Fútbol y nacionalismo.
Unos 40.000 millones de telespectadores (de audiencia acumulada) se disponen a presenciar la fase final de la Copa del Mundo de fútbol que hoy empieza en Alemania. Ningún otro acontecimiento suscita tanta pasión entre los habitantes de nuestro planeta. Para muchos seguidores, el fútbol sigue siendo el mejor exponente de las "virtudes de la nación". El campeonato se vive como una auténtica "guerra mundial ritualizada", y los jugadores encarnan los atributos de la colectividad nacional: coraje, audacia, virilidad, lealtad, fidelidad, sentido del deber, del territorio, pertenencia a una comunidad, espíritu de sacrificio...
"El título de campeón --constata un informe de la UE-- no es solo conquistado por un equipo, sino por la sociedad de la que procede. Así pues, la colectividad se proyecta en el equipo y deposita en este sus esperanzas de conquista, su energía vencedora, pero también sus frustraciones personales y su agresividad", pues el fútbol también favorece las implantaciones míticas, las proyecciones imaginarias y los fanatismos patrióticos. "Ayuda a mantener un nacionalismo residual --escribe el historiador Pierre Milza-- que, en las grandes confrontaciones internacionales, da lugar a bruscos y efímeros accesos de pasión chovinista".
Así, el Mundial adopta toda la apariencia de una guerra ritual que apela a los emblemas nacionales (himnos, banderas, presencia de jefes de Estado) y los comentaristas recurren a metáforas guerreras. El primer régimen que instrumentalizó el fútbol fue el fascismo de Mussolini. Él pensaba que permitía reunir, "en un espacio propicio para la puesta en escena, a multitudes considerables; ejercer una fuerte presión sobre las mismas y mantener las pulsiones nacionalistas de las masas". Mussolini fue el primero en considerar a los jugadores de Italia "soldados al servicio de la causa nacional".
En consecuencia, el fútbol puede llevar al paroxismo las crisis entre nacionalidades; de ahí la idea de que uno de los atributos de la independencia de un estado-nación es el equipo-nación, depositario de una enorme inversión simbólica de las "grandes virtudes patrióticas". Por otra parte, en razón de esta igualdad mítica (una nación, un equipo), las antiguas RFA y RDA decidieron, en 1991, fusionar a los suyos en un solo equipo de Alemania. En cambio, Catalunya, Euskadi o Galicia reivindican el derecho, como Escocia y País de Gales, a constituir su propio equipo nacional. Es interesante observar que aunque Montenegro acaba de conseguir la independencia nacional, sus jugadores participarán en el Mundial en el seno del equipo de Serbia-Montenegro. El fútbol irá así por detrás de la política.
EN LAS zonas de guerra, el fútbol refleja la violencia de los antagonismos. En Israel, por ejemplo, los grandes clubs están afiliados a los partidos políticos: el Betar depende del Herut (derecha nacionalista), el Maccabi del Partido Liberal, el Hapoel del movimiento laborista y el Elitzur está apadrinado por los religiosos; solo los clubs del norte del país (Galilea) son mayoritariamente árabes. La Autoridad Palestina mantiene desde 1964 un equipo nacional que juega en el extranjero. Tanto más cuanto el fútbol palestino tiene su antigüedad y la selección participó en el Mundial de 1934, antes de la fundación del Estado de Israel.
Otro lugar de crisis: Irlanda del Norte. Como en la vida política, la división confesional entre católicos y protestantes se vive también en los estadios. El club de Belfast, el Lindfield, cuyos dirigentes, jugadores y seguidores son solo protestantes, no ha estado autorizado, durante mucho tiempo y por razones de seguridad, a enfrentarse con el único club católico de la ciudad, el Cliftonville, en el campo de este, en territorio católico. Los partidos, ida y vuelta, se disputaban bajo alta vigilancia en terreno neutral. Esta oposición entre católicos y protestantes es una de las características del fútbol en el Reino Unido. También la encontramos en Escocia y en Inglaterra, donde da lugar a rivalidades que han originado, en parte, el hooliganismo. Así, en Glasgow, los partidos entre el club católico del Celtic y el club protestante de los Rangers generalmente acaban convirtiéndose en choques extremadamente violentos (66 muertos y un centenar de heridos el 2 de enero de 1971). En Liverpool, los encuentros entre el equipo protestante Liverpool FC (donde juegan varios españoles) y el club local católico Everton suelen dar lugar a desenfrenos parecidos.
ESTAS violencias confesionales solo son comparables a las que acompañan a los partidos entre equipos nacionales británicos. Pues el Reino Unido es el único país que ha hecho admitir a la FIFA el reconocimiento de cuatro equipos (Irlanda del Norte, Escocia, País de Gales e Inglaterra) para un solo Estado. Los encuentros amistosos entre Inglaterra y Escocia, especialmente, suelen acabar en enfrentamientos violentos (un muerto y 90 heridos el 21 de mayo de 1988).
Los seguidores ingleses han adoptado toda la panoplia del nacionalismo extremo --desde el bulldog, animal mascota de los ultras, hasta la bandera británica (que no es la de Inglaterra) y los cantos de guerra-- y entre ellos suele haber activistas del National Front infiltrados. En su seno nació el fenómeno skinhead, que poco a poco se ha ido generalizando en toda Europa, donde se pueden encontrar, en torno a algunos clubs y equipos nacionales, las mismas fascinaciones por la violencia, por los temas patrioteros e incluso racistas...
En Alemania, con ocasión del Mundial, la identificación de los equipos con las naciones o las etnias provocará, sin duda, desbordamientos, exacerbados por el delirio popular y la pasión mediática que calienta a fondo a las opiniones públicas. Hasta el absurdo. Todos quieren ganar, cuando todos (salvo uno) van a perder. Y esta fatalidad de la derrota puede volver loco.
4.000 millones
ATF|20-06-2006 22:19
Querrás decir unos 4.000 millones, no?
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20-06-2006 22:43
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as|20-06-2006 23:18
ojala pierda españa en el mundial ( por lo menos la españa que se representa en este mundial es decir la bicolor ) no sere español hasta que no se reinstaure la republica entonces si sentire los colores
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Alguna aclaraciones
Federico|21-06-2006 03:38
No me termina de convencer el analisis de Ramonet; principalmente por ser bastante superficial y porque contiene alguinos errores; como ser:
* Palestina no jugo el Mundial del 34.
* Los clubes de Liverpool justamente se caracterizan porque sus ultras no tienen problemas entre ellos. Es mas hasta se lo llama el derby tranquilo.
* El clasico de Glasglow si bien mantiene su transfondo religioso, en los ultimos tiempos (globalizacion del futbol y del mundo mediante) ha cambiado mucho y ya no son tan frecuentes los choques generalizados. De hecho el Rangers ha tenido capitanes de religion catolica, cosa totalmente impensada hace un tiempo.
Creo que el articulo podria haber invluido un analisis mas amplio teniendo en cuenta que muchas selecciones (europeas sobretodo) son un fiel reflejo de la nacion a la que representan; por ej. la de Francia y la de Alemania.
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La España de Franco
vivalarepublica|21-06-2006 12:25
"ojala pierda españa en el mundial ( por lo menos la españa que se representa en este mundial es decir la bicolor ) no sere español hasta que no se reinstaure la republica entonces si sentire los colores ".
Totalmente de acuerdo.
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Fútbol, guerra civil y "victoria"
Beckam|21-06-2006 14:00
Fútbol, guerra civil y “victoria” (II)
http://www.loquesomos.org/lacalle/Mundial2006/Ftubolguerrcivi1l.htm
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21-06-2006 14:01
yo no me siento español ni con la bandera fascista ni con la republicana.
hablando de banderas, aunque no quiero barrer hacia casa, la culé seria para tomar ejemplo, cantico en canaletas "català, castellà, moru, una bandera ens uneix (la culé)", cantado por catalanes, castellanos, moros, africanos i americanos, cosa que nunca podrà unir ni la catalana ni la española (3 versiones incluida la del aguilucho)
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Fútbol, sucedáneo de la violencia extrema
Fèlix|21-06-2006 23:49
Me parace algo flojo y poco convincente el artículo de Ramonet (¿seguro que es suyo, no lo habréis suplantado?).
El fútbol, como casi todo en los países donde arraigó el fascismo, fue objeto de manipulación por los gobiernos y partidos. Casi todo sufrió su proceso de fascistiszación. No por ello vamos a condenarlo, ya que el fútbol, que es un deporte, tiene muchos aspectos positivos, sobre todo para quienes lo juegan (no puedo imaginarme mi infancia sin los partidos en la calle, y las patadas que propinaba a los abusananos). Y en cuanto al público que sigue con pasión los encuentros... es lo más parecido al público del antiguo teatro siguiendo las obras con el alma en un puño. No hay nada malo en desbravarse, convertido en energúmeno, desde las gradas vociferando contra el equipo contrario o poniendo a bajar de un burro a la madre del árbitro, que ya sabe a qué va. Otra cosa es la violencia que puede ser ejercida en el campo o en las gradas: la inmensa mayoría de gente que veo se comportan con calma y sosiego una vez han berreado todo lo que llevaban metido dentro. Cada cuál saca sus sapos como sabe y como le dejan: los intelectuales pueden casi llegar a tirarse de los pelos en sus conferencias y debates (yo he visto a más de uno sacar bilis a chorros y enrojecerse como pimientos por motivos que a un futbolero les parecerian nimiedades).
En cuanto a que el futbol, y en general todos los deportes de competición, se vivan como sustitutivos de las guerras entre estados... me parece estupendo, gran invento, precioso avance de la humanidad (que nos retrotrae a la grecia antigua). La violencia que genera es residual, marginal y corregible, sobre todo si se compara con una guerra moderna (véase Irak, por ejemplo). Y lo del nacionalismo, pues sí, el deporte actual se vive como un factor de nacionalización promovido por los estados para que no se les desparrame demasiado la gente y para afianzarse como grupo. Eso sólo es malo en función de cómo se utilice. Personalmente sólo me siento identificado con la bandera pirata, mientras el capitán permanezca muerto. En todo caso, y tratandose de España, con la desgraciada historia que arrastra el reino de los borbones, ¿a quién puede extrañar que catalanes, vascos, gallegos, y otros que surgirán, no se sientan indentificados con la bandera que fue la del fascismo español? Los nacionalismos ibéricos no estatales han surgido con motivos suficientes y representan a unos pueblos que, al menos en parte, no se sienten identificados con los símbolos de "los nacionales", aquellos que regaron de sangre la "patria" que decían defender. Luego: ni en pintura esos emblemas ni nada que provenga del Estado español, si no es la independencia... por lo cual, catalanes, vascos y gallegos se empecinan en ir a hacer el pamplinas a las diferentes competiciones deportivas internacionales, que se lo tienen bien ganado.
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consejos.
rosa|28-06-2006 02:36
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26-07-2007 22:57
manga de chupa bergas del futbol....haganse la paja con este..!!
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