Entretenido con Garzón y los gabachos, el público palomitero, formado mayoritariamente por jurisconsultos de CCC, sigue, con interés, el desarrollo de una trama más vieja que el anteproyecto del código babilónico de Hammurabi. En algunos países, para desesperación de Paco Toronjo y el Cabrero, los tontos, aunque sean supremos, no se acuestan nunca. La cosa no puede ser más fácil de explicar por mucho que enrede la chirigota de Trillo: Son sólo negocios.
Los titulares, perfecta medida de lo que es paja informativa, insisten en desviar la atención del hecho real: El tribunal supremo indulta, por unanimidad búlgara totalitaria, a todos los implicados en la mayor red de corrupción conocida en España, España, España, cómo no podía ser de otra manera. El que paga manda. El tribunal supremo, que no debe ser marxista para diferenciarse del que le pagó los trajes a Camps en Valencia, se obstina en hablar, aguantándose la risa, de derecho y asuntos jurídicos; chorradas, que le pregunten a Falcone. El poder judicial, del que tanto el juez condenado, hasta ayer, como los magistrados del supremo, forman parte, ha conseguido, el solito, sin ayuda alguna de la ciudadanía, aparte de los abogados de Don Vito, la impunidad de los mafiosos mejor posicionados en la pirámide del “sistema”.
Jueces corruptos, mafiosos y prevaricadores hay muchos. Das una patada a una piedra, sobre todo una piedra de Castelló, y salen media docena. Pruebas hay para aburrir lo que pasa es que “no se ajustan a derecho”. Si eres un chorizo del montón, sin padrino, las garantías procesales las vas a ver por la tele en las series americanas. Te acusarán y empaquetarán, cómo han hecho siempre, sin mayores problemas. Tú única oportunidad, en éste impecable régimen de acato y respeto, es conocer a alguien que tenga el teléfono de Trillo, o en su defecto, del gabinete jurídico del Opus Dei. En ese caso, improbable, la justicia se vuelve ejemplar y los tribunales se muestran inflexibles; si hay que prevaricar se prevarica, faltaría más, Don, lo primero es “la familia”, que cosa más bonita “lo nuestro”.
La justicia española ha pasado de ser un cachondeo a ser un descojone. Los que se descojonan son ellos. Alvarito, pide más caviar que tenemos que agradecer algunas cositas….
