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04 Nov 2012

Seré reelegido y habrá más redadas: Joe Arpaio Destacado

Escrito por  Laura Castellanos
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El sheriff que más mexicanos indocumentados ha arrestado en Estados Unidos, 50 mil desde el año 2006 en que leyes federales permitieron a policías locales hacer algunas funciones de agentes migratorios, sabe que no lo quieren en México porque se le acusa de violaciones a los derechos humanos...

 

El Universal. Laura Castellanos, Enviada, Phoenix, Arizona. Desde el despacho amplio del sheriff Joe Arpaio, en el piso 19 de un edificio céntrico de Phoenix, condado de Maricopa, en Arizona, se divisa el horizonte ardiente del desierto. El jefe policiaco del condado, considerado como el más cruel y discriminante de Estados Unidos, está en su escritorio, rodeado de reconocimientos. A sus ochenta años el hombre blanco luce macizo, robusto. Su fistol en forma de revolver brilla en la corbata con sus colores patrios: azul, rojo, blanco.

El republicano buscará reelegirse en su cargo por sexta ocasión el martes 6 de noviembre. Ese día, además de las elecciones presidenciales y legislativas se votarán otros cargos de elección popular, entre éstos, los de alguaciles de los condados de Arizona. Muchos lo odian, pero muchos también lo idolatran: recaudó 8 millones de dólares y las encuestas le dan de 4 a 14% de intención del voto por arriba del demócrata Paul Penzone.

No duda de su triunfo: “¡Por supuesto que voy a ganar!”, dice con voz gruesa, potente.                

Sin embargo se queja de que en los últimos años se le abrieron frentes locales, en la Casa Blanca, en medios de comunicación y en México, país al que antes consideraba su amigo, porque ahí encabezó la Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA en sus siglas en inglés) de 1970 a 1973.

“Todo mundo está en mi contra, y ¿porqué? ¡Por la migración ilegal! ¡Porque nunca antes tuve problemas!”.

El sheriff que más mexicanos indocumentados ha arrestado en Estados Unidos, 50 mil desde el año 2006 en que leyes federales permitieron a policías locales hacer algunas funciones de agentes migratorios, sabe que no lo quieren en México porque se le acusa de violaciones a los derechos humanos de compatriotas, entre éstas la muerte a golpes del recluso Juan Mendoza Farías en una de sus cárceles en el año 2007.  

“Son puros chismes”, dice.

CON O SIN ROMNEY

Arpaio da su apoyo a Mitt Romney para las elecciones presidenciales, pero muestra cautela en anticipar su victoria. “Yo prefiero a Romney pero no voy al casino a hacer apuestas, debemos dejar que los votantes decidan”.

De cualquier forma se jacta de que si no gana Romney no le afectará en lo absoluto. Dice que su mayor orgullo desde hace 19 años que ostenta el puesto es no necesitar apoyo de nadie.

“Me reeligen, respondo directamente al pueblo, no al presidente ni a los gobernadores”.

Si bien algunas de sus pancartas colocadas en las esquinas de las calles de Phoenix están marcadas con suásticas en su repudio, y activistas pro migrantes como Carlos García de la organización Puente lo tachan de racista  y “con hambre de poder”, un número indeterminado de admiradores en el país le dona dinero de forma sorprendente.

80% de sus fondos provienen de simpatizantes del exterior de Arizona y rebasa, por mucho, los de Penzone: 500 mil dólares.

“Ocho millones de dólares, ocho millones de dólares” repite. “Parece que alguien me quiere”.

-¿Porqué un hombre de 80 años en vez de querer irse a su casa busca reelegirse? ¿Es amor al poder, dinero, es la fama?

- Tengo 50 años trabajando en las fuerzas policiacas, no necesito este trabajo. No lo hago por dinero, podría haber sido gobernador pero no quiero tener otro puesto. He tenido más de 4 mil entrevistas con los medios extranjeros. Pero sé que el día que me retire usted no se va acordar de mi, estaré en la historia, como le sucede al presidente Fox, que ya nadie se acuerda de él o le importa si está vendiendo o no Coca Cola. Sé que cuando me vaya será como estar muerto.

-Mucha gente mexicana lo recordará toda su vida

-No, no, no me van a recordar- gesticula con modestia impostada.

UNDER ARPAIO

Desde el despacho del alguacil se aprecia el espectacular electrónico colocado en el techo del edificio de la contra esquina. Tiene la foto de su rostro, con mirada inquisidora, sobre un fondo rojo brillante. Se lee: “El Sheriff Joe Arpaio te está observando. Vota”. Dice que lo mandó poner porque todos los días, de 12:00 a 1:00 pm, un puñado de manifestantes se reúne debajo de su edificio para exigir su salida. Desde su espectacular se burla de ellos.

Es conocido su nivel de ironía. En otro momento de la entrevista saca un bóxer rosa que dice “Go Joe”. Es una versión de los calzones rosas que obliga a los reclusos usar en las seis cárceles bajo su custodia. Lo estira, posa para la cámara.

James García, académico de la Universidad de Arizona, piensa que Arpaio “es como un showman, un actor de las películas de cowboys”. Siempre actúa. Periodistas locales se lo festejan. “¿No es encantador?”, me pregunta una reportera del periódico Arizona Republic.  

Esta ocasión su intento de ser gracioso no tiene efecto. Se impacienta y  quiere dar por terminada la entrevista. Logro prolongarla un poco más. Le pregunto sobre su reciente encuentro con el poeta Javier Sicilia con motivo de su caravana de denuncia por el saldo civil de sangre en la guerra mexicana contra el narco. 

“Es triste, no es nada bonito”, dice y de inmediato denuncia las supuestas amenazas de muerte que ha recibido de cuatro cárteles mexicanos de los que no había hecho públicos todos los nombres.

Llama a un agente y le ordena que traiga la información impresa. El Sheriff recibe la hoja y la avienta hacia mí.

“Soy tonto por hacer esto pero  no me importa, no me importa, muestra que soy muy famoso o tal vez infame, no me importa”.

La hoja dice que a través de informantes o anónimos sabe que en 2007 Los Zetas ofrecieron 3 millones por su cabeza. En 2010 el cartel de Juárez un millón. El mismo año el cártel de Sinaloa lo hizo también sin que trascendiera la cifra. Y en 2011 La Familia Michoacana dispuso de 83 mil dólares para su ejecución.

-¿Tiene miedo?

-No. Me amenazan todo el tiempo ¿Porqué voy a tener miedo? sólo llevo esto- señala su fistol.

La entrevista cursa ahora a la violencia de sus agentes policiacos y sus milicias civiles conformadas por 3 mil voluntarios que han participado en sus 68 redadas tras indocumentados, “criminales” los llama, desde 2006.

El alguacil niega las acusaciones de brutalidad de las fuerzas a su cargo: “yo no sé nada de eso, lo sabría, hay gente que no me quiere en los medios, es puro chisme”.

Le expreso el caso de Mendoza difundido en el reciente documental Under Arpaio de Jason Aragón. Registra cómo el indocumentado murió tras ser detenido a causa de golpes en el torso y el rostro. Arizona Repubic informó que en 2011 el condado de Maricopa pagó un millón de dólares a la familia.    

“Jajaja”, ríe. “No tengo información, pero no golpeamos ni matamos a nadie en la cárcel”.

Le cuestiono entonces sobre el caso de Cecilia Alejandra, trabajadora indocumentada que lo acusó a él de aventarla contra un muro en una redada, lo que le provocó dislocación de mandíbula. Se le recluyó tres meses sin recibir atención médica.

Ríe de nuevo. “¿Me acusa a mi? ¡Es ridículo!! Otra información falsa”.

Se defiende: “Soy una buena persona y sí tengo compasión. Lo único que hago es hacer mi trabajo. No les parece que entre a 68 empresas y arreste a la gente que trabaja barato, porque los empleadores quieren hacer más dinero usando mano de obra barata”.

Y anuncia más redadas: “Sí, vienen más, muy pronto”.

DE CRIADAS MEXICANAS

El sheriff presumió el reconocimiento que cuelga en su oficina  otorgado por el ex procurador Pedro Ojeda Paullada durante su paso por México. Recordó que con su esposa y su hijo pequeño vivió en la colonia La Herradura y disfrutaba ir a la Zona Rosa y a Polanco.

“En los medios nadie lo menciona”, reprocha.

La entrevista finaliza. De forma espontánea firma un cartel con su fotografía y me lo entrega. Lo recibo sin aspavientos.

Coincidimos en el elevador. Lo acompañan dos guardias. Me sonríe. “¿Sabes qué era lo que más le gustaba de México a mi esposa? Las criadas mexicanas. Yo salía fuera y ella se iba con las criadas a todas partes”. Planta baja. El alguacil sale muy orondo del elevador.

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