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19 Mar 2012

Alfonso Guerra mandaría a la CEO a Laponia, ¿y a Zapatero, donde? Destacado

por Pepe Gutiérrez-Álvarez
Lunes, 19 de Marzo de 2012 21:43
Dios los cria y... Dios los cria y...
Según todas las encuestas mal le vienen dadas al PSOE electoralmente. A la gente que ha dejado de votarle eso ya no le vale eso de que los otros son peores. Lo son, cierto, pero entre otras cosas porque el PSOE le ha puesto en bandeja.

Según todas las encuestas mal le vienen dadas al PSOE electoralmente. A la gente que ha dejado de votarles  ya no les vale eso de que los otros son peores. Lo son cierto,  pero entre otras cosas porque el PSOE  le ha puesto en bandeja. La victoria del PP tiene que ver con el esquema de la Restauración en el que al PSOE le toca el papel de los liberales.  También tiene mucho que ver con el pequeño detalle. A saber, el PP representa a un electorado que sabe o cree que algo puede ganar, mientras que el PSOE gobierna para los mismos señores, pero nunca ha representado a una base social profundamente hastiada de tanta mentira.

Hay cierta desesperación en esas palabras de Alfonso Guerra sobre la CEOE. Ahora se acuerda de dos siglos de lucha obreras, unas luchas que habían enterrado en el altar de la postomodernidad, ese ungüento milagroso con el que iban a lograr cambiar tanto este país (de países) que no lo iba a conocer ni la madre que lo parió.  No hay duda, lo que dice va a misa "Quieren instaurar en España el modelo de trabajo chino, recortar los derechos para los trabajadores", de todo lo que se diga, y mucho más. Pero eso ya venía dado por la propia política del PSOE. Su papel es el de la izquierda del PP, Con la particularidad que durante mucho tiempo han conseguido sin acritud y con buen talante, hacer tragar a los trabajadores píldoras que con la derecha la habrían escupido.

Si hay alguien en el PSOE represente como pocos la profunda hipocresía del felipismo, ese es Alfonso Guerra. Este hombre que salió del gobierno después del  todo el sucio asunto de su hermano Juan, que fue el hombre que mejor definió la esencia del felipismo con aquello de qué creía la derecha, ¿qué se iba a enriquecer ellos solos? Y al igual que cualquier vulgar burgués, Guerra ha sabido manejar el arte de decir hermosas palabras y de echar discursos más o menos radicales, al tiempo que ascendía en el negocio de la política. Guerra se despidió del gobierno el 12 de enero de 1991 su dimisión como vicepresidente del Gobierno, posiblemente un requisito por el que al año siguiente, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía le eximió de responsabilidad penal en el caso.

Como despedida, al cáustico y polémico (un buen entertainment para animar el aburrido teatro de las Cortes)  lo hizo nada menos que con una extensa cita de Bertrand Russell, aquel señor que rompió su longevo carné laborista porque su partido no denunciaba la guerra del Vietnam. En la nota de Guerra se podía leer lo siguiente: "Con mis deseos de paz", y en tres páginas incluye la reproducción íntegra del prólogo de las memoria de  Russell, en el que este dice textualmente lo siguiente:

"Para lo que he vivido. Tres pasiones simples pero abrumadoramente intensas han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá por una ruta cambiante sobre un profundo océano de angustias hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero éxtasis, porque comporta un éxtasis tan grande que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el suelo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturada por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, yo también sufro.

Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad".

No sé ni me importan los amores del señorito Alfonso, aunque mucho me temo que alguien así no ha debido  conocer muchos arrebatos, en cuanto al conocimiento, mejor no hablar. Nadie recuerda el título de sus libros publicados porque son suyos, porque es alguien importante, y no he tenido valor de asomarme a sus memorias Cuando el tiempo nos alcanza. Memorias 1940-1982 (2005) y Dejando atrás los vientos. Memorias 1982-1991 (2006), ambos publicados por la editorial Espasa. Por supuesto, la editorial estaba al tanto que el PSOE sería generoso (en mi habitual husmeo por las bibliotecas públicas he podido percibir la fuerte presencia de autores y plumas afines). Además, no me creería ni la fecha de nacimiento. En cuanto a la indignación por la injusticia y la miseria, encuentro repugnante tanta falsedad. Alfonso ha sido testigo de actuaciones que habrían causado la mayor indignación en Lord Russell. La lista  sería interminable, para valgan algunos ejemplos; vendieron al Frente Polisario para ponerse a los pies de nuestro amigo el rey de Maruecos, dieron la espalda a los palestino para apoyar el expansionismo y el “apartheid” sionista, aprovecharon el boicot que muchos países hicieron a la Sudáfrica del “apartheid” en los años ochenta para incrementar las ventas de armas al gobierno de Pretoria…

Después de denunciar los aspectos más derechistas del gobierno de la UCD en aquello de la “moción de censura”, en unos tiempos en los que Alfonso Guerra se permitía proclamar en debates en “La Clave” que ellos iban a cambiar el “modelo productivo”, para una vez en el poder convertirse a la religión de la razón de Estado.

 Pero todo esto es sabido, y creo que es mucho más importante, primero reconocer que las glorias del felipismo fueron las miserias de la izquierda antifranquista arruinada especialmente por la política del PCE y el PSUC, que creyeron que después de pasar por el aro de la reforma, ellos ocuparían el lugar de una socialdemocracia dividida el exilio y el interior, un desastre. Pero sobre todo, lo que importa es que esta época ha pasado a la historia, el PSOE podrá seguir siendo alternativa de gobierno pero nunca más lo será de la misma manera. Ni los tiempos, ni la correlación de fuerza es la misma. No lo es por supuesto con la derecha, que ha sabido jugar sus cartas para volver a ser los dueños de las instituciones, pero también porque a su izquierda se está moviendo todo. No está descartado que sufra un desgaste como el de Papandreu, quizás no tan fuerte pero no muy distinto.  Ya no hay paja para tanto pesebre, ni expectativas de una gestión más eficiente de lo que quedaba del “Estado del Bienestar”. Su descalabro electoral coincide con un repunte de la izquierda social, con el auge del 15 M, con una movilización sindical iniciada por  los líderes sindicales que han firmado los acuerdos más penosos, y que temen a la gente y a la calle casi tanto como Felipe González, aquel señor que declaró que no aceptaría la presión de la calle hablando de una huelga general…

 El mismo señor que ha hecho de abogado de las mismas multinacionales que lo han convertido en el “compañero millonario”, en un ejemplo de todos aquellos que se quieren enriquecer de la política y que venden la marca registrada PSOE porque era la que les venía como un guante. Eran los que decían que ya habíamos llegado.

Llegará un momento en que Alfonso Guerra no podrá decir cosas como las citadas sobre la CEOE sin que al menos una parte del público lo interpele. Porque si alguien cree que los de la CEOE se han molestado, es que es tonto de remate. Felipe no es un Largo Caballero, aquel reformista honesta, ni la UGT ni las juventudes socialistas son la de aquellos tiempos. O mucho me equivoco, peno en el POSE no habrá más giro a la izquierda…que no sea como verbal al estilo Guerra.

Ultima modificacion el Lunes, 19 de Marzo de 2012 22:43


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