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14 Mar 2012

Juegos malabares con la mentira: el caso de Siria Destacado

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¿Cómo explicar lo que estamos consintiendo en Siria a nuestros alumnos, hijos, jóvenes y adolescentes a quienes tratamos, cada dia, de "adoctrinar" en valores que NOSOTROS desconocemos y no sentimos?

Hoy me detenía a pensar qué gran maestría hemos desarrollado los adultos para hacer malabares con mentiras y pelotas doradas de dorada hipocresía. Cada día, unos y otros, nos entretenemos, con mayor o menor consciencia, en hacer malabarismos con las falacias y, sobretodo, para jugar a que no estamos colaborando a crear un mundo sucio y desequilibrado, letal para unos y lleno de bienestar para otros (muy pocos). Lo pensaba al contrastar cómo en las aulas –soy profesora- y casi de una manera tan “auto inducida” que se ha convertido en una especie de moda, planificamos nuestro trabajo docente integrando contenidos bajo el título, ampuloso e hipócrita, de “gestión de conflictos”. No pongo en duda que, a partir de haber constatado en nuestra piel que los alumnos y el mundo están en guerra contra todo y todos, y no antes, porque parece ser que si no nos afectan personalmente las cosas no reaccionamos, nos hayamos planteado la NECESIDAD de hacer algo para prevenir, gestionar uy resolver los problemas y las situaciones conflictivas. Machacamos, en el buen sentido, en las aulas a nuestros alumnos con dinámicas de grupos para que aprendan a compartir, sensibilizarse, lograr la empatía (término que aborrezco, cansada ya de que nos hagan creer que tener empatía es fingir que se “respeta y se entiende al otro, pero seguir yendo a la nuestra) y despertar su generosidad y su solidaridad. Nos llenamos la boca con expresiones como “educación multicultural”; utilizamos eufemismos para nombrar a los que vienen desde lejos, desarraigados, emocional y culturalmente, para “impregnarse” nuestra cultura y les denominamos alumnos de acogida cuando en realidad continuamos sintiéndoles como “esos otros” y les planteamos dilemas morales, situaciones conflictivas hipotéticas, ante las que han de tomar decisiones, eso sí, imponiéndoles sutilmente criterios y haciéndoles ver que tomarlas en equipo, consensuar, es prácticamente garantía de acierto en la solución seleccionada. Malabares de hipocresía. Descomunales mentiras. Actitud hipócrita e insincera que se vislumbra, con facilidad extraordinaria y vergonzante, cuando, por ejemplo, un alumno o un adolescente, o tu propio hijo, te lleva contra las cuerdas del alma y te pregunta por qué, entonces, se está consintiendo y colaborando, con la no acción, a la matanza y al goteo de sangre en Siria. Una siente ganas de cerrar los ojos y no levantar ya más la mirada, porque no sirve argumentar que no tengo poder para hacer nada, que mis protestas no valdrían para mucho, que los conflictos son un juego con tantos factores que se escapan de nuestro entendimiento o que los medios de comunicación nos engañan, de un modo u otro, convirtiéndose en tendenciosas fuerzas que tratan de inclinar la balanza de nuestro criterio hacia su “lado”. No. No vale. No les valen esas respuestas. Hay un punto en que las mazas y las pelotas doradas, las mentiras y autoengaños, lanzadas al aire y jugueteando no sirven más para tapar la poca consciencia que todavía tenemos.

¿Por qué consentís la muerte en Siria?, pregunta un alumno adolescente, al que terminamos de “sermonearle” con el discurso de que hay que prevenir los conflictos y actuar para lograr relaciones en las que no se dé el axioma ganar-perder sino ganar-ganar, en relación a las dos partes del conflicto.

Miles de personas tratan de abandonar el país mientras que las que permanecen en Siria continúan bajo la represión del presidente Bashar al-Assad. Mueren unas 200 personas cada día. Han fallecido, asesinados, varios menores de edad que participaban en manifestaciones e incluso han salido a la luz grabaciones en vídeo de varios casos de adolescentes muertos tras sufrir palizas y heridas de bala. Los apresados, contados por centenares, son objeto de torturas DEMOSTRABLES y vejaciones y violaciones que preceden, en una agonía que se eterniza, a una muerte que finalmente es deseada por el cuerpo magullado como la mejor de la peor de las salidas.
Las manifestaciones para exigir reformas en Siria comenzaron en febrero de 2010 y desde mediados de marzo las fuerzas de seguridad sirias han llevado a cabo una campaña de violencia contra los manifestantes. Más de 1600 personas han muerto, incluidos más de 80 menores de edad. Se ha detenido a miles de personas, muchas de las cuales permanecen recluidas en régimen de incomunicación, bajo grave riesgo de ser torturados.

Y nosotros, el mundo, los que vamos con lecciones magistrales a los jóvenes que firman la hoja de ruta del futuro, seguimos jugando a los malabares de la hipocresía.

El fin de semana pasado, una comisión liderada por Rusia e integrada por Rusia, China y los estados de la Liga árabe se reunieron en el Cairo para acordar un plan para la resolución del conflicto sirio que incluía los cinco puntos siguientes:

-Detener cualquier tipo de violencia.

-Crear un órgano que vele por la paz, imparcial y libre.

-Evitar cualquier interferencia externa.

-Proporcionar ayuda humanitaria a los ciudadanos sirios.

-Apoyar la misión de Kofi Annan para iniciar el diálogo con los grupos que forman la oposición siria.

Hay varios hechos que no pueden ser pasados por alto.

Washington, Reino Unido, Israel y Francia, junto a algunos estados árabes, desean la guerra y no van a hacer nada, realmente, ni a propiciar la paz: durante décadas han reclutado, armado, entrenado y financiado a sicarios y grupos armados que ahora son considerados los “terroristas”, para desestabilizar Siria, el beneficio económico y los planes de desestabilización de Oriente Medio por parte de americanos y aliados está tras ello,  y propiciar la intervención “salvadora” de los buenos, en repetición de moviola de lo que sucedió en Libia.

Es fácil deducir, tras el primer argumento, que se ha tejido una obra de teatro alrededor de la misión de paz de Annan para hacer creer al mundo que “se rechaza la intervención y la guerra”

Rusia y China, en clara oposición a los EEUUAA, rechazan y vetan cualquier intervención externa a Siria, basándose, precisamente en el modelo de intervención imperialista, genocidio es la palabra exacta, que se permitió en suelo libio.

Ban-Ki-moon,  secretario de las Naciones Unidas, juega también a fingir que busca la paz cuando, en realidad, sus pretensiones, obedece órdenes precisas, son todo lo contrario:  mantuvo cerrada su limpia boca y no condenó jamás las sanciones inaceptables contra Irak y fue cómplice, con su organización, sino agente de la muerte allí de más de un millón y medio de ciudadanos indefensos. En esta ocasión, él mismo ha sido quien ha pedido a Assad “que se detenga el asesinato y la muerte”, pero días después volaba a Qatar para reunirse con el emir Sheikh Hamad bin Khalifa Al Thani, otro líder que se une a la complicidad imperialista y que financió y apoyó el genocidio en Libia.

Y esto son solo unos datos, indicios, de que la guerra, de nuevo, interesa en sí misma.

Mientras, nosotros, jugando a lanzar malabares de mentiras e hipocresías y adoctrinando a jóvenes y adolescentes para que hagan y actúen como NOSOTROS no actuamos. Tremendo.

Modificado por última vez en Miércoles, 14 Marzo 2012 10:34

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