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30 Abr 2012

La capitalización política de una muy buena iniciativa nacional Destacado

Escrito por  Emilio Marín / LA ARENA
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Aunque buena parte de la oposición política y mediática refunfuñe, lo del gobierno nacional fue impecable. Tomó la iniciativa de nacionalización de YPF y el masivo acto en Vélez festejó ese golazo.

 

El anuncio presidencial del 16 de abril ya pasó sin sobresaltos el examen del Senado: 63 representantes lo votaron con convicción, sólo 5 lo hicieron en contra, con 2 abstenciones y 2 ausencias. Semejante mayoría excedió largamente al Frente para la Victoria y englobó a senadores de la UCR, el FAP, etc.

Por supuesto, a lo largo de diez horas de debate se escucharon muchas voces y no todas fueron coincidentes con el proyecto oficialista. Hubo propuestas de que la nacionalización también afectara al paquete en manos del Grupo Petersen-Ezkenazi. Otras para que todas las provincias y no sólo las diez petroleras, tuvieran parte en el 49 por ciento dentro del 51 que se argentiniza. “Si las provincias petroleras ya se quedan con las regalías, ¿por qué no se pueden distribuir las utilidades entre todas las provincias?”, preguntó el senador Juez.

También hubo pedidos para que se abriera una auditoría sobre áreas de exploración de la empresa y una investigación sobre posibles delitos de funcionarios durante el período en que los españoles “cortaban el bacalao”. Esta era una crítica de la oposición hacia el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido.

En el recinto y los medios de comunicación se recordó la responsabilidad de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, uno como gobernador de Santa Cruz en 1992 y otra como legisladora provincial, en el acompañamiento de la privatización menemo-cavallista de YPF.

Por más que moleste y hasta lastime los oídos de la presidenta, aquella referencia es valedera. La historia debe contarse tal cual fue. Existió esa responsabilidad política del matrimonio en esa operación neoliberal. El 16 de abril pasado marcó un antes y un después en la política kirchnerista en hidrocarburos. Hasta ese momento, una lamentable concuspicencia con los españoles y los Ezkenazi; desde entonces, una loable recuperación de la decisión nacional.

El proyecto de 19 artículos declara de interés público el autoabastecimiento, la explotación, la industrialización, el transporte y la comercialización de hidrocarburos, y expropia el 51 por ciento de YPF controlado por Repsol. Por eso tuvo el apoyo generalizado del Senado y con seguridad lo tendrá en Diputados. Ya se emitió allí dictamen favorable de comisiones. El aval de los argentinos no baja del 75 por ciento, según detectan sondeos y encuestas.

El proyecto apunta a recuperar una política de Estado en la producción de petróleo y gas. Eso es lo más importante, en lo inmediato, y dio lugar a una inmediata oxigenación del gobierno de CFK. El Congreso se plegó, incluso gran parte de la oposición y en especial el radicalismo, tan reacio a secundar al gobierno. La gente vio con muy buenos ojos la iniciativa. La consecuencia y medición de ese cambio favorable en la imagen del gobierno, fue la foto del acto en Vélez. Más de 100.000 personas ovacionaron a Cristina por lo hecho estos años, pero sobre todo por la argentinización de un ícono del desarrollo nacional.

Dos buenas y una mala

En ese acto multitudinario la única oradora fue la presidenta, lo que resultaba comprensible con vistas a unificar políticamente su movimiento. Además era difícil poner a otro orador. Con dos dedos de frente, nadie pensó que era potable ubicarlo en ese atril al cuestionado Amado Boudou.

En su mensaje de Vélez, Cristina recalcó el rol esencial del Estado, en el control y auspicio de la economía en sus aspectos troncales y no sólo en el rubro hidrocarburífero. Esta es una contraposición al modelo neoliberal, dictatorial y civil, que propugnaba “achicar el Estado es agrandar la Nación”.

El otro aspecto muy rescatable del mensaje fue su fuerte reivindicación del rol de la política y de la juventud. Quizás la oradora pensaba más bien en La Cámpora u otras agrupaciones en particular, pero el concepto de participación juvenil defendido va mucho más allá de estos sectores. Y es indudable que el gobierno de Néstor Kirchner primero y el de su esposa más tarde, contribuyeron en gran medida a potenciar esa oleada de mayor politización del sub30 y de más jóvenes aún.

Enemigos a ultranza de ese involucramiento, los comunicadores de la derecha y Clarín están alborotando que Axel Kicillof habría llevado más de cien dirigentes de La Cámpora a la nueva YPF. Al cronista no le consta esa incorporación, pero suponiendo que fuera cierta: ¿acaso era mejor para el país la administración de Antonio Brufau y la local del CEO Sebastián Ezkenazi? Los números tan deficitarios dejados por la cúpula foránea y monopolista justifican que el gobierno y los flamantes interventores reemplacen a los directivos anteriores.

Por supuesto, no siempre escoba nueva barre mejor. Para que así sea no bastarán los primeros anuncios de un 5 por ciento de mayor producción en gas y refinación de combustibles. Tendrán que elaborar planes consistentes y rendir cuentas periódicamente, algo en lo que De Vido no ha sido un experto.

La mala noticia, o al menos generadora de mucha preocupación, fue la afirmación presidencial de que la nueva YPF necesita de socios privados. Quizás en el entusiasmo por el momento histórico que se vivía en Vélez, al público tal párrafo le haya pasado sin demasiada advertencia. “Privados” es una expresión muy genérica pero en el gobierno no están pensando en firmas nacionales sino en multinacionales.

De Vido y Kicillof tuvieron reuniones con los directivos de Petrobras, la francesa Total y las estadounidenses ConocoPhillips, Chevron y Exxon, para evaluar inversiones. Esa perspectiva es muy negativa. Sería cambiar de collar pero seguir dependiendo de otro amo y otra multinacional, aún cuando se conservara matemáticamente el 51 por ciento para el Estado. Ya se sabe que la política no es una ciencia exacta y que allí dos más dos no siempre son cuatro.

Cristina dio dos pasos adelante con YPF y uno atrás con esas charlas con Exxon y otros pulpos que no son diferentes a Repsol.

Las cuitas de la oposición

Frente a esa demostración de iniciativa y fuerza social del gobierno, las expresiones de la oposición tendrán que hacer una reflexión y definir sus actitudes.

En algunos casos no dispusieron casi de tiempo, pues el proyecto sobre YPF fue anunciado el lunes 16 y de inmediato girado al Senado que lo aprobó nueve días más tarde. En el medio los radicales y el peronismo mal llamado federal debieron tomar posiciones.

Si alguien suponía que los senadores Adolfo Rodríguez Saá y Juan Carlos Romero, peronistas ambos, podían estar más cerca de dar luz verde al proyecto, se equivocaron. En cambio, radicales de fuertes encontronazos con el gobierno, Ernesto Sanz y Gerardo Morales, tuvieron mejor sensibilidad y/o cintura política, votando por la afirmativa. Otro tanto hicieron los senadores del FAP, como Juez y Rubén Giustiniani.

Por eso la presidenta tuvo un párrafo de reconocimiento explícito por ese gesto positivo de los senadores de la otra vereda, que esta vez transitaron por la ancha calle de coincidencias, con el gobierno y la sociedad.

Pero esas disputas al interior de la oposición no han cesado. Volverán a plantearse en Diputados; en cada bancada de ese signo habrá quienes reconozcan la importancia del proyecto pero también otros, en minoría, que están en la oposición incluso en estos grandes asuntos.

En la bancada radical, el ex candidato Ricardo Alfonsín trata de disciplinar legisladores para votar por el Sí, y rescatar la parte que le toca a su partido en esta polémica por YPF, fundada en 1922 bajo gobierno radical. Sin embargo, otros diputados como Oscar Aguad, muy a la derecha, han avisado que ni locos levantarán la mano por la recuperación de la petrolera. Y no será el único en votar por el No o ausentarse del recinto.

Aguad parece más bien miembro de la bancada del PRO de Mauricio Macri, que afiliado a la UCR. Tuvo y tiene con el PRO tupidos vínculos, como cuando el jefe de gobierno porteño lo apoyó como candidato a gobernador por Córdoba en la última elección.

El macrismo está determinado a votar en contra de la argentinización. Lo hará por convicciones proempresarias y neoliberales, y por ser opositor acérrimo al curso nacionalista que tomó el gobierno en la materia.

Pero hay algo más que influye en la conducta del ingeniero Macri: sus acendradas relaciones con la derecha del Partido “Popular” de José María Aznar antes y de Mariano Rajoy ahora. Aznar ha sido premiado por la administración macrista y su Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) es una invitada permanente a las conferencias y seminarios con lo más granado de la derecha iberoamericana que se dictan en Buenos Aires y Rosario bajo los auspicios del PRO.

También en esto el ingeniero luce como desubicado en política. Sale al ruedo en Capital y en Diputados para oponerse a una ley que tendrá el aval nacional-democrático, y no se ocupa de solucionar el conflicto del Subte, donde deberá pagar un alto costo político.

Que no digan después que Cristina es una especuladora nata y neta. Ella no tiene la culpa de que los opositores sean tan nabos y funcionales al capital extranjero.

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