Alberto Mayol, Sociólogo. Fotografía cortesía de Revista Poder y Negocios
1.- ¿Cambió Chile en el año 2011? ¿En qué?
Estoy seguro que Chile cambió y, en lo personal, no lo esperaba. Había muchísimo malestar que no tenía ningún anclaje ni puerta de salida, ya sea en la institucionalidad, en la representación política o incluso en la vida cotidiana de las personas. Era un malestar que se terminaba viviendo en lo íntimo, en depresiones y con la propia subjetividad. Eso radicalmente se modifica durante el 2011, porque ese malestar se politiza y se transforma en algo externo. Chile es un país que llevaba 20 años de despotilización brutal, aunque en la dictadura también había una despolitización, pero en democracia esto resulta grave. Sin embargo, las cosas cambiaron y hubo una transformación que no es menor, durante este año se cayeron las instituciones armadas, la Iglesia y la clase política. Son tres actores que en nuestra historia han politizado los cambios del ciclo político a su servicio y que no estaban en disposición de hacerlo. El lugar que ocupaban esos actores fue reemplazado por el movimiento estudiantil y, posteriormente, fue tomado por la ciudadanía. Es un cambio importante y no tiene parangón en la historia. Es posible que ese cambio se morigere, que con el tiempo sufra una derrota, pero lo que no es pensable es que la clase política, las iglesias y las instituciones armadas se recuperen rápidamente y aparezcan fortalecidas, retomando las condiciones en las cuales habitaban anteriormente.
2.- Frente a un año marcado por la movilización social, la demanda por un cambio constitucional, con una baja sostenida en las encuestas en el apoyo hacía el gobierno ¿Cuál es el balance que haces del Gobierno? ¿Crees que pudo haber gobernado mejor?
Este modelo de sociedad que tenemos, basado en un modelo económico específico, ineficiente y no sólo injusto, ha sido muy bien representado por el Gobierno. Poco efectivo en la ejecución presupuestaria, ineficiente en la gestión política y sin ninguna capacidad de articulación de lo que se denomina “la liturgia política”, no tiene capacidad de ritualizar esos malestares que muchas veces se resuelven con la sensación de estar integrado en un lugar importante, no hay presencia sagrada. No ha sido una gestión eficiente en el desarrollo de la sociedad ni en el desarrollo de la política y la vida del Palacio.
Lo que veo de este Gobierno, desde mis expectativas como investigador, es que seguirá en la misma senda, porque es un Gobierno errático y que no sabe gobernar, que está basado en su fuerza política original que es el “piñerismo”, que tiene poco arraigo cultural, que tiene poco discurso. Creo que durante el 2012 seguirá siendo débil, pero que se va a fundamentar en desangrar a los enemigos, en destruir al movimiento estudiantil, a los enemigos políticos –la Concertación lo ha hecho muy bien en autodestruirse-, lo más probable es que esté apostando a ser el que menos se desangre. Ante esa lógica, y teniendo los recursos económicos, políticos y comunicacionales, es bastante probable que algo de eso logre. Será un año muy duro para el movimiento estudiantil, pero no vamos a obtener del Gobierno una sociedad más sana y será contraria al empoderamiento de la ciudadanía. Sin embargo, creo que hay un ala del Gobierno, la del Ministro Longueria, que tiene una visión más colectivista de la derecha, con algunas reminiscencias fascistas, y lo más probable es que ahí haya más proteccionismo o ciertos cuidados con el microempresario, una serie de cosas puntuales que, como medidas especificas, pueden ser hasta necesarias y plausibles. Como forma de articulación política, me parece sumamente peligroso, pero hay que ponerle atención porque puede ser una dimensión exitosa del Gobierno.
Tengo claro que el Gobierno hizo un pésimo negocio. ¿Qué pasa si hubiese abierto la puerta?, ¿si hubiese dicho planifiquemos, rediseñemos algunas cosas? Esa demostración hubiese sido de una potencia democrática importante y hubiese sido una oportunidad, pero el Gobierno la desaprovechó porque así lo quiso, porque no tuvo interés en abrir la puerta a la democracia, sino que simplemente tomó los titulares de las demandas sociales y trató de satisfacerlas, pero no hizo nada de fondo. Incluso, tengo la sensación que una próxima candidatura de derecha ofrecerá educación gratuita, quizá con prestadores privados o inventando una suerte de AFP de la educación, pero ese será el diseño con el cual va a operar la educación en Chile. Este Gobierno desaprovechó una oportunidad histórica, la oportunidad de construir democracia. En Chile, insisto, todos nuestros cambios del ciclo político han estado marcados por la Iglesia, por los militares o por la clase política. Este año no fue así y no lo será; entonces surgen dos posibilidades, transitamos al populismo o construimos democracia. El Gobierno está destruyendo la posibilidad de construir democracia y de los pecados, ese es uno de los peores.
3.- ¿Qué te parece el estado actual de la política?
La política se mueve en tres dimensiones. Una es el Palacio, que es de lo que hablan los políticos, donde se da la transferencia de poderes. Luego están las políticas públicas, que hemos vivido traumáticamente –basta ver la experiencia del Transantiago y las políticas en reconstrucción- y tenemos una tercera dimensión que alimenta a las anteriores y tiene que ver con la polis, es decir, la ciudadanía. Cuando la polis falla, cuando no hay espacio para ella, cuando no es representada por Palacio, las políticas públicas no transitan adecuada y funcionalmente, eso es lo que se requiere en una sociedad. En Chile la política está secuestrada, lo que hay que hacer re-politizar, devolverle la política a la ciudadanía que supone responsabilidades, supone una ciudadanía distinta, porque esto también se ha transformado en algo cómodo para los ciudadanos. Si queremos una sociedad sana tenemos que dejar la comodidad, dejar de pensar que los temas no son nuestros o no tenemos incidencia en ellos, tenemos que reducir esa brecha en los espacios donde se toman las decisiones. La comodidad no tiene nada de feliz, la comodidad es cómoda.
4.- ¿Quién ganó, quién perdió en el conflicto estudiantil? ¿Qué proyecciones le ve al movimiento estudiantil para el 2012?
El movimiento estudiantil ganó lejos. Efectivamente va a vivir una crisis importante durante el 2012, porque el triunfo que se obtuvo va a tener resultados, pero a mediano plazo, y no tengo dudas de que será así. Hoy en día estamos hablando de otro país, de reforma tributaria, reformas constitucionales, electorales, es decir, reformas políticas que nunca se pudieron hacer por otras vías y discusiones, pero hoy en día están sobre la mesa. Estamos en presencia de una situación espectacular para desarrollar una transición social a la democracia. En nuestra transición política nos quedo pendiente abrir la puerta a la ciudadanía, hoy existe esa oportunidad y lo que no puede ocurrir es que la desaprovechemos.
Ahora, en cuanto a la proyección del movimiento estudiantil, hay que tener en cuenta que movilizarse siempre tiene un costo y existen hechos simbólicos que generan problemas hacia afuera. Los movimientos estudiantiles, desde hace muchos años, habían sido cerrados y esta vez abrieron sus puertas al sistema educacional, sin embargo, mantener eso es difícil. Los liderazgos que existían no están, por lo tanto los nuevos tienen que construirse. Porque lo que significaron Camila Vallejo y Giorgio Jackson para el movimiento estudiantil no tiene parangón, y por supuesto, puede ocurrir que alguien logre hacer lo mismo, ojala sea así, pero es un trabajo muy grande.
5.- ¿Qué cambios consideras necesarios para construir un Chile más justo?
Chile necesita un cambio urgente a su modelo económico, que tiene que ver con la articulación de lo económico y lo social y, cómo esto se articula con lo político, esa es la clave. Chile es un país minero y los países mineros son un desastre, tienen mucha riqueza concentrada en un lugar, muy pocos trabajadores explotando esa riqueza, la calidad de vida en las zonas mineras es espantosa, pero con dinero. Los dineros que de ahí surgen se van a las mafias de los minerales (cosa que ocurre en todos los países), se va a grandes corporaciones o se va a platas públicas y aquí puede ser usada de distintas maneras. En nuestro país se va fundamentalmente al mundo de las armas y a satisfacer ciertas prestaciones sociales, esa plata no está siendo usada para canalizarla hacia la construcción de una mejor sociedad. Es muy difícil sacar la plata de un sólo lugar para construir desarrollo social. Hay que tener un tremendo aparato público para producir igualdad y se puede llegar a eso por el lado de la educación. Es ahí donde se puede producir valor, también en una salud pública adecuada y en la innovación a los programas de empleos, para que estos sean integradores, con sentido. Hasta ahora Chile no cuenta con un estudio nacional sobre actividad productiva, nadie sabe lo que hacemos. Se debe hacer un trabajo muy grande de rediseño y ese es un desafío en el cual como país no nos podemos abstraer y donde la clase política, hasta el momento, no tiene ningún interés en trabajar.
Hoy día la ciudadanía está presa de una alianza política que se tomó las instituciones y se parapeto en el sistema electoral, estableciendo una distancia enorme con las personas. Cuando nuevamente se junte la ciudadanía con la política, vamos a lograr construir una sociedad sana y ese el desafío al cual tenemos que transitar.

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