José y su esposa María, habían sido sacados por la fuerza de su vivienda en Palestina, por los soldados israelitas, destruyéndoles la casa de inmediato con una excavadora, ante los atónitos ojos de la pareja que no daba crédito a lo ocurrido.
Ambos, mantenían la esperanza de que al ser José judío, los israelitas respetarían esta condición y su casa seria salvada de la ola de violencia y destrucciones de viviendas, que a diario llevaban a cabo los colonos judíos en territorio palestino, para nuevos asentamientos expansionistas.
La pareja se puso a caminar por la cada vez mas exigua franja de Gaza, viviendo al principio de su exilio, de la solidaridad del pueblo palestino que le proporcionó vivienda y mal que bien, comenzaron a trabajar y a rehacer sus vidas, gracias a los ingresos de ambos, unas veces, eran los pequeños trabajos que como carpintero hacía José y otras, gracias a los de María en tareas domesticas.
Pero esta vida, no satisfacía los deseos de la joven pareja (sobre todo de José, que no olvidaba como lo trataron sus paisanos) y comenzaron a pensar en emigrar a Europa, a la que pintaban como un Edén.
El autor de este cuento, no recuerda bien como consiguieron hacer realidad sus sueños, si llegaron a Europa a través de la alambrada de Ceuta, en la estela de retroceso de un misil lanzado por la OTAN sobre Libia, o acaso, fue un sueño tras largas horas de trabajo.
La cuestión es que ambos, llegaron a Madrid en época de crisis capitalista y mientras obtenían sus permisos de trabajo, fueron explotados por empresarios desalmados, e incluso fueron detenidos al regreso de su jornada laboral, pues al carecer de papeles, los declararon ilegales y los llevaron a un CIE(Centro de Internamiento para Extranjeros).
De aquí, fueron sacados por la gestión de un empresario que necesitaba urgentemente carpinteros, para cumplir los plazos dados por una multinacional.
Este empresario, les facilitó un pequeño piso suyo, compartido con otras familias explotadas por el y a los que descontaba el alquiler.
El caso es que gracias a la profesionalidad y muchas horas de trabajo de José (al fin le hicieron varios contratos basura) y a la destreza de María,como empleada de hogar y buena gestora de la economía familiar, pudieron iniciar una nueva forma de vida en la capital española, adquiriendo rápidamente los hábitos consumistas de esta.
Lo que les llevó (vía consumo) a encadenarse cada vez mas, a las necesidades superfluas que les creaba esta sociedad.
Pronto compraron un coche de segunda mano, que casi siempre estaba averiado y luego con sus pequeños ahorros, acudieron a una entidad bancaria que les facilitó un préstamo hipotecario para adquirir una vivienda.
Una vez alcanzado cierto nivel de vida, olvidaron pronto las enseñanzas vividas en Palestina, en la que su casa y sus trabajo desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, por obra del poderoso Israel.
La pareja aparentaba ser muy feliz con su nueva vida y apenas recordaban las vejaciones sufridas, primero por los israelitas y después en lo CIEs.
Tras varios años de estrecheces económicas (trabajando solo para pagar) se sentían tan felices, que decidieron aumentar la familia, sin pensar que en el capitalismo la vida no depende de la voluntad de uno, ya que todo, se puede venir abajo al fallar un eslabón de la cadena.
Y esto vino a suceder tras el embarazo de María, ya que José, pasó a engrosar la larga lista de parados españoles por el cierre de la empresa.
Pactaron con el banco una nueva hipoteca, que mal que bien, fueron pagando gracias a los “chapuces” de carpintería, pero José sufrió un grave accidente que le obligó a dejar de trabajar (el sueldo de María solo daba para comer) y al no poder hacer frente al compromiso contraído con el banco, este, inició el expediente de desahucio, sin tener en cuenta que María estaba en avanzado estado de gestación, ni demás circunstancias familiares.
Entonces, José recordó que durante su estancia en los CIEs, conoció a una joven que estaba en la lucha por el cierre de “los guantánamos españoles” y a la que había saludado en varias ocasiones en las concentraciones del 15M en la Puerta del Sol, cuando regresaba a casa, tras agotadora jornada laboral.
Fue presto en su busca, planteándole el problema que lo acuciaba y el día que habían fijado para el desahucio.
Al amanecer el día señalado para este, fueron acudiendo a casa de José y de María multitud de jóvenes y vecinos que impidieron el paso al agente judicial, paralizando momentáneamente dicha ejecución.
Pero el capital no descansa y varios días después con nocturnidad, llevaron a cabo la ejecución del mismo, acompañando al agente judicial un fuerte contingente policial (estos, casi siempre actúan al servicio del capital, olvidando que es el pueblo quien les paga) que desalojaron al pequeño núcleo de combatientes solidarios que guardaba la casa.
Y José y María fueron acompañados por los jóvenes del 15M para ocupar un viejo hotel vacío en el centro de Madrid y tras varios días en el, fueron desalojados nuevamente por la policía y al comprobar que estos eran extranjeros los condujeron otra vez a un CIE.
Tal vez por el ajetreo de los días precedentes, María en el CIE dio a luz un hermoso bebé al que puso de nombre Jesús y allí recibió la muestra de amor y solidaridad obrera jamás imaginada, pues el nacimiento del niño, unió a su alrededor, seres de distintas nacionalidades y lenguas que le ofrecían pequeños presentes artesanales.
También acudieron a saludar al niño, el movimiento 15M, las Asociaciones de Vecinos y todos los movimientos sociales, viviéndose por primera vez en los CIES varias jornadas de alegría paz y unidad, reclamándose el cierre de los mismos, a los gritos ya popularizados por el 15M, de: “Ningún ser humano es ilegal” y “ Ley de extranjería para la reina Sofía” y brindándose por un mundo diferente y posible.
Nota del autor:
Los Reyes no vinieron a saludar al niño (ni falta que hace) por varios motivos:
1º) Porque la polución les impidió ver las estrellas.
2º) Porque las mal llamadas “primaveras árabes” estaban acabando con las monarquías.
3º) Porque el rey de España -en navidad y con la que está cayendo - no estaba en condiciones.
