59). Monroe, en mensaje al Congreso del 2 de diciembre de 1817, manifestó: “A los dos bandos se les ha negado auxilios en hombres, dinero, barcos y municiones” (ibídem. Pág. 60). Con el argumento del “equilibrio de fuerzas”, mediante acta de abril 20 de 1818 se procedió a prohibir, además, que los suramericanos realizar en el territorio de Estados Unidos actos tendientes a prestarle auxilio material a la revolución.
Bolívar no pasó por alto el trasfondo de doblez de esta “neutralidad”, por lo que en la misma correspondencia a Irving, refutó diciendo que: “¿no sería muy sensible que la leyes las practicase el débil y los abusos los practicase el fuerte? Tal sería nuestro destino si nosotros solos respetásemos los principios y nuestros enemigos nos destruyesen violándolos”. Y en otra correspondencia del 20 de agosto de 1818, dirigida al mismo personaje, le dice: “Hablo de la conducta de los Estados Unidos del norte con respecto a los independientes del sur, y de la rigurosa leyes promulgadas con el objeto de impedir toda especie de auxilios que pudiéramos procurarnos allí. Contra la lenidad de las leyes (norte) americanas se ha visto imponer una pena de 10 años de prisión y 10.000 pesos de multa, que equivale a la muerte contra los virtuosos ciudadanos que quisiesen proteger nuestra causa, la causa de la justicia y de la libertad, la causa de la América”.
“Si es libre el comercio de los neutros para suministrar a ambas partes los medios de hacer la guerra, ¿por qué se prohíbe en el norte?; ¿por qué a la prohibición se añade la severidad de la pena, sin ejemplo en los anales de la República del Norte? ¿No es declararse contra los independientes negarles lo que el derecho de neutralidad les permite exigir? La prohibición no debe entenderse sino directamente contra nosotros que éramos los únicos que necesitábamos protección. Los españoles tenían cuanto necesitaban o podían proveerse en otras partes. Nosotros solos estábamos obligados a ocurrir al Norte así por ser nuestros vecinos y hermanos, como porque nos faltaban los medios y relaciones para dirigirnos a otras potencias. Mr. Cobett ha demostrado plenamente en su semanario la parcialidad de los Estados Unidos a favor de la España en nuestra contienda. Negar a una parte los elementos que no tiene y sin los cuales no puede sostener su pretensión cuando la contraria abunda en ellos es lo mismo que condenarla a que se someta, y en nuestra guerra con España es destinarnos al suplicio, mandarnos exterminar.”
Pero finalmente, esta conferencia en la que se debatían asuntos del derecho internacional y de gentes fue rebajada por Irving a lenguaje burlesco que pretendía ridiculizar a los pequeños pero valerosos cuerpos armados que operaban en las corrientes fluviales de Venezuela, haciendo resistencia a las tropas españolas, lo cual provocó una reacción indignada del Libertador, quien mediante correspondencia del 7 de octubre de 1818 cerró el asunto expresando: “Parece que el intento de V.S. es forzarme a que reciproque los insultos: no lo haré; pero sí protesto a V.S. que no permitiré que se ultraje ni desprecia al gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población, y el resto que quedan sería por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela, combatir contra España que combatir contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”.
Así venían las cosas desde antes de la proclamación de la Monroe Doctrine, y una vez surgida esta de las contradicciones anglo-norteamericanas por el control de la América meridional, la formula “América para los americanos”, no fue más que la premonición de los desafueros expansionistas y hegemonistas que vendrían. Ella pone expresa su rechazo a la intervención de potencias europeas en Hispanoamérica, pero deja a salvo su propio “derecho de intervención”, apoyándose en la truculenta afirmación de John Quincy Adams en cuanto a que “fue la voz del destino manifiesto” la que les puso en tal sendero; es decir, una especie de decreto divino expreso a lo largo de los tiempos en políticas como la del “interés superior”, la “diplomacia del dólar”, la “política del gran garrote”, la “protección ilimitada”, etc.
2. Monroísmo y Santanderismo, antítesis del Bolivarismo.
Pero Estados Unidos no despliega su voracidad en solitaria; desde siempre contaría con los cipayos criollos de cada país en el que ha intervenido. Desde el principio estos elementos generalmente surgidos del seno de las aristocracias, asumieron con beneplácito el mensaje de la Doctrina Monroe, casi que implorando vasallaje. Así ocurrió en el caso de Colombia, donde Francisco de Paula Santander, sin importarle las afrentas propinadas por Estados Unidos a Colombia, la acogió con jolgorio, contrariando los lineamientos patrióticos y anfictiónicos del Libertador, quien de manera tajante se oponía a cualquier trato con ese país.
El 2 de diciembre de 1825, Santander, abriéndole las puertas a la sumisión, escribe:
“Con los Estados Unidos mantenemos las más cordiales relaciones (...). Colombia va a tener el laudable orgullo de ser el primer Estado de la antigua América española que presenta al mundo unido por medio de tratados públicos con la nación más favorecida del genio de la libertad.” (DE PAULA SANTANDER, Francisco. Memorias. 2 de enero de 1825. Citado por HERRERA, Juvenal EN Bolívar el hombre de América, Presencia y camino. Tomo II. Pág. 274. Edición digital de la Agencia Bolivariana de Prensa, ABP). En el mismo contexto exhortó a reconocernos como “hermanos menores” y “dignos discípulos” de los Estados Unidos, diciendo que había que dar gracias a la Providencia por “haber encontrado el sitio de nuestra dicha en el mismo continente americano”.
Como expresa el proyecto de Manifiesto del Movimiento Continental Bolivariano, refiriéndose a la intromisión yanqui en los asuntos internos de los países de Nuestra América, “Se nos fueron metiendo poco a poco agazapados en la intriga y la conspiración. Nada hubiesen logrado sin el concurso de los apátridas traidores… Sembraron la cizaña de la división y desmembraron el ejército libertador, garantía de independencia y libertad. Luego asesinaron a Bolívar en la hacienda Santa Cruz de Papare, cerca a Santa Marta, y mataron a COLOMBIA, categoría hermanadora y de unidad de pueblos.
Cuánta razón tenía el Libertador al vaticinar que “Los Estados Unidos como el amo del reino más poblado de América, sería muy pronto señor de toda la tierra; por fortuna,-decía- se ha visto con frecuencia un puñado de hombres libres vencer a imperios poderosos. Si no me creen, hagan grabar estas palabras en una pirámide de bronce, para que sea leída por las nuevas generaciones, ya que el futuro me dará la razón”.
Al poco tiempo se adueñaron de más de la mitad del territorio de México. Encadenada colocaron en su bandera la estrella de Puerto Rico. Invadieron repúblicas, derrocaron gobiernos insumisos, impusieron dictadores y presidentes títeres, pero por donde quiera haya metido las narices su codicia, ha encontrado la resistencia del decoro. Aunque ese sigue siendo su propósito, nunca pudo engullirse al verde caimán de Cuba, y en su avance neocolonial siempre chocaron con sandinos y caamaños y con la resistencia de un pueblo, que por ahora es un gigante encadenado. Ya veremos cuando rompa los grilletes”. (Tomado del Proyecto de Manifiesto del Movimiento Continental Bolivariano. Septiembre de 2009).
Como vemos, Simón Bolívar, El Libertador, percibió tempranamente la mezquindad de las pretensiones tanto de ingleses como de yanquis, y alertó sobre las mismas, dejando suficiente constancia para la historia. Bastante conocida es su advertencia plasmada en su carta dirigida desde Guayaquil, el 5 de agosto de 1829, a Patricio Campbell: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad”.
Desde Entonces (s. XIX) EE. UU ha escrito con sangre una historia de intervencionismo criminal en contra de de la independencia de Indoamérica.
Si algo les convenía de los procesos de emancipación de los territorios meridionales respecto a España, era el desangre, la desarticulación y debilitamiento que les permitiera luego maniobrar para que finalmente cayéramos en sus garras.
Bolívar, consciente de tales peligros, a toda costa tomaba previsiones que generalmente eran saboteadas por los apátridas que, desafortunadamente, con gran poder actuaban internamente a favor de los intereses de Estados Unidos y en contra del prospecto unificador del Libertador.
Es claro que Bolívar actuó como precursor del antiimperialismo y el internacionalismo revolucionario reivindicando los intereses de las masas explotadas y bregando por la construcción de una gran república en la que se unificaran las ex colonias de lo que es Nuestra América. Así, al tiempo que propulsaba la realización del Congreso Anfictiónico de Panamá, dando pasos ciertos hacia la concreción de su ideal, incluía en sus principios de creación unificadora, fundamentales aspectos de justicia social como “La abolición del tráfico de esclavos de África”, lo cual sin duda indisponía a los Estados Unidos como primera potencia esclavista del mundo que era.
A sabiendas de ello, y conocedor como era de las pretensiones de Santander de invitar a Estados unidos al certamen, Bolívar le escribe el 8 de mayo de 1825: “...repetiré nuevamente que la federación con Buenos Aires y los Estados Unidos me parece muy peligrosa...”. “Desde luego los señores (norte) americanos serán sus mayores opositores (se refiere a la Confederación y alianza con Inglaterra), a título de la independencia y libertad; pero el verdadero título es por egoísmo” (HERRERA TORRES, Juvenal. Op. Cit., pág. 170). Luego, el 21 de octubre del mismo año reitera a Santander: “Nunca me he atrevido a decir a usted lo que pensaba de sus mensajes, que yo conozco muy bien que son perfectos, pero que no me gustan porque se parecen a los del Presidente de los regatones (norte) americanos. Aborrezco a ese canalla de tal modo, que no quisiera que se dijera que un Colombiano hacía nada como ellos” (Ibídem. Pág. 171).
Con este convencimiento observaba el Libertador al Imperio del norte, guardando además recelos por su conducta agraviante. Pues, el incidente de las goletas Tigre y Libertad no fue el único de ese tipo; entre otros casos en los que se observó que Estados Unidos, aún después de reconocer a la República de Colombia, siguió introduciendo armas para apoyar la contrarrevolución española, está el de la embarcación norteamericana Chappel, que desembarcó mil escopetas y otros pertrechos por Chagres (en Panamá). Sobre ello Bolívar le había escrito a Santander el 13 de junio de 1826, diciéndole: “… recomiendo a usted que haga tener la mayor vigilancia sobre estos (norte) americanos que frecuentan las costas: son capaces de vender a Colombia por un real...". (Ibídem. Pág. 171). Poco tiempo después escribe: “Los Estados Unidos son los peores y son los más fuertes al mismo tiempo” (en carta a Estanislao Vergara). (También citado por HERRERA TORRES en la obra referenciada).
Siendo Bolívar un militante de la libertad y de la justicia, no podía un país con pretensiones imperiales como Estrados Unidos mirarlo sino como enemigo. Sin profundizar en el asunto, sustentemos esta afirmación mencionando la manera pertinaz como conspiraron para impedir la unificación; recordemos el papel, por ejemplo, de William Tudor desde la legación yanqui en el Perú hacia 1827, época en que los Estados Unidos habían avanzado bastante en su papel intervencionista. De sus correos se colige su activa participación en la conspiración del coronel José Bustamante, quien sobornado por la aristocracia criolla peruana y el gobierno de Estados Unidos, al frente de 2.700 soldados sublevó la Tercera División Colombiana y redujo a prisión a los jefes y oficiales venezolanos al tiempo que anunció que desconocía la autoridad colombiana. Consecutivamente se desató una campaña de difamación contra “el tirano Bolívar”, a fin de liquidar su obra política en Perú y en todo el sur. En la correspondencia que Tudor envía en 1827 al Departamento de Estado se puede observar que el funcionario yanqui maneja información interna sobre los planes políticos de Colombia, que sólo habría podido ser entregada por Santander. De hecho, es manifiesta la animadversión de Tudor contra Bolívar y Sucre y la intención abierta de beneficiar a Santander. Ambos personajes, el norteamericano y el traicionero “colombiano”, actúan evidentemente como espías y manipuladores, pretendiendo definir los destinos de Lima y Bogotá en contra de los ideales del Libertador.
En uno de sus informes de febrero de 1827, manifiesta Tudor: "La esperanza de que los proyectos de Bolívar están ahora efectivamente destruidos, es una de las más consoladoras. Esto es no solo motivo de felicitación en lo relativo a la América del Sur, liberada de un despotismo militar y de proyectos de insaciable ambición (se refiere a Bolívar) que habrían consumido todos sus recursos, sino que también los Estados Unidos se ven aliviados de un enemigo peligroso en el futuro…si hubiera triunfado estoy persuadido de que habríamos sufrido su animosidad...". "...su fe principal (la del Libertador) para redimirse ante el partido liberal del mundo la tiene depositada en el odio a la esclavitud y el deseo de abolirlos. Leed su incendiaria diatriba contra ella en la introducción a su indescriptible Constitución; tómense en consideración las pérdidas y destrucción consiguientes a la emancipación y que el régimen no podrá ser jamás restablecido en estos países; téngase presente que sus soldados y muchos de sus oficiales son de mezcla africana y que ellos y otros de esa clase tendrán después un natural resentimiento contra todo el que tome eso de argumento pare su degradación; contémplese al Haití de hoy y a Cuba poco después y al infalible éxito de los abolicionistas ingleses; calculase el censo de nuestros esclavos…; y luego, sin aducir motivos ulteriores, júzguese y dígase si el “loco” de Colombia podría habernos molestado. ¡Ah, señor, este es un asunto cuyos peligros no se limitan a temerle a él...!”. (HERRERA TORRES, Juvenal. Óp. Cit., Tomo II. Pág. 232).
Está claro en este informe por qué no les gustaba “el loco de Colombia”, por qué era incómodo el Libertador para quienes deseaban desmembrar a Colombia e instalar el régimen de sumisión que aún controlan con tanta saña en contra del pueblo, sobre todo desde el momento en que Andrew Jackson (como presidente de Estados Unidos), contando con la gran traición del santanderismo a los sueños de emancipación, ordenó la conspiración que concluyó con el asesinato de Bolívar.
Para Estados Unidos de América, mantener el continente como su “patio trasero”, y campo de tiro para sus diversas políticas filibusteras, para sus cañoneras…, ha implicado fomentar la división política y sostener los gobiernos lacayos cuya máxima aspiración no pasa de ser la de recibir para las oligarquías las migajas que le deje caer el imperio.
No obstante, no siendo dóciles los pueblos a los que pretenden sumisos, su política hegemónica incluye como factor principal la existencia de un aparato militar ingente que garantice su supremacía a toda costa.
3. Santa Fe IV y la pelea táctica en Colombia.
Esa lógica mezquina del país que consume quizás más del 25 % de la producción mundial de petróleo, pero que apenas representa el 9 % de su generación, es la que deriva en la vieja y nociva Doctrina de la Seguridad Nacional, con sus modalidades renovadas.
De esa política guerrerista y la filosofía del “enemigo interno”, se desprende la militarización y la actuación criminal que el Imperio y las oligarquías sumisas despliegan en nuestro continente.
Hoy por hoy, el escenario Colombia-Venezuela presenta, contra el hegemonismo yanqui, una férrea resistencia de profundo contenido bolivariano expresado, por un lado en una guerrilla convertida en obstáculo principal al avance de las trasnacionales, y por otro lado en la presencia de la revolución venezolana con toda la carga de su ejemplo en la construcción social alternativa, motivando un polo de poder emancipador que encarna la materialización del pensamiento paradigmático del Libertador, ahora en un escenario latinoamericano y caribeño caracterizado por la irrupción de una ola de anhelos de definitiva independencia.
Pero de ninguna manera el Imperio está dispuesto a perder su dominio geopolítico, menos aún en tiempos de crisis energética, de crisis en el dominio de recursos naturales suficientes para saciar su voracidad…, crisis sistémica del capitalismo en general.
Por ello, tomar Colombia para desde ahí garantizar el control del continente, es una prioridad que se debe entender como la determinación de buscar el dominio del eje Bogotá, Caracas, Quito, para impedir el avance del espectro gran-colombiano de unidad en post de la Patria Grande que haga de la América Nuestra el contra-imperio desde donde, como lo soñó Bolívar, mane luz emancipadora.
Dentro de este propósito marcha Washington, actuando simultáneamente en todo el continente, pero centrando esfuerzos en el aplastamiento de la resistencia armada colombiana y en la desestabilización de Venezuela, en manera tal que en un plazo corto pueda tener el control político, militar y económico de este escenario, para ellos problemático, en primera instancia.
Estados Unidos, en su instructivo de guerra Santa Fe IV, ha sentado como factores principales de peligro, entre muchos otros, la existencia de la insurgencia en Colombia, a la que etiqueta y demoniza con el concepto de narco-terrorista; le preocupa el surgimiento de gobiernos autónomos, nacionalistas, anticapitalistas o que no le caminen a la unipolaridad yanqui, y sobre manera le altera el re-surgimiento y fortalecimiento del pensamiento bolivariano que impele a la lucha anticolonial, unificante y anti-hegemónica, fusionada como proyecto de Patria Grande a los ideales del socialismo. Plantea este problema considerando que en los países andinos está surgiendo un “militarismo izquierdista” con un bolivarismo que se ha convertido en “un grito de ataque de los comunistas y socialistas”. (Santa Fe IV).
A este tipo de preocupaciones obedece, en gran medida, el despliegue de las Bases militares; a este propósito entre otros, obedece, digamos por caso, la enorme inversión militar a favor del régimen fascista de Álvaro Uribe Vélez, desde donde surgen, además, las conspiraciones principales contra Venezuela y Ecuador.
Implantar Bases militares en territorio latinoamericano y caribeño, es desarrollar la estrategia de recolonización yanqui. Santa Fe IV (denominación que deriva del topónimo de la capital del Estado de Nuevo México, cuyo territorio fue arrebatado por EE.UU a México en 1846. Allí se elaboraron los documentos así nombrados y que recogen los juicios y directrices recolonizadoras concebidas por lo llamados Halcones del Parido Republicano gringo como bitácora militarista de intervención), es uno de los más conservadores instructivos guerreristas que describe la determinación expansionista del imperio del norte, en especial sobre la región Andino-amazónica.
Desde un poco antes que George Bush asumiera la Presidencia de los Estados Unidos, los Halcones republicanos habías concebido y presentado el prospecto al vaquero yanqui.
De los lineamientos de tal documento se derivarán muchas de las medidas de impacto geoestratégico para el continente, las cuales toman mayor ímpetu tras la excusa que se genera después de los atentados del 11 de Septiembre de 2001 en Nueva York. George Bush inaugura su “lucha global y continuada contra el terrorismo a escala mundial”, para lo que despliega una rigurosa campaña para estructurar una coalición mundial de tipo militar contra esos etéreos “terroristas” que en principio ubica en Afganistán, en el nombre de Osama bin Laden (supuesto líder de la organización Al-Qaeda que estaría refugiado en el país asiático) y los Talibanes. Su despliegue político-militar llevará el nombre de Operación Libertad Duradera, y fundamentándose en su tramposa doctrina desatará guerras como las que aún mantiene Obama contra Afganistán bajo cualquier excusa espuria: la persecución de Osama bin Laden o de los Talibanes, la búsqueda de armas de destrucción masiva, o cualquier otro cuento de camino.
La militarización de la economía y la política yanquis, el despliegue de su “diplomacia” armada, de alcance extraterritorial, supranacional…, planetario, de profundo acento unilateral, inequívocamente imperial, se ha complementado con acciones como la denuncia del Protocolo de Kyoto referido al recalentamiento global (febrero de 2001) y la retirada del Tratado de Misiles Antibalísticos (o Tratado ABM, anunciado en diciembre 13 de 2001), justificado con el argumento de la defensa nacional frente a las amenazas del terrorismo internacional.
Antes de las elecciones para renovar la cámara y parte del Senado, espacios donde el partido Republicano logra firme posicionamiento, el gobierno de George Bush aprueba su Estrategia de Seguridad Nacional (septiembre de 2002), esgrimiendo ante el mundo que “los Estados unidos poseen una fuerza e influencia sin precedentes, y sin igual, en el mundo. Nuestras fuerzas tendrán el poder suficiente para disuadir a los adversarios en potencia de iniciar una escalada militar con la esperanza de superar o igualar el poderío de Estados Unidos” (The National Security Strategy of the United State of America).
En noviembre de 2002 Bush promueve la estructuración del Departamento de Seguridad Interior, en el que integra alrededor de 20 agencias federales, al parecer para centralizar inteligencia, la cual se proyecta que comience a funcionar a plenitud en 2004). Se integra también una comisión para investigar los atentados del 11 de septiembre. No obstante, de antemano las disposiciones de guerra contra los objetivos definidos sin que medie investigación, se ponen en marcha. El criterio de selección es, sencillamente, el interés económico, fundamentalmente el interés energético.
Se trata del despliegue, a toda máquina, de una desbocada política armamentista diseñada para crear incendios en uno y otro lado del orbe en busca de riquezas ajenas.
Pero insistamos en que no son los ataques contra el World Trade Center, ni los miles de muertos allí causados, ni el ataque casi simultaneo contra el Pentágono las causas de la llamada “lucha antiterrorista” definida por Washington. No yéndonos lejos en el tiempo, recordemos, por ejemplo, que el 27 de marzo de 2001, es decir antes de llamado “11-S”; o sea, cuando aún no había tal excusa, en General Peter Pace, Comandante del Coman do Sur de los Estados Unidos (US. SOUTHCOM), presentó ante el Comité de Servicios de las Fuerzas Armadas del Senado de los EE. UU., argumentos que apuntaban a justificar una estrategia para el incremento del poder militar en el área de América Latina y el Caribe. Uno de los tantos aspectos de tipo económico era que “América Latina y el Caribe suministran más petróleo a los Estados Unidos que todos los países del Medio Oriente”. (Citado por PETRAS, James, en Construcción del Imperio de América Latina: La Estrategia Militar de los estados Unidos. Página digital de La Haine).
La preocupación por el control de biodiversidad y acceso a materias primas de orden estratégico, como fuentes energéticas e hídricas baratas, está como constante en el discurso de los altos jerarcas de Estados Unidos, al lado de la inquietud por los beneficios económicos, por la expansión de mercados en los que puedan realizar sus mercancías, servicios, tecnología, etc. sin obstáculos ni restricciones en toda la extensión de “su patio trasero”, a través de procesos de globalización capitalista que se traducen en la imposición de iniciativas como el ALCA (Área del Libre Comercio en las Américas), el Plan Puebla-Panamá, la Iniciativa Regional Andina…; es decir, la aplicación del neoliberalismo. Y como su aplicación es para el imperio “una necesidad”, para controlar su “espacio vital” (lebensraum), en el sentido más execrable de la mentalidad fascista, ella se realiza a las buenas o a las malas, ideando cualquier excusa que justifique su geopolítica de expansión territorial que les permita existencia en condiciones de supremacía.
Se entiende entonces, así, por qué desde antes de comenzar el presente siglo, poniendo un punto cercano de referencia, para las elites yanquis hay necesidad de mostrar el poderío militar del imperio; por qué, Madeleine Albrigth (Secretaria de estado de Estados Unidos en 1999), expresó que “para que la mundialización funcione, Estados Unidos no debe tener miedo de actuar como la superpotencia invencible que es en realidad. La mano invisible del mercado no funcionará jamás sin un puño invencible. McDonald’s no puede expandirse sin McDugla’s, el fabricante de los aviones F-15. El puño invisible que garantiza la seguridad mundial de las tecnologías del Silicón Valley, se llama ejército de los estados Unidos”; por qué para los Halcones de Washington, según lo consignan en Santa Fe IV, los negocios solo pueden avanzar si van de la mano de la fuerza; se entiende por qué, aunque se lamentan de no tener el US. SOUTHCOM en Panamá, realzan la validez y vigencia de sus métodos y de su presencia activa donde quiera se ubique.
Para los Halcones siguen siendo una necesidad aparatos como el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), La Junta de Defensa Interamericana (IADB) y otros organismos “políticos”, tipo OEA (Organización de Estados Americanos), suficientemente conocidos y que sustentados con argumentos que hablan de la “seguridad hemisférica”, no son más que instrumentos para la recolonización imperialista.
Pero ocurre que en Nuestra América, al proyecto unipolar y neoliberal yanqui le han surgido alternativas opuestas que además de ir en los puños y banderas de la resistencia popular expresada en movimientos de orden político, social y de otros tipos, se han materializado también en iniciativas de gobiernos anti-capitalistas que abogan por emprendimientos multipolares que respeten la soberanía y la dignidad de los pueblos; emprendimientos de resistencia, por ejemplo al ALCA y a los TLC (Tratados de Libre Comercio) que sólo benefician a las trasnacionales del dólar; emprendimientos a la manera, digamos, de Petrosur, Petrocaribe, ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas), Telesur, Unasur, el Banco del Sur, etc., que son mirados ya desde Washington como obstáculos a su estrategia expansionista.
Así las cosas, este escenario de germen emancipador, previsto por Washington pretendía ser evitado con medidas como la implementación del Plan Colombia, pues desde antes de este nuevo período de estigmatizaciones inaugurado con la guerra antiterrorismo decretada por George Bush, las condiciones para la expansión sin obstáculos se venían implementando. En todo ello la insurgencia bolivariana y el despertar vibrante del pensamiento bolivariano en la América Meridional, se comenzaban a observar como obstáculos principales, más cuando el ascenso de Hugo Chávez Frías a la Presidencia de la República de Venezuela tomó el rumbo de la construcción de un orden social fundamentado en el proyecto de justicia del Libertador. . Estos temores de los halcones de Washington se incrementaron desde los tiempos en que se firmó el tratado Cárter-Torrijos (1977), mediante el cual se estipulaba que el canal pasaría a control panameño en diciembre de 1999. Como consecuencia, al llegar el año 2000 la Base Howard, centro de operaciones del Comando Sur sale de Panamá y, entonces, el gobierno yanqui decide establecer un nuevo esquema de control continental mediante las llamadas Bases militares que enclava en diversos puntos del continente.
Dentro de este marco de sucesos se produce también la firma del llamado Plan Colombia. Recordemos cómo en junio de 1999, en una publicación del Departamento de Estado de Estados Unidos se indica la necesidad de enmascarar tras la idea de la lucha contra el narcotráfico, utilizando el concepto de “narcoguerrilla”, los objetivos y operaciones de las llamadas Forward Operating Locations que dependerían de las Bases Militares norteamericanas o de control norteamericano. En realidad se trata del desarrollo de un planteamiento que obedece a líneas políticas de Estado, tal como se puede observar que está consignado en el Informe del Instituto de Estudios Estratégico de la Escuela de Guerra del ejército de los Estados Unidos el incremento de la militarización del escenario continental. Dicho informe contempla, por ejemplo:
“…2. El aumento de la presencia militar directa en la región y el mejoramiento del entrenamiento de las fuerzas regulares de Estados Unidos; 3. Incrementar la capacidad militar, incluyendo las actividades de inteligencia de los ejércitos y fuerzas policiales de la región…, desarrollar una estrategia de ‘guerra de coalición’ entre estas fuerzas y las norteamericanas (…)”. (En The Washington Post, julio 10 de 1999. U. S. Widens Colombia Counter-Drug Efforts. Restrictions Loosened on Data Sharing).
El documento planteaba, además, “continuar aumentando la ayuda militar y la instalación de Bases militares”, tal como efectivamente lo han venido haciendo, y como en su momento se sustentó en el documento Santa fe IV cuando esbozó la estrategia de dominación sobre el continente y tal como lo han expresado y puesto en práctica sus ejecutores, interpretando que la lucha contrainsurgente en Colombia es objetivo prioritario: “La mayor parte de los activos disponibles por nosotros están enfocados en la pela táctica en Colombia” (General James T. Hill, en www.southcom.mil. 2004).
El mismo personaje, para entonces Jefe del Comando Sur de USA, en declaraciones ante el Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes, “advertía” sobre lo que consideraba como una nueva amenaza que estaba surgiendo en América Latina y que denominó “El populismo radical”: “…los líderes –decía-, están logrando a la vez reforzar sus posiciones radicales al alimentar el sentimiento antiestadounidense. Adicionalmente, otros actores buscan minar los intereses estadounidenses en la región al apoyar estos movimientos”. A manera de ejemplo, Hill presentó a Haití, Venezuela y Bolivia, donde, según él, líderes ‘radicales’ estaban promoviendo sentimientos antiestadunidenses al tiempo que buscaban explotar el ‘frágil contexto de sus países para promover y reforzar su poder’. Por entonces, agregó Hill que “la crisis económica argentina ha provocado que muchos cuestionen la validez de las reformas neoliberales…” Con estas viejas preocupaciones se desenvolvió la política militarista referenciada, y su desarrollo se complementa ahora con los lineamientos trazados en el llamado “Libro Blanco”, (Mobility Command Southcom, La estrategia de ruta del Comando Sur).
Así, dentro de esta estrategia es que se han creado y ahora fortalecido las Bases Militares; dentro de esta determinación es que el Comando Sur puso sus ojos sobre la Base Militar de Palanquero, robusteciéndola argumentando que se trata del desarrollo de un “viejo acuerdo de seguridad y cooperación con Colombia”; dentro de esta estrategia es que se han desplegado las Bases de Tres Esquinas y Larandia, que ahora se disponen plenamente como Bases yanquis al lado de puntos militares como Bahía Málaga, el apostadero naval de Cartagena, la Base aérea de Malambo, o Bases como Tolemaida y Apiay, entre otras.
Es dentro de tal estrategia, que se despliega la Política de Seguridad Democrática de Uribe Vélez, el desmadre del mal llamado “Plan Patriota”, la presencia de mercenarios como los llamados “Contratistas” para que asuman el pilotaje de naves o los adiestramientos de pilotos criollos en navegación nocturna, manejo de helicópteros, comunicaciones, inteligencia técnica, procesamiento de datos de radares; en fin, en acciones especializadas de guerra, involucrándose plenamente en el conflicto interno pretendiendo descaradamente que su labor no compromete al Estado yanqui o a cualquier otro Estado intervencionista. Así es como a Colombia han llegado empresas como Dyncorp, Lockeed Martin Corp, The Rendon Group, Northrop Grumman, Arinc Inc, TRW, Matacom, etc.
Es a esta maquinaria de guerra a la que se han enfrentado las fuerzas insurgentes de Colombia pensando en la Patria Grande y el Socialismo; es a estas fuerzas siniestras que tendrá que enfrentarse la Venezuela Bolivariana sobre la que ahora apuntan las cañoneras del imperio; y no solamengte, pues no es un asunto limitado a la pólvora y las balas; en ello se emplean todas las formas de lucha, todos los procedimientos. Al respecto recordemos lo que hace algún tiempo, por ejemplo, en desenvolvimiento de sus teoría de guerra, funcionarios yanquis explicaban respecto a la penetración cultural, de la cual se decía que debía ser total; se hablaba de hacerlo hasta en lo más íntimo, en todos los espacios sociales y de la vida cotidiana; es decir en espacios como la educación, la salud, la higiene, la alimentación, el entretenimiento, las publicaciones…, en los medios de comunicación masiva, en las actividades artísticas, poéticas, folclóricas, musicales; en los ámbitos político, económico, religioso, etc. hasta tocar en lo más íntimo del sistema mental y organizativo “del adversario”. La evidencia de este tipo de instrucciones la encontramos, por poner un caso, en lo que en Marine Coros Gassette (pags. 22-26) dicen William Lind, el Coronel Keith Nightengale, el Capitán Jhon Schmitt, el coronel Joseph Sutton y el Coronel Gary Wilson, militares yanquis, hacia octubre de 1989:
“En términos más amplios, las guerras de cuarta generación probablemente serán ampliamente dispersas y ampliamente indefinibles; la distinción entre guerra y paz será borrosa y no habrá un punto de distinción. Será una guerra no lineal, al punto de que no se podrán definir campos de batalla ni frentes. La distinción entre "civil" y "militar" podría desaparecer. Las acciones ocurrirán corrientemente a través de todos los participantes, incluyendo su sociedad como entidad cultural y no como entidad física… …todos estos elementos están presentes en las guerras de tercera generación. Las guerras de cuarta generación simplemente acentuarán lo anterior… Las Operaciones Psicológicas podrían convertirse en el arma estratégica operacional dominante en la forma de intervención información/medios… Las noticias se convertirán en armas operacionales más poderosas que las mismas divisiones de las fuerzas armadas”.
Bien, pues es contra todo este aparataje monstruoso del Imperio, el cual está en acción desde hace mucho tiempo, que deberá unirse el continente para frenar su avance recolonizador.
Pero la guerra global de los Estados Unidos mantiene todas sus viejas aberraciones, ahora potenciadas claro está, en el plano de la guerra de baja intensidad o el de la guerra sucia…, en sus guerras de tercera, cuarta o cualquier otra generación, incluyendo las prácticas de tierra arrasada para imponer la pax de los sepulcros. Una de sus mayores abominaciones es, quizás, la utilización de la estrategia paramilitar, a la cual nos referiremos en capítulos posteriores.
4. Las Bases Militares y la violación del Derecho Internacional.
Las Bases Militares podemos entenderlas como enclaves que atentan contra el orden jurídico internacional, aunque se pretenda por parte de Estados Unidos que su instalación pueda estar amparada en el mismo.
Jamás se puede admitir que el personal militar, obviamente entrenado para la guerra, equipado con instrumentos bélicos, generalmente ofensivos, puedan estar cobijados por convenciones como las de Viena, según se pretende cuando se han firmado los “acuerdos” de instalación de Bases militares y marines que en ella operen.
Valga expresar que las Convenciones sobre Relaciones Diplomáticas (19619), Relaciones Consulares (1963), Misiones Oficiales (1969), no fueron diseñadas para personal militar o prácticas de guerra, sino para darle sustento a la práctica diplomática de los Estados.
Es un exabrupto pretender que militares que actúan en un escenario en el que el Estado Huésped ha perdido su soberanía puedan pretender los privilegios e inmunidades del personal diplomático y consular que representa a un país extranjero, acudiendo a subterfugios como el de incluirlo como “personal técnico y administrativo de la embajada”.
Es un hecho que regularmente las Bases se instalan combinando presión imperial y subyugación o complacencia de las oligarquías gobernantes en los países huéspedes, y por ello implican la subordinación de los ejércitos locales y de toda la institucionalidad de un país, con el agravante que se suele reforzar el carácter despótico de la fuerza ocupante mediante la suscripción de “acuerdos” bilaterales de inmunidad que en sin significa impunidad, en tanto su propósito es evitar que los efectivos que operarán desde las Bases en el contexto territorial , si cometen un crimen de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio, puedan ser procesados según lo definido por las instancias que se derivan del Estatuto de Roma; es decir, por la Corte Penal Internacional (creada en 1998) .
En tal sentido es conocida la campaña de chantaje y amenaza que EE. UU. Ha sostenido para imponer a decenas de países “acuerdos bilaterales” que le aseguren inmunidad, obligando a violar, flagrantemente, a los países sometidos, el Tratado de Roma que suscribieron, y violando además la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados que expresa que un Estado que ha firmado un tratado “deberá abstenerse de actos en virtud de los cuales se frustren el objetivo y el fin del tratado”, (artículo 18).
La dinámica de imposición de los enclaves militares ha implicado, incluso, la violación de los ordenamientos constitucionales de diversos países que poseen prohibiciones expresas en cuanto a permitir la utilización del territorio para tales propósitos, tal como ha ocurrido, por ejemplo, en el caso de Honduras, cuya Carta Magna expresa respecto a su soberanía y jurisdicción territorial que, “el dominio del Estado es inalienable e imprescriptible”. No obstante Estados Unidos instaló la Base Aérea de Soto Cano, desde donde operó por mucho tiempo manteniendo control militar hostil sobre Centro América, sin que ello aún culmine.
5. El militarismo del poder colonial yanqui.
Estados Unidos ha diseminado su poder colonial estableciendo una intrincada red de Bases Militares que literalmente hablando, tienen atrapado al planeta. Se trata de un enorme y fortísimo Imperio de Bases que se enclavan como si se tratara de colonias. En este despliegue recolonizador, imperialismo y militarismo van de la mano.
Según cálculos modestos, el ejército yanqui ha desplegado en el exterior al menos medio millón de soldados, instructores, técnicos, espías. Auxiliares y contratistas civiles. Pero nadie sabe con exactitud la dimensión real de esta maquinaria de guerra, pues los informes oficiales sobre este tema están llenos de ocultamientos y engaños.
En el 2003, en el anuario del Departamento de Defensa, “Base Structure Report”, al detallarse el patrimonio inmobiliario del Ejército de los estados Unidos, de dentro y de fuera del país, se hablaba de que el Pentágono tenía en propiedad o en alquiler 702 Bases en el exterior en unos 180 países, y 6000 Bases en Estados Unidos y sus territorios.
Como personal uniformado, propiamente, se apuntaba que el Alto Mando del ejército tenías desplegados 253.288 efectivos, a los que había que sumar un tanto similar de familiares y funcionarios civiles del Departamento de Defensa, y 44.446 extranjeros locales contratados.
Durante los últimos seis años, mucha agua ha corrido bajo los puentes, tanta como la sangre que han hecho correr las guerras desatadas por el imperio. La militarización de la política interior y exterior yanqui ha multiplicado las cifras correspondientes a las Bases, tropas, contratistas e instrumentos de guerra, incrementando además su privatización en beneficio de industrias civiles que incluye desde fabricantes de armas y constructores de infraestructura, como a contratistas de servicios, de recreación, de publicidad, de mantenimiento de remotos puestos militares, etc.
Hasta el año 2003, Estados Unidos, según datos oficiales, para sostener y ampliar su dominio imperial y los dividendos de compañías privadas, tenía trece destacamentos de fuerzas navales alrededor de los portaviones Kitty Hawk, Enterprise, J F. Kennedy, Constellation, Carl Vinson, Numitz, Dwight David Eisenhower, Teodoro Roosvelt, Abraham Lincoln, George Washington, Harry S. Trumman y Ronald Reagan.
De esta descomunal maquinaria de guerra, se benefician y dependen importantes y amplios sectores de la economía estadounidense, al punto que en ocasiones a las empresas privadas de prestación de servicios ha fluido hasta el treinta por ciento de las asignaciones presupuestales, en cantidades mil-millonarias de dólares. Ejemplos de ello se pueden observar en el desenvolvimiento de la guerra en Irak, donde estos servicios incluyen hasta elegantes camareros que atienden a los altos oficiales de la 82 División Aerotransportada, ó el establecimiento de hostelerías, como ocurre en la Base Militar montada en el aeropuerto internacional de Bagdad donde han instalado un Burger King.
Beneficiarias de esta creciente privatización del sistema de funcionamiento de las Bases han sido, por ejemplo, Empresas como Kellogg, ó la filial de Halliburton denominada Brown & Root (de Huston), constructora y prestadora de servicios, ó la empresa Control Supply (de Tulsa, en el Estado de Oklahoma), y sus subcontratista Sun Fun Products (en Daytona Beach, Estado de la Florida) que proveyó las cremas o protectores solares Native Tan, usados por los soldados que actuaron en la Segunda Guerra del Golfo.
Pero a las Bases que ya hemos mencionado atendiendo a la información del Anuario del Departamento de Defensa, hay que agregar otras fortalezas que en él no se mencionan, pero que evidentemente existen con toda su carga de terror y muerte. Es el caso de otras Bases desplegadas en Irak y las que están emplazadas en Afganistán, como las muchas otras que después de los sucesos del 11 de septiembre en Nueva York, fueron construidas en lo que los ideólogos del imperio han llamado el “arco de inestabilidad”
Sin adentrarnos en las razones de su omisión, lo que debemos decir es que no se puede pasar por alto enclaves de la dimensión e importancia que tiene por ejemplo Camp Anaconda como cuartel general de la 3ª. Brigada de la IV División de Infantería, la cual ocupa 25 Km. Cuadrados, con alrededor de 20.000 efectivos en su seno.
Si atendemos a casos como esta omisión en la información, o a casos como el de la isla Okinawa, ubicada hacia el sur del Japón, donde Estados Unidos reconoce la existencia sólo de la Base Marina Camp Butler, cuando en realidad posee diez Bases de destacamentos de marina, podemos dar por cierto que las Bases del Imperio en países del exterior sobrepasa el número de mil (1000), lo cual constituye un desmesurado aparataje bélico, desplegada en función, ahora, de la llamada “guerra preventiva”, que está dirigida contra “los malos de la película”. Especialmente durante el gobierno de George W. Bush, los artífices del despliegue yanqui de guerra denominaron como “arco de inestabilidad” al cinturón territorial que va desde Colombia, ó desde la Amazonía hasta Indonesia, luego de pasar por el norte de África y el cercano Oriente, marcando coincidencia con áreas donde se ubican importantes reservas energéticas.
6. El reposicionamiento de las Bases.
Desde el año 2003, en Estados Unidos, se ha hecho evidente el debate sobre el asunto de disminuir o resituar en algunos casos, las Bases instaladas durante el desarrollo de la “Guerra Fría”, en procura de “re-posicionar” la fuerza bélica del Imperio en los puntos más próximos al llamado “arco de inestabilidad”.
En los tiempos en que Colin Powell era el Secretario de Estado de George W. Bush, la expansión de la máquina militar yanqui ya hacía pensar a sus gobernantes con preocupación por la insolvencia fiscal que venía engendrando tal evolución. De tal manera que cuando él hablaba del despliegue de una “nueva familia de Bases” y se mencionaba la instalación de los “nenúfares”, en el mismo momento el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, manifestaba que le gustaría desprenderse de por lo menos la tercera parte de las Bases que las Fuerzas Armadas gringas tenían en el interior del país, y desembarazarse también de una cuarta parte de las Bases relacionadas con la Fuerza Aérea interior.
Estas pretensiones no estuvieron exentas de oposición por parte de quienes poseen beneficios que se derivan de la existencia y mantenimiento de las viejas Bases. En efecto, entonces, parlamentarios que respondían a este interés levantaron su voz para exigir que primero se desmontaran las Bases que EE. UU. tenían en el exterior, argumentando, además que los efectivos que de allí se desplazaran fuesen recibidos en las Bases del interior. Para la creación de las nuevas estructuras a las que pudiesen saltar los soldados yanquis desde las Bases de la OTAN, Japón, o Reino Unido, Colin Powell mostraba como posibles sedes a Rumania, Bulgaria y Polonia, en lo que llamaba la “nueva “Europa; India, Singapur, Malasia, Filipinas en el continente asiático; Argelia Marruecos, Túnez, Senegal, Sierra Leona, Mali y Ghana en el continente Africano. Además se mencionaba. Se tomaba entonces como modelo las viejas estructuras construidas con anterioridad en Pakistán o alrededor del Golfo Pérsico, previendo definir con los gobiernos cipayos, “acuerdos” bilaterales que garanticen, con el manido argumento de su “guerra contra el terrorismo”, actuar con plena inmunidad (es decir con impunidad), al margen de cualquier restricción civil.
Como antes fueron la llamada guerra contra el comunismo, o la defensa de los intereses o de los ciudadanos de Estados Unidos, excusar falaces para desencadenar guerras para someter a naciones más débiles, hoy la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo de parte del país que más consume narcóticos y más utiliza el terror como arma de dominación, son excusas para el desenvolvimiento de una estrategia imperialista, expansionista, con la que se pretende el dominio económico y militar sobre el mundo.
Y Aunque desde el primer lustro de esta década, los altos funcionarios del Imperio filtraron planes que tenían que ver con la aparente “racionalización” de la fuerza refiriéndose al cierre de Bases situadas en Alemania, Corea del Sur, Okinawa, Arabia Saudita, Turquía, entre otras, lo cierto es que no hay nada que a ciencia cierta indique medidas prácticas, evidentes, que hagan pensar en que la militarización se ha reducido, o frenado, más cuando se sabe que tal determinación ha sido objetada argumentando indecibles dificultades, como la de no disponer, por ejemplo, para el caso de las tropas yanquis enclavadas en Alemania, de recursos que permitan cubrir costos para la construcción de nuevas instalaciones y solventar el traslado de más de 70 mil efectivos entre los que se cuentan soldados y pilotos. En todo caso si bien es cierto que desde el Imperio se trata de definir procedimientos que permitan contrarrestar los gastos de expansión previendo el desmonte de estructuras de la época de la Guerra Fría, jamás Estados Unidos ha renunciado a su propósito de dominar el mundo utilizando su fuerza militar y la colonización ideológica de su también ingente aparato mediático.
7. Secuencia creciente de la Militarización en la América Nuestra.
En 1945 Estados Unidos contaba con 288 Bases en el Atlántico y Europa; 195 en el pacífico y 11 en el Océano Índico. Se trataba de un conjunto militar que respondía principalmente a la bipolaridad existente entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en el plano de lo que el imperio yanqui planteó como lucha anti-comunista.
En una segunda oleada de instalación de Bases, el argumento sustentado era el de la lucha contra el narcotráfico, liderado por el Presidente Ronald Regan, quien declaro la “guerra a las drogas”, siempre con una visión de extraterritorialidad propia de la mentalidad imperialista. En este período desatado en los años ochenta, la militarización de la política exterior yanqui se expresó involucrando personal militar gringo y local de diversos países en operaciones aparentemente orientadas a acabar con el flagelo del narcotráfico, asumiendo una “solución” militar del asunto, bajo la consideración de que era un “asunto de seguridad nacional”.
En adelante, bajo esta excusa, la militarización en muchos escenarios de la América meridional implicaría radarización e interdicción aérea, construcción de Bases en áreas de cultivos “ilícitos”, estructuración de cuerpos especiales para la “lucha anti-drogas”, militarización de la policía con adiestramiento, conducción y control del Comando Sur, sin que ello efectivamente se tradujera en una merma de la narco producción, pero sí en intervencionismo creciente.
En una síntesis apretada que describa el panorama de las Bases Militares en Nuestras América podemos mencionar las siguientes:
Base Militar de Manta, en Ecuador (retirada en el año que transcurre); Base Militar de Iquitos, ubicada en la Amazonía peruana controlando su área de operaciones con lanchas y equipamento fluvial. En el mismo Perú se encuentra la Base Naval de Santa Lucía, sobre el río Nanay; Base Naval de Guantánamo, en Cuba (Contra toda normatividad jurídica, mantienen en ella prisioneros acusados de terrorismos); Base Aérea José Enrique Soto Cano, o Base de Palmerola, ubicada al norte de Tegucigalpa en Comayagua (hace más de 20 años concentra al menos 400 efectivos yanquis). Base Aérea de Liberia en Costa Rica, situada en la ciudad de Liberia, cerca a la frontera con Nicaragua; Base Comalapa en Salvador; Base de Vieques, en una pequeña isla ubicada al sur de Puerto Rico. Esta Base ha sido utilizada por más de 60 años como Base naval de la marina de los Estados Unidos, y como polígono o sitio de entrenamiento de tiro para lanchas, barcos y bombarderos utilizando proyectiles convencionales y proyectiles con uranio empobrecido que han generado problemas ambientales graves. La presión popular ha propiciado el retorno de este territorio a los puertorriqueños.
En Colombia, hasta el agosto de 2009 existían la Base Aérea de Tres Esquinas, hacia el sur del país, contando con tecnología de punta para seguimiento o inteligencia satelital, aviones C-27 y Orión P3, entre otros elementos de última generación. La Base Militar de Tres Esquinas fue creada por iniciativa planteada en noviembre de 1998 en La Tercera Cumbre de Ministros de Defensa realizada en Cartagena de Indias. A esta reunión asistieron Peter Romero, William Cohen (Secretario de Defensa de los EE UU.) y Charles Wilhem, por entonces Jefe del Comando Sur. De dicha reunión surgió la propuesta de la creación de la Base de Operaciones en Tres Esquinas y un batallón de anti-narcóticos integrado por 1000 soldados, atendiendo a las recomendaciones de Santa Fe IV y a la estrategia del Comando Sur. También está bajo el dominio yaqui la Base Militar de Larandia, la cual ha contado con inversiones que en el último lustro han ascendido a partidas que están por alrededor de los dos mil millones de dólares.
La militarización de la vida política nacional ha “contado” con las inversiones multimillonarias generadas por el Plan Colombia, el cual nuevamente fue renovado por acuerdo con el presidente Obama, quien aprobó partidas para su prórroga por un año más. Según los datos oficiales de Bogotá y Washington, el número de efectivos estadounidenses pude llegar a los 800, y el de los civiles contratados, a un número aproximado a los 600. Pero esto es solo una cifra, engañosa como cualquiera de las que propalan para falsear la realidad y hacer creer que no existe una presencia desmedida de tropas extranjeras interviniendo en un problema político-social-armado interno. Cifras más realistas hablan de al menos cuatro mil efectivos incluyendo los contratistas.
Washington, indudablemente, aparate de la tremenda presencia tecnológica en el campo militar, debe tener ya unos cuantos millares de efectivos en Colombia. Sus políticas, antes de Obama y ahora con él están escalando el conflicto. El Plan “Patriota”, que has sido el componente militar de la “Seguridad Democrática”, tal como el conjunto del Plan Colombia, fue diseñado por los estrategas del Comando Sur del ejército de los Estados Unidos, y por ellos es dirigido, pensando en q







#1.- INDIGNACION Y RISA
blanca villamizar|08-11-2009 16:53
  Esto  son  para el país
F; FARSANTES.
A; ABOMINABLES.
R: RETRECHEROS, REPULSIVOS, .
C; COCALEROS,
  Ejército  que ataca el  pueblo. 
Indignante ver el tricolor patrio de fondo.
Y  el cruce de armas?, muestran cómo  dialogan.
No  sorprende el libro abierto y vacio, para que cualquier desquiciado imprima su estrategia  maquiavélica de cómo ponerlo todo patas arriba, para desviar la atención y dedicarse al narcotráfico, que en resumidas cuenta es lo que les interesa.
En Colombia hemos estado mal pero con Uds. delincuentes de las farc; hemos encontrado el infierno.
SI ODIAN A LOS YANQUIS, PUES JODANLOS A ELLOS. NO LES VENDAN  COCA. ESO SI LOS ACABARIA.
  Interpreta a su conveniencia a Bolívar y a Marx,    con su  discurso, involucran al pueblo haciéndole ver como víctima y no como parte del proceso de cambio. Como líderes, alguna vez los  han leido.
Sabe porque a ellos les funciono?: porque si eran líderes del pueblo y no narcotraficantes, MUCHO MENOS TERRORISTAS.  El término de les afecta, pero no, porque les duela  en  la conciencia de las almas perdidas, sino porque les desmantela ante el pueblo que quieren aparentar beligerancia. JA, JA, JA. ESO QUE SE LO CREA PIEDAD CORDOBA, ASI COMO LE CREE A CHAVEZ QUE VA A REENCARNAR EN EL BOLIVAR; Y PIENSA QUE ELLA REENCARNARA EN MANUELITA SANZ. JA, JA, JA.
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#2.- A pesar de las bases...
Pacifista libertario|08-11-2009 19:39
... el pueblo colombiano encontrará la forma de derrotar a los gringos, pero no por la vía que nos pinta - sin decirlo - el autor. América Latina sólo derrotará al imperialismo si nos unimos en una estrategia pacífica, Chávez se está dejando llevar a una trampa que solo le conviene  al imperio. La unión sudamericana es más urgente que dejarse llevar a una guerra que los gringos manejan en Colombia con un dedo meñique. La única revolución que nos conviene es la que ya están construyendo los pueblos de América Latina, siguiendo a los pueblos de  Venezuela,  Bolivia, Ecuador, Paraguay, El Salvador, Nicaragua, Uruguay, por vías pacíficas y electorales.  Ecuador derrotó a los gringos, le sacó su Base de Manta y lo hizo sin dejarse llevar al terreno del "guerrillerismo".        
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#3.- A Bianaca Villamizar
Resistencia Roji-Negra|09-11-2009 17:13
Venga y usted ¿que carajos a hecho por Colombia? Que la hace diferente de l@s colombian@s que despotrican de las FARC o el ELN, aduciendo, sin ningún derecho ni fundamentos, que ya no tienen ideales, que son narcotraficantes, que secuestran y un sin fin de babosadas, repitiendo lo que dicen los medios oficiales de desinformación, como libreto de novela que, creo yo, ve usted todas las noches.
No venga a aca a darcelas de critica del conflicto interno colombiano, si en realidad repite, como Vicky Davila en telepronter, lo que a leguas es payasada mediatica.
Diga algo, haga algo, cegrege algo diferente que la caracterice de much@s colombian@s, que solo ven lo que quieren ver, sin algún asomo de critica. No hable de lo que no sabe, de lo que especula. Averigüe, lea, salga de esa ignorancia tan nefasta para el país y no se escude, por favor, en la frase tipica: "la ignoracia es atrevida", para esconder en ella su insolencia, ante un grupo que por lo menos, se han mantenido firmes ante la arremetida criminal y paramilitar de Álvaro Úribe Velez, alias "Varito". Ante las blasfemias del oficialismo que "intelectuales" y sabi@s, repiten como loras.
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