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El “Danton” de Wajda en dvd
Gracias al a discusión sobre el “republicanismo”, el debate sobre la Gran Revolución Francesa vuelve a estar al orden del día, y el cine en genera, y éste Danton en particular, tiene materia más que sobrada por discutir...
Pepe Gutiérrez-Álvarez | para Kaos en la Red | 5-11-2006 a las 1:00 | 1831 lecturas
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Gracias al a discusión sobre el “republicanismo”, el debate sobre la Gran Revolución Francesa vuelve a estar al orden del día, y el cine en genera, y éste Danton en particular, tiene materia más que sobrada por discutir...

Cuando el cineasta polaco más famoso, Andrzej Wajda realizó Danton (Francia-Polonia, 1982) levantó desdesuestreno en la vecina Francia, toda clase de controversias.

Los historiadores interrogados clamaron contra las deformaciones de la historia infligidas por el primer cineasta polaco que hizo en Francia su trabajo más costoso. Diversos especialistas interpretaron la película, no tanto en relación a los hechos históricos como a los r hechos ocurridos en Polonia en la época de Solidarnosk. Se descendióo hasta el punto de ver detrás del duelo entre Danton y Robespierre, el que existió entre un presunto Walesa humano y humanista y un Jaruselski frío y dictatorial. No obstante, este extremo ha sido desmentido por el propio Wajda, quien ha negado que la evocación polaca fuera el objetivo del filme, algo que salga a la vista ya que ni uno ni otro tenían sentido en una revolución. Más claramente, en unas declaraciones hechas para Jacques Siclier de "Le Monde", dijo: "Danton no es Walesa y Robespierre no es Jaruselski". Pero, aunque este paralelismo sea inverosímil, por los propios modelos históricos escogidos, no hay la menor duda de que existen unas poderosas resonancias polacas en la lucha central de la película. Esto tambiénlo reconoció Wajda en unas declaraciones en "Les Nouvelles Littéraires", en donde llegó a decir: "En cuanto al debate de las ideas, ciertamente Danton es la democracia occidental. Y Robespierre representa, a su manera, los países del Este. Su enfrentamiento, es tan problemático como el del tiem­po que ahora vivimos".


Pero ni en un lado ni en otro había una revolución, y la película trata de la revolución democrática y social más importante de la historia. La más importante porque fue la más radical, y el mayor precedente del ideal socialista.


La película está basada en la obra de teatro "El caso Danton" , de Stanislawa Przybyszewska, bastante más proclive hacia Robespierre que la película, según ha declarado Wajda. En la obra de cine ocurre todo lo contrario. Wajda toma partido por Danton~GérardDepardieu y la cámara se siente ganada por la impulsión y el dinamismo de aquel antiguo abogado de la cámara real que se hacIa llamar d' Anton y al que se le reprochaba su amor al lujo y a la joie de vivre. Venal y patriota a la vez, miedo­so y temerario según su humor, apasionado por su primera mujer y no obstante infiel a la misma, vasallo de la segunda y, pese a ello, dominándola elocuente hasta hacer temblar los cristales, Danton ocupa el escenario como el primer orador de la Re­volución cuya popularidad –se llegará a decir-lleva a Robespierre y a los suyos a temerle más que a una insurrección popular contra la dictadura del Comité de Salud Pública.


Para Wajda: "Danton es la de­mocracia contra la dictadura, tanto él como Desmoulins, Philippeaux y sus seguidores quieren poner fin al terror: "Basta de sangre", repiten en la película. Desde luego, Robespierre no es el malo que sale en "El libro negro", una añeja película de Anthony Mann, interpretada por Richard Basehart, y tan buena película como falsa y reaccionaria. Aquí es mostrado como un hombre di­vidido, destrozado incluso, que no se decide sino muy dificultosamente a eliminar a Danton ya sus partidarios: "Si Danton triunfa, dirá, lo hace la Revolución; si lo hacemos nosotros, también será el triunfo de la Re­volución".Y en la víspera de la ejecución de Danton llegará a afirmar: "La Revolución ha errado su camino". Insisto: estamos le­jos deI símil polaco de los años ochenta y del enfrentamiento que se Ilegó a ofrecer entre Stalin y Trotsky en una representación de "La muerte de Danton", de George Büchner, que tuvo lugar en el verano de 1983 en el Festival de Teatro de Nancy, y que causó también una importante controversia cultural.


Wajda escogió mostrar­nos las contradicciones entre ambos gigantes de la Revolución francesa al final del perío­do del terror (Robespierre será ejecutado en julio de 1794, ape­nas tres meses después que Danton). En este momento concreto, los hombres que habían he­cho salir a la Revolución de sus más graves dificultades pusie­ron en cuestión el sentido mis­mo de su lucha, la relación entre sus ideales y la realidad de una revolución que, en palabras de Saint-Just, se había congelado. El problema para Wajda en este instante se plantea estrictamente entre la democracia y la dictadura.


Con todo, la realidad es mucho más compleja. Los datos bá­sicos de las contradicciones en­tre ambos personajes centrales . no aparecen claros. El espectador ignora -si no conocela historia- que la Francia jacobina esta en guerra contra una coalición absolutista europea ya que Wajda no dice nada. En cuanto a Danton, aparece simplemente como el partidario de una moderación del proces0 revolucionario. No se dice nada tampoco de la eliminación de los herbertistas que representaban a la izquierda jacobina, aunque su final ocurrió muy poco tiempo antes que el de los dantonistas. Se oculta que Danton y Robespierre hicieron bloque en la Convención contra la derecha girondina y contra la izquierda radical, un detalle en absoluto menor.

Tampoco se nos muestran las relaciones establecidas entre el poder revo­lucionario y los "descamisados", entre la burguesía revoluciona­ria y el pueblo llano. Wajda ha mostrado en su trabajo más preocupación por los ricos detalles de los decorados y por el duelo entre los grandes protagonistas que por el rigor histórico. Por esta razón, aspecto importante, pero no decisivo, como la oratoria de Danton ocupan un lugar desmesurado hasta el punto de cifrar la razón de la de­rrota de su favorito en el hecho de que Robespierre le impidió hablar, otro detalle en absoluto menor, había un pueblo movilizado que no era un mero espectador.

Lo más discutible de esta re­ducción personalista de los últi­mos acontecimientos de la Re­volución francesa es que a partir de aquí se deja entender que toda revolución tiende a devorarse a sí misma y que los revolucionarios más intransigentes se convierten en estalinistas a su pesar. Desde este punto de vista de Wajda nos presenta un Robespierre que ordena al pintor David borrar a Falten d' Anglantine de su cuadro sobre "El Juramento de la sala de Juego de Pelotas", episodio inventado pero alusión evidente a los mé­todos de Stalin que hizo borrar a Trotsky y a otro muchos de sus adversarios de la historia de la revolución rusa. Los errores históricos aparecen como exigencias para con­cluir en las tesis que Wajda pretende defender. Así, por ejemplo, para demostrar que la dictadura revolucionaria de la “Montaña" sólo puede mante­nerse sobre la base del terror, nos presenta este grupo apoyado por la burocracia y por la policía secreta, cuando los hechos también fueron muy .distintos. Como han de­mostrado autoridades que van desde Michelet y Jaurés hasta Favre y Saboul, el período robespierrista gozó de un gran apoyo de las masas, la iniciativa popular y la vigilancia de los sansculottes fue no solamen­te una base social de apoyo sino también un instrumento activo contra los adversarios de una re­volución cuya importancia para la instauración de la democracia burguesa moderna difícilmente se puede actualmente cuestio­nar.


Seguramente hubiera sido más ajustado presentar a un Danton como un antiguo parti­dario del terror revolucionario que lúcidamente se da cuenta que los jacobinos se están cavando su propia fosa, prosiguiendoMas allá de todo lo razonable con métodos cuyo valor irracional y sangriento pudo justificar se en un momento preciso -de vida o muerte para la causa del 14 de julio de 1789-,y que pensaba que la misión de la burguesía progresista era detenerse en una democracia parlamentaria sin violentar sus posibilida­des reales como quisieron Robespierre y Saint-Just.

De todas maneras, visto desde un punto de vista u otro, la pelí­cula es absolutamente recomendable, y digna de figurar en otros títulos importantes sobre el mismo tema como La Marsellesa, de Jean Renoir, Historia de dos ciudades, de Jack Comway, Scaramouche, de George Sidney, o La noche de Varennes, de Ettore Scola, entre otras.

 
 
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