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Lunes, 19 Marzo 2012 12:09

(VIDEO) Pescadores sin alas

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No hemos sido capaces de contener y salvar a un pueblo que sufre, -en pleno siglo XXI-, la humillación de vivir en un gran campo de concentración. Debo decir a los “no enterados” de esta dilatada historia, que no quedan exonerados de la responsabilidad de hacer algo y mucho más, por la dignidad de los hombres, las mujeres, los niños y las niñas de Palestina.

¿Cuántos documentales habrá que hacer para que la humanidad conozca y entienda el genocidio que comete el estado israelí contra el pueblo palestino?

¿Cuántos libros y artículos habrá que seguir escribiendo, para que “sepamos” de una vez y por todas, la verdadera historia de un pueblo sumido en el dolor, la muerte, la tortura y la humillación sostenida?

Somos la solución de un gran problema. Somos el núcleo y los ejes de un mundo global del que tanto nos gusta hablar.

¿De qué nos vale el incuestionable logro de la comunicación planetaria acelerada por las herramientas del internet, si no somos capaces de ser consecuentes con las urgentes respuestas ante las claras atrocidades que persisten en el mundo?

No hemos sido capaces de contener y salvar a un pueblo que sufre, -en pleno siglo XXI-, la humillación de vivir en un gran campo de concentración. Debo decir a los “no enterados” de esta dilatada historia, que no quedan exonerados de la responsabilidad de hacer algo y mucho más, por la dignidad de los hombres, las mujeres, los niños y las niñas de Palestina.

Ya no pocos nos ven, como que no hemos hecho nada o lo suficiente para alcanzar la Paz, que significa el pleno y absoluto reconocimiento del estado Palestino y la vuelta a casa de los millones de hombres y mujeres de ciudadanos de ese gran país, que viven o mal viven en campos de refugiados.

Cuando visioné el filme “Puertas al mar”, una producción española del año 2011, me quedé con ese claro sabor en la boca. La contundencia y la versatilidad narrativa de este filme, parte de una historia local que tiene connotaciones no solo para sus pobladores. También para todo ese gran pueblo que sabe del dolor sufrido por las tropas de ocupación israelí.

Los realizadores de este filme, nos desvelan una particular historia que ha sido construida desde los clásicos ingredientes del género. La entrevista vital para el testimonio de cualquier documento fílmico. La música que sirve de clímax redentor y examen para transpolar las secuencias. La fotografía situacional concebida para enrolarnos en las partes fundamentales de esta verdad mutilada y en último lugar –sin dudas lo más importante-, los personajes: los pescadores de la Franja de Gaza.

Ellos son el punto de mira de los creadores de este contundente documental. Ellos son la raíz y el árbol de esta pieza cinematográfica, que abunda en anécdotas, narraciones vividas y experiencias “contadas” por los pescadores, con la complicidad de los creadores de esta pieza de cine.

“Puertas al mar” crece desde los derroteros periodísticos, para autentificar y visibilizar una realidad que se impone escribir en un género cinematográfico, nacido para seguir cabalgando en medio de tanta polución “artística y cultural”.

Los cineastas conciben la fotografía desde dos perspectivas “geográficas”, integradores y complementarias. La dinámica cotidiana del mar junto a  la artesanía de pescar, asiento de buena parte de las historias de esta puesta. Por la otra, la distribución y venta de sus escuálidas presas para la sobrevivencia de los pobladores. Amabas dos son ese juego de paralelismos ante la obvia conexión entre la labor de captura y su destino.

No estamos ante pescadores que desarrollan su faena de manera fluida y libre en pleno mar. “Compartimos” las restricciones, las humillaciones y los peligros de hombres que navegan por una cuerda floja.

La humillación de los soldados israelíes, -ejecutores de la política de su gobierno-, de limitar el espectro de pesca hasta tres millas, tiene un efecto negativo en el desarrollo y el bienestar de estos trabajadores de la mar. Los desmejorados pescados, son la cara visible y la huella de ese bloqueo que se aferra en limitar “los poderes naturales” de los pescadores.

Estas arbitrarias restricciones, sirven -tan solo- para doblegar el empeño de hacer del futuro de estos hombres un tiempo de decoros. Esta rotunda verdad está construida por el equipo de realización, partiendo del análisis de la cronología histórica de Palestina a partir de la ocupación israelí. Evoluciona resuelto con grafismos que apuntan a salvar el escollo del desconocimiento.

Pero lo más importante estriba en la suma de parlamentos integradores de esta puesta, que acopia en su desarrollo evidencias de un “fenómeno local” que tiene efectos y multiplicaciones similares en toda Palestina. Esta realidad de bloqueo se repite en otras esferas de la vida económica y social de los palestinos.

Recuerdo el filme, “El color de los olivos” de la realizadora mexicana Carolina Rivas que trata una historia de similares texturas, donde sus personajes eran campesinos que sufrían la arbitrariedad de la soldadesca israelí. Por sus “eventuales voluntades”, dejaban pasar al cabeza de familia al “otro lado del muro” para atender sus cultivos que muchas veces perdían, ante la imposibilidad de una atención sistemática.

Llamo la atención sobre los vastos parlamentos y escenas integrados en esta pieza cinematográfica. Lo “casual” es también lo cotidiano. Una contundente escena clarifica este concepto. El equipo fílmico se ve envuelto en una dinámica de confrontación con una patrullera israelí.

El fuego de metralla –que pone en peligro la vida de los pescadores- y los chorros de agua que apuntan a desestabilizar la ruta y la estabilidad de la embarcación, son parte del anecdotario acopiado para esta pieza fílmica y son –en resumen- testimonios-pruebas de una obra que redunda en apuntes de claros valores documentales.

El hecho de que los creadores sean testigos de esta agresión, a la parecen “estar acostumbrados” los palestinos, la incorporan como parte del clímax narrativo donde lo puntual es evidencia. Es importante señalar lo esencial de este capítulo en una obra cinematográfica de este perfil.

Desde una perspectiva teórica valdría la pena señalar, que esta acción registrada cinematográficamente gracias al “carácter temporal del medio”, donde el discurso fotográfico le caracteriza la instantaneidad, requerirá siempre de un espacio de representación "real", de naturaleza escenográfica o humana, conocido en el “mundillo” de la teoría como “profílmico”, les exige a los documentalistas una "puesta en escena".

Vale la observación pues el cine documental –salvo imprescindibles excepciones con vestiduras de ficción-, no son propias las “obras montadas para la ocasión”. La realidad no soporta imposiciones externas o artísticas donde se vulnere el principio de la ética y el rigor con la realidad.

Bill Nichols sentencia: "El documental, como otros discursos de lo real, conserva una responsabilidad residual de describir e interpretar el mundo de la experiencia colectiva, una responsabilidad que en modo alguno es una cuestión menor"

Los creativos de “Puertas al mar, “se apegan” a la auto-representación de otras realidades a través del documental, como parte de una herramienta para el conocimiento de las “periferias del mundo”. Van afianzando los techos de una obra cinematográfica explícitamente comprometida con esta causa que aún está por terminar.

El gran merito de este documental, es su declarada capacidad de hacer visible la persistencia de hechos deplorables en tiempos de una connotada obsesión por lo visual.

Somos parte de una generación que presume de “conocer” la historia pasada y presente desde el audiovisual. Esa conjugación de lo particular ante una historia compleja, le da riquezas y argumentos para engrosar la filmografía selecta y necesaria del cine documental español que aborda la brutalidad y el genocidio del estado israelí contra el pueblo palestino.

Sinopsis

20, 12, 6, 3 millas náuticas. Los pescadores palestinos de la Franja de Gaza ven como el área de faena se reduce cada vez más. Sus barcos van y vienen junto a la costa, pescan lo poco que encuentran en unas aguas altamente contaminadas. Se ganan la vida entre límites cambiantes que el ejército israelí impone con disparos. El mar, que siempre les dio de comer, ahora tiene puertas que no pueden cruzar.Según lo establecido en 1994 en el marco de los Acuerdos de Oslo, por la Organización para la Liberación de Palestina e Israel, los pescadores palestinos están legalmente autorizados a adentrarse hasta 20 millas náuticas en las aguas frente a la franja de Gaza. Las autoridades militares israelíes redujeron esa área a 12 millas coincidiendo con la retirada unilateral de Israel de la Franja de Gaza en 2005. El bloqueo al que está sometida la franja desde la victoria en las elecciones de Hamas, en el 2006, redujo esta distancia a 6 millas. Desde la “Operación Plomo Fundido” en diciembre de 2008, el límite está fijado en 3 millas. Testigos locales e internacionales informan de que ese límite se impone con fuego real.Entre diciembre de 2010 y enero de 2011 los ataques del ejército israelí en el mar de Gaza provocaron al menos 14 personas detenidas, entre ellas 2 niños, 2 barcos confiscados y daños en equipos.Este documental es parte de un proyecto de rehabilitación de barcas, distribución de equipos y formación en Derechos Humanos desarrollado por UAWC y la Fundación APY en la Franja de Gaza. Un total de 886 familias de pescadores se beneficiaron de este proyecto, que contó con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID).

Dirección y realización: Nacho García, Inés Grocin, Anxela Iglesias, Carlos Sordo.
Cámaras: Mayadeen Media Group (Gaza), Nimrod Zin.
Montaje y Edición: Nimrod Zin
Música compuesta y arreglada por: JazzyFreak
Mezcla de sonido: Pepe González aka JazzyFreak
Formato: HDV, Color.
País de producción: Palestina, España, U.S.A.
Año: 2011
Duración: 23 min.Este documental se presentará el próximo jueves 22 de marzo, a las 7 de la tarde en el programa “La cámara lúcida” de Tele K. La emisión se puede ver en www.vallecas.org o por el canal 30 de la TDT para Madrid.

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Octavio Fraga Guerra

(La Habana, Cuba, 1966). LIcenciado en Comunicación Auidiovisual por el Instituto Superior de Arte de La Habana, Cuba (Universidad de las Artes). Presentador y director del programa de TV "La cámara lúcida" de Tele K en Madrid, dedicado a promover el Cine Documental Iberoamericano. Colaborador de las publicaciones electrónicas españolas Cubainformacion.tv, Kaosenlared, La República Cultural, Rebelión y Tercera Información. Como cineasta ha producido varios documentales, programas seriados de televisión y Video Clip. Dentro del mundo editorial fue director de las publicaciones Jazz Plaza y Cubadisco.

Sitio Web: www.cinereverso.org

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