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26 Mar 2012

La visita del Papa a Cuba pudiera favorecer tendencias del cambio positivo Destacado

por Pedro Campos
Martes, 27 de Marzo de 2012 00:31
Todo lo que se haga por la reconciliación, el respeto a las diferencias, el amor al prójimo, la protección de los desvalidos, la equidad y la justicia social, en Cuba, es positivo.
El Papa Benedicto XVI, Jefe de la Iglesia Católica y del Estado Vaticano, llega a Cuba el 26 de marzo, para una visita oficial hasta el 28, invitado por el gobierno y como peregrino en el 400 aniversario de la aparición de la virgen de la Caridad del Cobre. Ofrecerá dos misas, en Santiago de Cuba y La Habana, se reunirá con el Presidente Raúl Castro, y posiblemente con Fidel, así como con los obispos cubanos.
 
Ya, en viaje al continente americano y refiriéndose a Cuba, el Papa manifestó: “Hoy está claro que la ideología marxista tal como fue concebida, ya no responde a la realidad,  porque no tiene respuesta para la construcción de una nueva sociedad”. (Ecclesia Digital).
 
Es verdad: el marxismo, tal y como fue concebido para su aplicación por el socialismo intentado en el siglo XX, nunca respondió a la realidad como demandaba Carlos Marx, sino a intereses de grupos de poder y no ofreció una nueva sociedad alternativa al capitalismo.
 
Aquel conjunto de dogmas políticos y económicos, -sobre el papel del estado, la “clase obrera”, el partido, el sistema político de gobierno, la conducción de la economía, las formas de propiedad y distribución de la riqueza-, “doctamente” manualizado como “marxismo-leninismo”,  se “inventó” por el estalinismo,  para justificar las desviaciones en que incurrió el proceso revolucionario ruso-soviético. Y luego se intentó imponer como sistema de “regularidades” al resto del movimiento revolucionario.
 
Igualmente, tal “marxismo”, nunca ofreció un modelo de nueva sociedad, pues el mantenimiento del trabajo asalariado y la excesiva estatización, no cambió la esencia del sistema capitalista de explotación y solo lo movió del control privado, al estatal. Para Marx, la nueva sociedad pasaba por la abolición del trabajo asalariado y la extinción del estado.
 
El Ministro de Relaciones Exteriores respondió el mensaje y dijo que el gobierno está dispuesto a escuchar y a intercambiar con el sumo pontífice. Pudo decir otras cosas; pero al menos, se trata de una disposición. El partido-gobierno dispuesto a dialogar con el jefe del imperio que nos bloquea por medio siglo, o con el jefe de la Iglesia Católica de Roma, debería mostrar la misma disposición en relación con otros cubanos con visiones diferentes.
 
Hoy es ampliamente reconocido, incluso por el propio Presidente, que el modelo económico paternalista estatalista y centralizado, engendrado por aquel conjunto de concepciones, debe ser superado; pero los enunciados no pasan de “actualizarlo” y de reconocer la necesidad de una “mayor democracia” al sistema político correspondiente.
 
Y, desgraciadamente, las limitadas y dirigidas discusiones verticales, alentadas desde el partido-gobierno han sido insuficientes para lograr que los cubanos nos hayamos puesto de acuerdo sobre los objetivos a conseguir y el camino a emprender. Algo que reclama la cada vez más compleja situación actual.
 
Siempre que tiene lugar un acontecimiento de estas características, en cualquier país del mundo dónde una parte del pueblo está descontenta –por las razones que sean-, se producen demostraciones en ese sentido. Cuba no está siendo la excepción. Todas las partes deben actuar pacíficamente,   respetarse y  respetar los intereses de los demás.
 
Llamar a la concordia y favorecer el entendimiento no implica desconocer el déficit social, económico y político del modelo presente, en que la disidencia trata de centrar la atención papal.
 
Las peores fuerzas del imperialismo y la reacción, que buscan analogías donde no las hay,  estarían interesadas en que la visita del Papa creara una situación convulsa, para capitalizar en función de sus intereses.
 
Los partidarios del inmovilismo, los que quisieran obstaculizar el inevitable progreso de la socialización y democratización del poder económico y político, tratarán de utilizar la visita para demostrar que todo está bien aquí y nada hay que cambiar. 
 
El partido-gobierno ha pedido que no se politice el evento, algo muy difícil de lograr en un país donde el discurso gubernamental diario y el de sus medios oficiales ha politizado desde la educación y la salud pública, hasta la alimentación, el deporte, la ayuda a los desvalidos y las relaciones laborales, filiales y humanas en general.
 
Mejor, debería aspirar a que transcurra sin incidentes desagradables, omitiendo toda reacción violenta ante eventuales manifestaciones pacíficas y respetuosas diferentes. Con eso demostraría cordura y vocación democrática; aunque desaliente –al mismo tiempo- las que puedan instigar a la violencia  y a la creación de un clima de inestabilidad que ponga en peligro la vida de feligreses y de ciudadanos en general.
 
Los camorristas en las extremas deben ser llamados a capitulo y nadie, dentro ni fuera del gobierno cubano, olvide que éste es el máximo responsable de que la visita transcurra en paz para todos.
 
Ya nos enteraremos, o no, de lo que el Papa trate con los obispos católicos y con el estado. En cualquier caso, esperemos que la madurez política general del pueblo cubano, la disposición mostrada por el gobierno-partido ante la visita papal, junto a la sabiduría acumulada por la Iglesia Católica, contribuyan –de alguna manera- al fortalecimiento de las tendencias que favorezcan los cambios positivos en la presente coyuntura. 
 
La doctrina social de la Iglesia favorece el diálogo, la reconciliación, el respeto a las diferencias, el amor al prójimo, la protección de los desvalidos, la equidad y la justicia social. Todo lo que se haga en esa dirección en Cuba, es positivo.
 
Bienvenido a Cuba, su santidad, el Papa Benedicto XVI.
 
Socialismo por la vida.
La Habana, 25 de marzo de 2012.
 
 
Ultima modificacion el Martes, 27 de Marzo de 2012 00:34


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