Marcha por Jorge Julio López,desaparecido
La hipótesis del shock emocional es casi tan temible como la del secuestro policial: las personas que buscan justicia abandonadas a su suerte, en un país donde la impunidad no es una pieza de museo y la defensa de los derechos humanos vuelve a estar en los pies de quienes hoy salen a la calle con una consigna: aparición con vida. Nilda Eloy, la otra querellante de esta causa, calcula: “Menos de un 5 por ciento de los represores están en la cárcel. Mientras el otro 95 por ciento esté libre, nosotros estamos en peligro. No hablo de nosotros los testigos, hablo de nosotros como sociedad”. De eso se trata la marcha que hoy, a las 17.30 recorrerá una vez más el trayecto que va del Congreso a Plaza de Mayo para reafirmar: nunca más.
Jorge Julio López, 76 años, ex albañil, testigo crucial y querellante en el primer juicio oral y público por genocidio tras la anulación de las leyes de impunidad, no contaba con cuidado ni protección alguna. Está desaparecido desde el 17 de septiembre. Fue un desaparecido durante la dictadura. Es un desaparecido ahora en democracia. En la Casa de Derechos Humanos que comparten varias organizaciones de la provincia de Santa Fe apareció un volante con su foto y la siguiente leyenda:
“Jorge Julio López terrorista 30.001. ¿Quién será el 30.002?”
Jorge Julio López fue durante dos años y medio un desaparecido, pero tuvo el extraño privilegio de sobrevivir para contarlo. Estuvo prisionero en un circuito clandestino de detención que representa el nido de los amos de la vida y de la muerte en esa ciudad de La Plata de tiempos de la dictadura y de la policía comandada por Ramón Camps y su secuaz, Miguel Etchecolatz. “Tenía cara de mono”, describió López en su primera declaración en los llamados Juicios por la Verdad. No sabía todavía el nombre de ese “mono” que terminó condenado a prisión perpetua y que en los tiempos en que López era una desaparecido acompañaba a Camps en las torturas. A López le quedó el pecho marcado con los rastros de la picana y por eso ofreció mostrarle sus heridas a los jueces como prueba. Él, junto a tantos otros, lograron así reconstruir con lo que tenían –pedazos de nombres, fragmentos de lugares, terrores y heridas- ese nido de impunidad de la policía bonaerense: lo allí pasaba y quiénes pasaban. Nombraron a los represores y nombraron a sus víctimas.
El 18 de setiembre López iba a terminar un capítulo de esa historia que comenzó cuando lo secuestraron, el 27 de octubre de 1976 y que a lo largo de 30 años tropezó con las más increíbles formas de impunidad. La causa que lo tuvo como testigo puede ser también considerada un nido: solo contabilizando los últimos tropiezos judiciales, tuvo desde marzo de 2000 –fecha en que se llevaron adelante las audiencias de los llamados Juicios por la Verdad- tantas idas y vueltas que cuesta creer que en el momento crucial, López no estuviera allí para escuchar el fallo. Pero no estuvo. No hay metáforas para explicar el por qué: una vez más, nadie vio qué pasó.
“Callate la boca y no digas nada”, le dijeron cuando lo soltaron dos años y medio después, luego de haber soportado cuatro centros clandestinos de detención –el Pozo de Arana, la Unidad de Cuatrerismo, la Comisaría 5 de La Plata y la Comisaría 8, también de esa ciudad- hasta que lo “legalizaron” poniéndolo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en una cárcel, de donde salió finalmente el 25 de junio de 1979.
Pero López habló –como tantos otros- y el represor Miguel Etchecolatz fue condenado. Sin embargo, la historia no terminaba allí: el nido de impunidad que denunció López involucra a –por lo menos- 62 militares y policías. Sólo 7 están detenidos.
Ahora, López volvió a ser un desaparecido.
En tanto, el funcionario que en la actualidad oficia como ministro del Interior -Aníbal Fernández- se reunió con el grupo que impulsa la causa por el genocidio cometido por el Estado argentino durante la dictadura, y realizó una revelación asombrosa. Les dijo que la desaparición de Jorge Julio López le produce preocupación, pero que se trata de “un problema provincial”.
Adriana Calvo, en cambio, sostiene ante lavaca: “A Julio López lo secuestró la Policía Bonaerense. Y que siga desaparecido es una respuesta a la condena por genocidio contra Etchecolatz”.
El caso
Desde que Jorge Julio López desapareció, hubo diversas formas de explicar la ausencia:
Como Repeler la Contraofensiva del Proceso
Eduardo R. Saguier|04-10-2006 15:51
Como Repeler la Contraofensiva del Proceso (IX-2006)
Con la anulación de las leyes del Perdón (Obediencia Debida y Punto Final) y la reiniciación de los juicios a los Terroristas de Estado se ha experimentado en el país otra nueva ofensiva destinada a boicotear dichos juicios.
Esta ofensiva se ha materializado hasta el presente mediante amenazas a jueces, testigos y víctimas del terrorismo de estado, alcanzando su cenit con el secuestro del ex Desaparecido Jorge Julio López.
Sin embargo, la contraofensiva presente y la que se experimentó durante el gobierno de Alfonsín ofrecen diferencias cualitativamente substanciales. A diferencia del gobierno de Alfonsín, en oportunidad del aciago evento de Semana Santa, el actual gobierno K se halla bajo un creciente proceso de aislamiento y falta de credibilidad, provocado por sus propios errores políticos, al no garantizar entre otras cosas la seguridad de los involucrados en los juicios.
¿Cómo hacer para desde una posición de debilidad política y creciente aislamiento repeler la provocación montada a escala nacional por los elementos aún vinculados con el Terrorismo de Estado? La historia nos enseña que de situaciones de crisis como la presente se remonta no sólo con medidas policiales que detecten y eliminen a dichos elementos, sino esencialmente mediante instrumentos políticos.
¿Cómo hacer entonces para revertir el suicida proceso de aislamiento político grotescamente ensayado desde las esferas del poder? La historia también nos recuerda que de estas críticas situaciones de debilidad se puede salir sólo mediante estrategias que contemplen una profunda autocrítica, dirigida a replantear las políticas de alianzas hasta hoy ensayadas, así como las políticas de reformas a cumplir en el plano institucional.
¿Qué medidas se debería imponer el gobierno para lograr estos objetivos? En principio, el gobierno tendría que suspender toda iniciativa dirigida a enajenar la oposición democrática, tales como la manipulación presupuestaria destinada a piratear elementos procedentes de las filas opositoras, toda política dedicada a debilitar la vida parlamentaria y la independencia de la justicia, y toda política diagramada para alimentar la construcción de elementos aduladores del poder de turno.
Paralelamente, el gobierno debería ensayar una política de democratización de las instituciones de la cultura, la economía, los medios masivos, la diplomacia, la seguridad y la vida social, que ahuyente el miedo a opinar, discutir y actuar. Esta política democratizadora tendría que ser debatida en los órganos parlamentarios y alcanzar su concreción en proyectos de leyes cuya reglamentación sería impostergable implementar.
¿En que tendrían que consistir estas políticas democratizadoras de las instituciones y cuáles deberían ser las medidas concretas a instrumentar? Estimamos que en el diseño de todas las instituciones mencionadas se necesitaría acentuar la participación democrática en las instancias deliberativas, evaluadoras y ejecutivas de escalas y niveles de representación y autoridad cada vez más inferiores y subalternos, de forma tal de romper la monopolización oligárquica de las mismas.
Estas políticas permitirían ampliar los espacios de reclutamiento, selección y promoción de sus cuadros de manera tal que dichas instituciones se verían crecientemente oxigenadas. Y esta oxigenación de las instituciones sería observada como una política desprovista de todo interés mezquino y oportunista, y ayudaría a elevar la autoestima del pueblo y la imagen pública del actual gobierno.
Ateneo Radical “Callao 11”-Secr.Gral.: José González Ledo-Eduardo R. Saguier-Juan José Rosenberg
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