Historia de las trabajadoras de flores colombianas
El 14 de febrero, las y los protagonistas de San Valentín serán las trabajadoras y trabajadores de las flores de Colombia, Ecuador, Kenia, Zimbabwe, Holanda, Estados Unidos, Japón, China, Israel y otros países, quienes hacen posible el éxito económico de un sector que ocupa 190 mil hectáreas a nivel mundial y con un consumo que alcanza un valor de 16 mil millones de dólares.
Este negocio global representa importantes ganancias para compañías comercializadoras, para quienes venden los agroquímicos que mantienen su calidad y los esquejes de las variedades de moda, y para los productores y exportadores.
No obstante, implica impactos negativos para las comunidades donde hace presencia, como el caso de la Sabana de Bogotá, principal región productora de Colombia, donde la floricultura hace uso intensivo de sus reservas de agua y ha desplazado 6.953 hectáreas de producción de alimentos. También el del río Smith al norte de California en Estados Unidos y el lago Naivasha, en Kenya, uno de los depósitos de agua dulce alrededor del cual se concentran muchas plantaciones de flores.
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Régimen de esclavitud en el sector floricultura
“Las mujeres tienen que volver a los invernaderos justo después de haber rociado las flores con pesticidas. Algunas se marean o tiene problemas de presión sanguínea, e incluso en algunos casos sus hijos han nacido con problemas respiratorios”. - Dionise Trujillo, ex trabajadora de las flores, Colombia.
Para miles de mujeres del sector de las flores en Colombia, las flores no simbolizan el amor sino una explotación masiva. Es irónico que en un sector que genera tantos beneficios con la celebración del Día de la Madre, sea práctica habitual despedir a las mujeres en cuanto se quedan embarazadas.
Para las personas que laboran en esta agroindustria es, pues, la más ajetreada temporada del año
Colombia es el segundo país después de Holanda en exportación de flores. Las mujeres representan el 70% de la mano de obra de este sector. Trabajan con contratos temporales que generalmente sólo son verbales.
En un día normal, una mujer recoge una media de 400 claveles. Ese número se duplica en fechas especiales, por ejemplo, en el periodo previo a San Valentín o el Día de la Madre. La venta en las calles de EE.UU. y Europa de las flores de todo un día de trabajo puede ascender a los 800 dólares, mientras que la trabajadora está cobrando un salario mínimo equivalente a menos de 2 dólares por día.
Y lo que es peor, los estudios médicos revelan que dos tercios de las trabajadoras en el sector de las flores en Colombia padecen problemas asociados a la exposición a los pesticidas, que van desde náuseas a abortos espontáneos.
Las 111.000 trabajadoras y trabajadores de flores, no sólo cuando se presentan episodios como el de Agrícola Inverpalmas o Nanetti, sino en la cotidianidad de su trabajo, están expuestos a altos riesgos ocupacionales: temperaturas extremas, exposición a plaguicidas, posturas incómodas por tiempo prolongado y movimientos repetitivos, que se agravan con condiciones laborales como inestabilidad laboral, largas jornadas y sobrecarga de trabajo, principalmente en la época que precede a San Valentín.
Ellas y ellos no participan de las ganancias, preferencias, incentivos y ayudas que reciben los dueños de las empresas de flores, aunque sí ven peligrar su fuente de trabajo cada vez que sobrevienen las crisis del sector: la revaluación del peso, la sobreoferta y ahora el cambio climático.
Que en este 14 de Febrero, Día Internacional de las Trabajadoras y Trabajadores de Flores se escuchen estas voces para que ellos y ellas puedan gozar de SALUD FISICA Y MENTAL, porque son más importantes que miles de flores juntas!!!
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