Antonio Cruz escogió el camino lateral hacia la izquierda para eludir el Principio de Peter hacia arriba, propio de la jerarquización del sistema vigente. Lo cual evidentemente le proporcionó placer, pero no los frutos de los ascensos corruptos en la construcción dónde recaló por necesidad. Tampoco las comisiones y los recursos teocráticos del Opus Dei y otros, hicieron mella en él, ni mucho menos la incompetencia absoluta de la Administración pública dónde llegó, por necesidad diaria de un órgano vital llamado estómago. Pero la figura del topo roedor del sistema en la sombra, fué y es, la más cercana a sus deseos. Y a pesar de la ceguera actual del insectívoro, observa que en el país de los ciegos el topo es rey, republicano, por supuesto.