La libertad muere por el control.
La democracia no existe. Murió el 11 S, agarrada a un fusil cubano.
Atrincherada.
La democracia no puede existir si un poder lo gobierna todo.
El poder económico quiere tenerlo todo. Es insaciable.
Y eso es lo que ocurre cuando se intenta poner freno al poder económico.
Que la democracia muere…
Los mercados, omnipotentes, no quieren perder el control.
Solidaridad, nacionalización, sanidad y educación.
La escuela de Chicago no podía permitirlo.
Un foco de solidaridad, un foco marxista.
Además tenía el apoyo del pueblo.
Ese doctor de medicina había nacionalizado el cobre.
Había constituido un Estado de Derecho.
Y con el apoyo del pueblo, sin medios de manipulación.
Sólo sus discursos.
El imperialismo no podía tolerar aquello.
Ese loco universitario había lanzado un jaque a los mercados.
Al sistema capitalista.
El presidente del norte del continente no podía permitirlo.
Con un puñado de dólares se hacen maravillas.
Con un puñado de dólares se convierte un golpe de Estado ilegítimo en una guerra.
Sólo hacen falta dólares. Y crear un estado de shock.
La teoría del millón de muertos. La doctrina del shock.
Huelgas financiadas, desequilibrio de la economía, boicoteo a la toma de poder.
Pero la democracia no se iba a dejar doblegar ante la intimidación.
La democracia resistiría hasta el final, hasta la muerte.
Porque la historia no pertenece a cuatro generales.
Pertenece a los pueblos. La escriben los pueblos.
Aquel hombre de Valparaíso lo había dejado claro. Moriría por su pueblo.
Las bombas empezaron a llover sobre el Palacio de la Moneda.
Once de septiembre. Mil novecientos setenta y tres.
En la calle tanques, en Radio Magallanes un último mensaje.
La democracia murió aquel día. No se ha vuelto a saber de ella por aquel país de los Andes...
El método democrático, conduce en golpes de Estado.
Gobierno democrático marxista, sin represión, acaba en golpe de Estado.
El marxismo no se ha dado en la historia en una época de paz.
Realmente sí. Pero no dura lo suficiente. Incomoda a los poderosos.
Puñado de dólares, y golpe de Estado.
Militar antimarxista en el poder, y economía de libre mercado.
El capitalismo se había vuelto a cimentar sobre sangre de trabajadores.
Pero el marxismo no había sido vencido del todo, lo dijo el general. Ese general genocida, que moriría entre honores años después, tras hacerse esas fotos con su amiga conservadora inglesa, que ahora está de moda gracias a Meryl Streep. Murió sin ir a la cárcel. Entre honores de Estado. En vez de ser condenado.
El marxismo, era como un fantasma, que no se podía tocar.
Mejor dicho, no se podía coger, añadió el general.
¿Qué es ese fantasma que incomoda a los poderosos? Solidaridad. La democracia murió en Chile. Sin ningún trabajador en las calles. Todos callaron. Dejaron hacer.
La democracia murió traicionada un once de septiembre, agarrada a un fusil cubano…
