Manifestación contra el proceso 18/98
Tras las detenciones el pasado viernes de 46 de los 56 encausados en el sumario 18/98, el PSOE se jacta de su «firmeza contra el terrorismo», el PP expresa su «inmensa satisfacción» y los españoles en general nos sentimos, naturalmente, más contentos y mucho más seguros.
¿Por qué nos sentimos más contentos y más seguros? Porque la irregular y aparatosa operación policial a demostrado la peligrosidad esencial de 46 hombres y mujeres que durante 8 meses acudieron puntualmente a todas las sesiones del juicio en la Casa de Campo de Madrid, a cientos de kilómetros de sus familias y sus trabajos, sin resistencia ni tentativas de fuga.
¿Y por qué esta irregularidad publicitaria nos hace sentir tan contentos y tan seguros? Porque no se trata de garantizar el cumplimiento de una rutinaria sentencia penal sino el de una sentencia política cuyo carácter extrajurídico hemos aceptado alborozadamente desde el principio y cuyo contenido punitivo sabíamos sujeto a los vaivenes de las fallidas negociaciones de paz y al calendario electoral. ¿Y por qué este atropello nos hace sentir tan contentos y tan seguros? Porque una sentencia de este tipo sólo podía alcanzarse después de una emocionante farsa judicial fundamentada en el principio totalitario de analogía y concretada en toda clase de irregularidades de procedimiento, tal y como han denunciado observadores internacionales y juristas independientes. ¿Y por qué -por qué- esta copia grotesca del grotesco juicio a Sadam Hussein en el Bagdad ocupado nos hace sentir tan contentos y tan seguros? Porque, después de todo, aquí no se trata de mandar al patíbulo a un dictador asesino sino de condenar a 500 años de cárcel a 46 inocentes; porque no hay otra forma de encerrar, y utilizar como rehenes, a 46 periodistas, ecologistas, pacifistas, defensores del euskara y activistas sociales de los que no se puede demostrar su vinculación con ETA y de los que, en algunos casos, se puede demostrar exactamente lo contrario.
¿Y por qué la violación de todos los fundamentos del Derecho, a condición de que se haga para encarcelar inocentes, nos hace sentir tan contentos y seguros fuera del País Vasco? Sólo una inquietante combinación de densísima alienación social y bajísima cultura democrática puede explicar este misterio. A fin de cuentas, la inmensa mayoría de los españoles nos encontramos en la misma situación que los encarcelados: nadie puede demostrar que tengamos ninguna relación con ETA. ¿No deberíamos sentirnos, pues, preocupados e inseguros? ¿No deberían alarmarnos y escandalizarnos unas medidas que en cualquier momento podrían tomarse contra nosotros, como inocentes que somos?
Sin ningún rubor, y siempre cuesta abajo, muchos españoles sostienen su ilusoria seguridad en el hecho de que a los periodistas y activistas vascos no se les ha condenado por lo que han hecho sino por lo que quieren y que basta con no querer ciertas cosas para que la suspensión creciente del Derecho no ponga en peligro nuestras visitas al supermercado, nuestras retransmisiones deportivas y nuestro refresco favorito.
Pero que el Derecho y la democracia no tengan más existencia que la modestia e insignificancia de nuestra voluntad, ¿no debería ya hacernos temblar, al menos de indignidad? ¿Y cuánta voluntad tendremos que ceder en un régimen de presunta voluntad soberana para estar tranquilos? ¿Bastará con no querer la independencia de Euskal Herria, ni siquiera por vías pacíficas y democráticas? Me temo que no. Después de todo, si Euskal Herria estuviera en Serbia o en Turquía, muchos españoles hablarían ahora de vascos valientes y oprimidos como se habla de los kosovares o de los kurdos, y otros muchos hablaríamos de izquierdistas represaliados y perseguidos como lo hacemos con los sindicalistas de Colombia. ¿Cuánto hay que dejar de querer para seguir creyendo que podemos seguir queriendo lo que queramos? Dejemos de querer la paz o la solución del problema vasco; dejemos de querer también -los que no consideramos la idea ni absurda ni criminal- la independencia de Euskal Herria y probemos a querer, por ejemplo, la independencia de España.
Probemos a querer de verdad -con la misma insistencia que los vascos encarcelados- una España sin Banco de Santander ni túnel de la M-30, sin mafias de la construcción ni inseguridad laboral, con una economía, una educación y una sanidad verdaderamente públicas, con tres poderes verdaderamente independientes, con medios de comunicación controlados por los ciudadanos y no por las grandes empresas; probemos sencillamente a querer -pero de verdad, como los vascos ahora encarcelados, con un mínimo de fuerza colectiva- un poco de aire limpio y de espacio libre para nuestros niños y para los niños de nuestros niños, y descubriremos enseguida que también puede haber kurdos en Valencia y colombianos en Madrid como los hay en el País Vasco. En realidad, para ser inocentes, y hacernos la ilusión de que no corremos ningún peligro, hay que dejar de querer tantas cosas que quizás deberíamos sentirnos culpables de serlo o incluso empezar a a pensar en ser un poco culpables: culpables, al menos, de querer de verdad, al mismo tiempo, democracia y Derecho para España y Euskal Herria.
Pero no es ése hoy el peligro. No queremos querer. Queremos dejar de querer cuanto haga falta para poder seguir queriendo nuestro programa de televisión preferido y nuestro refresco favorito al margen del Derecho y con independencia de que haya o no democracia en España. Si hay que dejar de ser vascos, bien; si hay que dejar de ser españoles sensatos, también; si hay que dejar de ser hombres dignos, venga. No me gusta usar en vano un término tan desgastado y tan ineficaz, pero esta combinación de densa alienación social y bajísima cultura democrática en el horizonte de un puré institucional que erosiona la división de poderes para encarcelar inocentes encaja como un guante en las definiciones más clásicas del fascismo, al menos en sus formas embrionarias. Hay un fascismo intermitente y homeopático, de aplicación local, como las pomadas, y hay ya un fascismo mental generalizado presto a aceptar cualquier medida extrajurídica populista, por muy brutal que sea, mientras no incomode la radical inocencia de nuestra vida privada. En este contexto, los medios de comunicación son los escultores de un magma subterráneo cada vez más extendido -cada vez más superficial- que acepta el encarcelamiento de inocentes en el País Vasco con las mismas razones y con el mismo grano de voz, amenazador y familiar, con el que exalta la insolencia del rey ante el presidente Chávez o justifica el asesinato de Carlos Palomino a manos de un militar xenófobo.
Sin negociaciones, sin diferencia entre inocentes y culpables, sin ninguna alternativa política, la «inmensa satisfacción» de partidos y ciudadanos españoles ante el encarcelamiento de 46 inocentes está plenamente justificada. A partir de hoy hay más ETA y menos estado de derecho, dos motivos sin duda sólidos para que todos nos sintamos mucho más contentos y mucho más seguros.
ayuntamiento
La Liña|04-12-2007 14:04
Buen artículo, se vive, se respira, se siente que en este estado, el que toma la decisión de "torear" se las tiene que ver solo con el astado, sin cuadrilla.
Hay un contencioso de un ciudadano que ha interpuesto a título individual hace 8 años numerosas denuncias contra un alcalde y sus concejales del PP por diversos delitos, y la oposición del ayuntamiento (psoez e iu) lo ha dejado solo frente al FGE, que está dilatando los procesos, en cuanto no responde de las dilaciones judiciales reconocidas por el t. supremo.
Valoración: 0
Lo saben perfectamente
Don Hilarión|04-12-2007 15:20
Los curritos españolistas saben perfectamente que cuando ponen la papeleta del PSSOE en la urna, están poniendo un cable eléctrico en el cuerpo de un semejante.
Pero saben que si critican o cuestionan al sistema Capitalista... pueden perder o poner en peligro lo que tienen, las miserables migajas de su saqueo de las riquezas de Argentina y Venezuela.
El único cambio que se merecen, es que los capitalistas les suban las hipotecas.
Desde luego, un pueblo españolista, garbancero y miserable.
Para ser comunistas, necesitamos ser idiotas.
Somos generosos con gente miserable.
Somos solidarios con gente insolidaria.
Nos preocupamos de las condiciones de vida de unos despojos, que merecen vivir mucho peor.
Se merecen que las putas de los capitalistas les hagan la Fontana de Trevi. (que les orinen en la boca)
Valoración: 0
El PSSOE va a perder sus elecciones. S.O.S. MADRID
Don Hilarión|04-12-2007 15:32
Y me voy a alegrar, que se jodan como nos jodemos todos.
No queríamos Ejpaña Cañí... pues ahí la tenemos.
No nos damos cuenta, pero... S.O.S.   MADRID.
En Madrid el PP arrasa cada vez mas.
Incluso sociológicamente, barrios como Tetuán, el Pilar y Manoteras que siempre tenían un peso obrero histórico, hoy son barrios burgueses a todos los efectos.
Hemos perdido el casco viejo, el cinturón (y hasta los gayumbos), el Sur...
Sólo nos queda Nuestro Vallekas,  NUESTRA POLLA DE LA CORONA.
Y pronto, ya lo vamos a perder también.
S.O.S. MADRID
Valoración: 0
oprimir a l@s vasc@s da votos
txo|05-12-2007 00:08
Aunque muchas veces no coincido con los autores del artículo, me parece que hay que tener valor para hacer una radiografia tan real y descarnada de la sociedad española. En el artículo reflejan una realidad histórica en España. Encarcelar y torturar vascos, o insultar a l@s catalan@s, por ejemplo, dá votos. No es nuevo, esto ha pasado en cada colonia que se ha querido sacudir el yugo español.
En el Reino de España del siglo XXI, entre moviles, internet y autopistas se siguen aplicando los mismos esquemas represivos de la época de la Inquisición, y el pueblo español asiste alegre a los actos de fe, a las exhibiciones de las piezas de caza, que por docenas y ante las cámaras de televisión son llevadas a las mazmorras reales.
Seniles, felices y babeantes el PCE-IU, PNV, EA y cia. hacen sus cuentas de los beneficios que les reporta el acoso a la izquierda independentista. Todos los fascismos se han valido en sus inicios de estos escrementos políticos. Luego, una vez consolidado su poder, el fascismo los ha tirado al estercolero.
En fín, la conclusión es clara: oprimir y masacrar indiscriminadamente a vasc@s da votos en España. De ahí se pueden extraer varias deducciones, pero esa es otra historia.
Valoración: 0
Cuánta pena dareconocerlo
gavilan|08-12-2007 14:12
Ha habido poetas, literatos, filósofos de este santo país a los que les ha dolido el corazón sinceramente constatando la 'materia prima' de que está hecha la mayoría del 'personal' que lo puebla. Basta hablar con personas de las llamadas corrientes para darse cuenta de lo devastadora que es la acción de los medios: repetición enfermiza de las mismas consignas, sin el menor análisis crítico, carencia de ideas propias ajenas a la caspa de la carcunda que todo (o casi) lo invade y emponzoña, entusiasmo por la chorradas que ofrece la sociedad de consumo... Es curioso, por otra parte, el discurso en defensa de 'la patria'. Y digo esto porque, es de suponer que 'la patria' es el pueblo que la habita, y es pública y notoria la indiferencia, cuando no la hostilidad -fomentada por el consumismo y la competencia- hacia la mayoría de sus vecinos. Entonces, ¿de qué cojones hablan, qué mierda es para estos indigentes mentales la puñetera patria? Y sí, es muy indignante, y lo dice un madrileño, que permanezcamos estupidizados, contentos con la imagen de unas personas que son prácticamente secuestradas por los jueces por el simple hecho de pensar y querer algo diferente al pensamiento oficial. Creo, sinceramente, que habría que incluir muchas acepciones a la definición de 'terrorismo'. Mi corazón está con estas personas. Y que nadie se confunda: repudio la utilización del tiro en la nuca. Pero también la tortura y el abuso policial y judicial.
Valoración: 0