Me he decido a escribir esta carta porque necesito contaros mi historia, ya que me encuentro en una situación difícil.
Soy Educadora Infantil y hace unos meses me despidieron, cumplía mi contrato después de dos años y, para no renovarme, la empresa decidió despedirme, así podían contratar a alguien con un contrato igual de precario que el que yo había tenido, menos horas y en consecuencia menor sueldo. Me indigné aún más cuando al despedirse de mí, valoraron mi labor como una de las mejores que habían visto en años, diciéndome que era una gran profesional, pero debido a la crisis la empresa necesitaba esos recortes.
Me indigna que los padres paguen tanto dinero para después dar con centros de semejante calaña, que a veces olvidan que trabajan con niños, y no con mercancía. Sin saber que lo que llegamos a percibir las educadoras en nuestro salario es una parte irrisoria de todos los beneficios que llegan a producir las Escuelas Infantiles, bien es cierto que conlleva muchos gastos sacar una empresa adelante, pero si lo que buscas es un alto beneficio dejando de lado la calidad ¿no deberían montar otro tipo de empresa? Mi sueldo era menor de novecientos euros, pero por amor a mi vocación lo aceptaba, ya que puedo decir orgullosa que es un trabajo hermoso, pero he llegado a cuestionarme si merece realmente la pena. Estás cargada de responsabilidad y te desvives por mejorar haciendo cursos, aprendiendo idiomas y mirando recursos para innovar en tu trabajo y hacer que los niños saquen algo constructivo y positivo de su experiencia en la escuela.
Pero me he cansado y estoy triste y a la vez furiosa, porque me siento infravalorada, y me planteo buscar una profesión en la que no tenga que involucrarme tanto, no tenga tanta responsabilidad a mis espaldas y en la que pueda conseguir un sueldo digno. Pero luego decido dejar de engañarme porque esta es mi vocación y quiero luchar por mi sueño. No quiero rendirme pero cuesta demasiado no tirar la toalla ante tanta injusticia.
