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28 Abr 2012

Minusvalorización de alternativas. Destacado

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La verdadera alternativa es trabajar pensando que la igualdad es lo natural y que hay que “tratar” la desigualdad, como si fuera una enfermedad.

Una coalición revolucionaria es una coalición por la que se consigue dominar al miembro superior. Una coalición es conservadora cuando no altera el orden establecido. Una coalición es impropia cuando no es revolucionaria ni conservadora. En toda Asia conocida la coalición A-C con la que el padre consigue un mayor dominio de la madre y hasta el hijo consigue dominar así a la madre, a veces incluso después de la muerte del padre.

  Una coalición revolucionaria implicaría que la Democracia y el Pueblo se coaligaran contra el Capital. Sería conservadora cuando fuera el capitalismo en que usara al estado para seguir pudiéndole al pueblo y sería tan impropia como es cuando es el Mercado el que consigue que los necesitados se alíen con él para conseguir que la Democracia o el Estado estén jodidos incluso cuando no veamos a los capitalistas por ninguna parte.

  Recuerdo la ferocidad de Max Stirner: “A los antiguos homenajes a Dios han sucedido los modernos homenajes al hombre, pero yo mis homenajes me los guardo para mí”. Con la misma actitud se podría decir: “Yo no quiero que me domine el Estado, ni quiero que me domine el Mercado, lo que quiero es dominar yo”. 

   La proletarización entre los obreros no está consumada más que con la destrucción de toda capacidad autónoma de producir su subsistencia. En tanto que el obrero posea una caja de herramientas que le permita atender sus propias necesidades; en tanto que disponga de un pequeño jardín en que cultivar legumbres o cuidar gallinas, ser de la clase dominada me parecerá accidental y remediable, si soy proletario es por mala suerte, las alternativas son posibles.

  La alternativa al sistema sin embargo no consiste ni el retorno a la economía doméstica, ni la socialización integral y planificada de todas las actividades: por el contrario, consiste en reducir al mínimo en la vida de cada individuo lo que necesariamente tiene que ser hecho, nos guste o no, y ampliar al máximo las actividades autónomas, colectivas y/o individuales que tienen su finalidad en si mismas.

  ¿Dónde está el frente? Donde se puede luchar, donde se puede ofrecer resistencia. Si eso es así, el frente no está sólo entre el rico y el pobre. Hay dos armónicos que vibran junto a la onda principal, entre los ricos que llevan a cabo una labor social vitalizadora del sistema y los que no, por un lado, y entre los pobres que trabajan y los que parasitizan, por el otro. Algunos esperamos de los picos de la concordancia de fase de ciertos armónicos el acontecimiento precipicio que hará saltar el actual estado de cosas por los aires. Estamos acostumbrados a estos armónicos, por ejemplo entre los musulmanes tolerantes con occidente y los que no lo son, y los occidentales partidarios de alejarse de los musulmanes y los que pretenden posible que se integren en nuestra sociedad.

   Para comportarse en estos frentes hay que andar con cuidado con los efectos de anclaje, o sobrevaloración de las impresiones iniciales; de ceguera, para las tasas de crecimiento exponencial; de representación, o dar excesiva importancia a los casos particulares o experiencias personales; de disponibilidad, o sobrevalorar lo nuevo y espectacular; de orden, o hacerlo con los escenarios o construcciones intelectuales coherentes; de optimismo, tomar para poder seguir trabajando las cosas por su lado bueno y de inercia o la excesiva confianza en el mundo tal como lo conocemos... peso sobre todo con la minusvalorización de las alternativas.

   Y preguntarse de corazón: ¿cuánta igualdad creemos posible, cuánta necesaria? Los  de derechas han pensado que el mundo es desigual y la igualdad no sólo es imposible sino que intentar imponerla es nocivo, contrario a la economía, al progreso... generador de pillos y corruptos. Los de izquierdas hacemos muchas veces como si pensáramos que la igualdad es imposible pero hay que hacer lo posible por limitar los efectos de la desigualdad. La verdadera alternativa es trabajar pensando que la igualdad es lo natural y que hay que “tratar” la desigualdad, como si fuera una enfermedad. Decía Ortega que si alguien se irrita al ver tratados desigualmente a los iguales, pero no se irrita al ver tratados igualmente a los desiguales, es un plebeyo. Pues bien, si uno es del pueblo qué le vamos a hacer.

Modificado por última vez en Sábado, 28 Abril 2012 14:06

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