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24 Nov 2012

Los malditos valores viriles.

por francisco sanz
Sábado, 24 de Noviembre de 2012 06:19
El virilismo a ultranza, he ahí la infamia que hay que aplastar.

 Que la democracia está detrás del capitalismo es cosa sabida, pero que el familismo, ese nombre piadoso con el que el machismo sigue entre nosotros también lo sustenta, no tanto. La madre nos quiere por ser nosotros, el padre porque nos hemos portado bien, esa es la ley en la familia, los papeles pueden cruzarse, pero entre nosotros el padre Productividad sigue dominando a la madre Estado de Bienestar. Recordamos siempre demasiado tarde ser madres, maternalizar los cuidados, preferimos entender el feminismo como ser jovencitas, ser más tíos que los tíos mismos, es decir, preocuparse ante todo por nosotras mismas, aceptar los malditos valores viriles.

  El virilismo a ultranza, he ahí la infamia que hay que aplastar, porque él es directamente responsable de nuestra civilización de forjas y de fábricas que siguiendo "los malditos valores viriles", desarraiga, rompe las clases, degrada. Quién quiere dominar, dice el Padre, quiere la industria, quien quiere la industria quiere el proletariado, quien ha querido el proletariado suscitará el desarraigo, la desolación de los campos, la destrucción de los hogares, la miseria total, la rebelión; quien suscita a la rebelión de las masas debe querer entonces la represión ineluctable... el régimen social carcelario es la última creación, las cámaras de tortura la última palabra de los llamados valores viriles y las relaciones entre el sospechoso y el delator, entre el verdugo y la víctima el secreto propio del abuso de las personas.

   El familismo insta a la mujer a que sacrifique al hijo, esto es a que sacrifique el instinto materno en sí mismo, a que olvide la relación maternal con los demás. A que deje de maternalizar a todos los que le importan.  Se le dice que  propia solicitud hacia ellos fomenta sus peores debilidades, les devuelve a la infancia y autocompasión, que lo que consigue es minar la virilidad en un hombre... la falsa castración a través de la madre.

     Las almas de los hombres -su carácter ambicioso, belicoso, posesivo- deben ser desmanteladas para liberar a las mujeres de su dominación. El ser muy hombre -la polémica definición de la virilidad que en la psicología de los antiguos era la pasión central natural, es decir la pasión de la unión y la lealtad- ahora es el villano, el origen de la diferencia entre los sexos... En efecto es posible ablandar a los hombres, pero hacerles "cuidar" es otra cosa, y el proyecto tiene que fracasar inevitablemente.

  La tradición logocéntrica está relacionada estrecha y sutilmente con la búsqueda de la pureza -la búsqueda de evitar la contaminación por los desórdenes femeninos-  simbolizada por lo que Derrida llama “la figura esencial y esencialmente femenina de la homosexualidad viril”. Genet diría: “El hombre que tiene relaciones sexuales con otro hombre es dos veces hombre”.

  La educación trata de modelar a los jóvenes para esta vida de trabajo adulto que es tan asexuada que no es ni humana, y por ello se convierte ella misma en blanco de ataques. La rápida expansión de la educación superior que se registró  desde el fin de la Segunda Guerra Mundial fue producto del cambio tecnológico en la industria. La industria automatizada y equipada con computadoras necesita más jovencitas que conjuguen las aptitudes de los trabajadores intelectuales con la docilidad que se espera encontrar en las lindas muchachitas de servir. La meta de la multidiversidad educativa parece ser la obediencia especializada.

   Los pobres niños se han convertido en niños pobres porque ha llegado la crisis y los que hacen de padres dicen que hay que apretarse el cinturón y las que tienen que hacer de madres,  las mujeres sandwich de nuestra era, que trabajan en casa y fuera de ella, que cuidan hijos y cuidan padres, han decidido que quieren ser iguales que los hombres, llaman derechos de la mujer a hacer el capullo tanto como ellos. La llegada de las mujeres a los puestos de trabajo ha contribuido más a masculinizarlas de lo que ha contribuido a que las instituciones sean menos machistas, y han contribuido mucho a ello. Pero no lo suficiente. ¿Cómo lo sé? Porque si antes conseguir hombres capaces de “cuidar” era difícil, ahora cuesta que cuiden incluso las mujeres.

Ultima modificacion el Sábado, 24 de Noviembre de 2012 11:15


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