Los dos políticos entre los que se decidirá quién será el próximo presidente de la República acaban de pasar por la televisión.
La noche del domingo, fue el todavía no-candidato Sarkozy quien tuvo derecho a más de una hora en antena. Para que nadie corra el riesgo de equivocarse, se apropió de ocho cadenas de televisión. Aunque la cercanía de la elección y su bajo nivel en los sondeos le empujan a poner cara de preocuparse por los despidos en marcha, el hombre que habló, ha sido durante toda su presidencia, el cínico representante de los intereses de los más ricos, de la gran patronal y de los banqueros. El ha querido regalarles una nueva exoneración de las cotizaciones patronales, la falta de ingresos está siendo compensada con un aumento del IVA.
De esta forma, robando a los trabajadores una parte de su salario, las cotizaciones patronales son salario diferido, se disminuye más su poder adquisitivo aumentando el IVA, el impuesto más injusto que hay.
Tres días antes, era Hollande quien se presentaba en televisión. Como su rival de derecha, tenía la boca llena de palabras como “emprendedores” o “estímulos a la inversión”, que no están ciertamente destinadas a aquellos que no tienen dinero para invertir. No había sin embargo nada que decir a los parados, nada que decir a los pensionistas pobres, ¡nada que decir a los trabajadores que no llegan a fin de mes!
Su vehemencia por la “austeridad”, aunque unida a la palabra “justa”, ha sonado como una amenaza. Y la justicia fiscal de la que se jacta ilustra solamente su cobardía frente a los ricos. Es muy bonito crear para los ricos una nueva franja de impuesto al 45%. Pero este impuesto es inferior al 48% de Chirac-Raffarin, en 2005, y ¡menos todavía al 60% de Giscard! El seudosocialista Hollande es más complaciente con los ricos como no lo fueron en su tiempo estos dos hombres de derecha.
Sarkozy y Hollande, cada uno a su manera, cuentan con gobernar para los más ricos. Y los competidores a la Bayrou harán otro tanto, incluso peor con Le Pen.
La elección presidencial se hace de tal manera que los candidatos que tienen la oportunidad de participar en la segunda vuelta han pasado a todo lo largo de su carrera por una multitud de filtros impuestos por la gran patronal y los banqueros, para juzgarles, para comprobar su fidelidad a la clase dominante y al sistema económico capitalista.
Lutte Ouvrière presenta en estas elecciones una candidata, Natalie Arthaud, para que se haga oír una voz que no sólo critica el sistema capitalista y sus desastres, sino que tiene por objetivo derribar este sistema. Una candidata comunista como lo fue Arlette Laguiller.
En esta sociedad dividida entre una minoría de capitalistas, que monopolizan todas las riquezas y todos los medios de producirlas, y una mayoría de explotados, es importante que aquellos que con su trabajo hacen vivir toda la sociedad, manifiesten su oposición a la burguesía que les explota, que digan no a un sistema económico absurdo que siembra la miseria en medio de la abundancia y que se ahoga en su propia salsa.
Las propias elecciones no permiten cambiar el estado de las cosas. Para eso, serán necesarias grandes luchas, llevadas adelante por la mayoría explotada, para arrancar el poder económico y político a la clase privilegiada, una clase que, como muestra la crisis, conduce a la sociedad a la catástrofe. Pero las elecciones permiten al menos expresarse.
Los explotados no están todavía en condiciones de arrancar el látigo que les golpea. Pero pueden negarse a dar su aval a dirigentes que les manejan a cuenta de los explotadores.
Votar por Nathalie Arthaud, será afirmar la dignidad del mundo del trabajo contra los privilegiados. Su campaña se dirige a popularizar unos objetivos a imponer para contrarrestar la voluntad de la burguesía de hacer pagar a los explotados el precio de la crisis económica en lo que éstos tienen de más preciado: su empleo y su poder adquisitivo.
- Para poner fin al desempleo, hay que imponer a la gran patronal la prohibición de los despidos y el reparto del trabajo entre todos sin disminución del salario. Hay que imponer al Estado la creación de empleo en los servicios públicos útiles a toda la población.
- Hay que imponer el aumento de todos los salarios y de todas las pensiones y subsidios y garantizar su poder adquisitivo con su ajuste automático al coste de la vida, medido por representantes populares.
- Hay que imponer el control de la población trabajadora sobre las empresas industriales y los bancos.
Votar por Nathalie Arthaud, será aprobar estos objetivos.
Traducción de F.P.
