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18 Feb 2013

Costa Rica: El amor eterno o...no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista Destacado

Escrito por  Alfonso J. Palacios Echeverría
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...eso es como aquel cuento de un político que conversando con una dama de la noche le dijo que era diputado, sumamente preparado académicamente y de honradez a toda prueba y ella, le respondió: ¡qué maravilla, porque yo soy prostituta desde los quince años y soy virgen, nos parecemos mucho !

 

A aquellos románticos empedernidos que caen todavía en éxtasis de ilusión amorosa, debo recordarles que el “amor eterno” dura, por lo general, tres meses, y en algunos casos especiales llega a cinco, por la inusual capacidad de los amantes para soportarse mutuamente las majaderías.

Y proporciones guardadas, para aquellos corruptos que creen que van a poder seguir dilapidando los bienes del pueblo, y aplicando políticas salvajes que nos empobrecen cada vez más, debo recordarles que nuestros gobiernos (para desgracia, en algunos casos, como los dos liberacionistas que hemos sufrido hasta ahora) duran cuatro años, y cuando la corrupción electoral ha sido mucha y cuantiosa, puede que permanezcan los mafiosos cuatro años más. ¡Pero de que no hay antecedentes de una estulticia popular mayor a ocho años, no los hay!

Pero… ¿qué le vamos a hacer? Si desde la democracia ateniense, que fue allí donde se inventó este “temita”, estamos engañados. Porque –si Usted no lo sabía- la democracia ateniense era aristocrática y capitalista. Allí de una población estimada en doscientos mil personas, solamente unas cuarenta mil tenían la ciudadanía y la mitad eran propietarios rurales a quienes se les dificultada trasladarse a la urbe, los demás eran esclavos, metecos o libertos, y las decisiones eran tomadas por un grupo ínfimo de esos veinte mil que quedaban. Y la democracia costarricense es plutocrática y capitalista, (que la derecha llama eufemísticamente “democracia liberal”) y de una población de más de cuatro millones una ínfima proporción, que me atrevo a decir que no llega a mil personas, toma las decisiones que nos atañen a todos (pero que en realidad los beneficia a ellos y sus ad láteres) aunque nos perjudiquen, como es lo común.

Lo que está sucediendo en este momento en las filas de la oposición política nacional, de buscar un consenso de coincidencias para crear un solo frente al neoliberalismo depredador que impulsa el partido gobernante, tiene la cualidad de ser un aprendizaje de concertación, para grupos que se caracterizan por su egoísmo en intereses gremiales, igual que Liberación Nacional, que si realmente lo lograran, pueden estar seguros que este pueblo hastiado, desilusionado, indiferente y hasta con náuseas de todo lo político, haría un esfuerzo por sacar a los “mercaderes del templo”.

Y este aprendizaje, si no se olvidara de inmediato, como suele suceder, podría traer un futuro gobierno de concertación que quizá, y solamente quizá, cumpla con las aspiraciones populares. La primera de ellas: limpiar los detritos dejados por el actual y el pasado gobierno, que significa desmantelar los excesos del neoliberalismo salvaje (según palabras del Papa Juan Pablo II, no mías, por si acaso), el latrocinio descarado, la impunidad institucionalizada, el despilfarro, el gobierno de ocurrencias, y la contradicción hipócrita entre lo que se dice y lo que se hace.

Hace rato hemos concertado un grupo de amigos una inmensa red de santones, gurúes, brujos y brujas, adivinos, quiromantes, los miembros del Cirque du Soleil, y una que otra personalidad local que brilla por sus dotes de adivino, telequinético, futurólogo, economista (que allí entran, no faltaba más), y sacerdotes y pastores, no importa que en lo privado sean más desaforados sexualmente que participantes en la Orgías de Heliogábalo, para que influyan con sus ondas esotéricas en las mentes de quienes negocian la concertación, los bañen en los efluvios de la buena voluntad, les aniquilen el egoísmo y la doble moral, para ver si acaso logramos algo positivo.

Pero como no existe el amor eterno, o dicho de otra forma: no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, no esperamos que la dignidad, la inteligencia, el sentido común (el menos común de los sentidos), el patriotismo, las virtudes cívicas y la ética de la conducto política, priven sobre lo rastrero de nuestra naturaleza mezquina y egoísta, hipócrita y voluble de costarricenses, y por ello tenemos nuestras dudas. ¡Pero que lo deseamos, lo deseamos!

¿Y me equivoco en estas apreciaciones?  O es que no leyó hoy un artículo aparecido en las páginas de opinión de un periódico, en donde la autora señalaba cómo (en claro ejemplo de lo dicho anteriormente), la señora Presidente de la República declaraba en una entrevista realizada en Davos su apoyo a la corrección de la situación de injusticia contra las parejas del mismo sexo, y al llegar a ticolandia, declara “de interés nacional” un congreso o seminario en que se expondrá la tesis de que “el gay se cura”, cosa que ninguna asociación médica o científica hoy reconoce, como una muestra más de lo que ha sido la doble moral y la hipocresía de los dos últimos gobiernos de Liberación.

Miren, eso es como aquel cuento de un político que conversando con una dama de la noche le dijo que era diputado, sumamente preparado académicamente y de honradez a toda prueba, y ella, tranquilamente, le respondió: ¡qué maravilla, porque soy prostituta desde los quince años y soy virgen, nos parecemos mucho!

Modificado por última vez en Martes, 19 Febrero 2013 00:10

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