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26 Mar 2012

¿Reductio ad Simpson? Un diálogo con Alberto Pradilla sobre la izquierda vasca y la izquierda "española"

por Pablo Iglesias Turrión
Martes, 27 de Marzo de 2012 00:26
Continuando el debate abierto en La Tuerka, a propósito de las relaciones entre la izquierda vasca y la "española" de cara a la Huelga, la siguiente nota es una contestación al artículo publicado en Gara por Alberto Pradilla, corresponsal de este periódico en Madrid y colaborador de la Tuerka.

¿Qué no me interesan las cuestiones identitarias? Soy mujer y del sur”

Comentario de Amanda Meyer tras ver el debate de La Tuerka sobre la huelga.

 

Nuestro programa del pasado jueves ha suscitado numerosas reacciones y comentarios. Independientemente del mejor o peor tono y de nivel que hayan tenido, creo que prueban el éxito del planteamiento del programa así como su necesidad y oportunidad.

Por primera vez en 35 años, militantes de izquierdas de ambas orillas del Ebro pudimos hablar de política en un medio de comunicación sin estar condicionados por la expresión armada del conflicto vasco. Y en ese marco, lógicamente, surgieron  discusiones derivadas tanto de contextos políticos, culturales e históricos diferentes en muchos aspectos, como de planteamientos políticos que no siempre coinciden.

En cualquier caso, si bien había una cierta homogeneidad de criterio entre los tertulianos vascos (y la cosa tiene su mérito conociéndoles a los dos) ni mucho menos esta homogeneidad se daba entre los tertulianos “españoles” y no solo en relación a nuestra mayor o menor “empatía” con los compañeros patriotas, sino porque también a nosotros nos separan (pienso sobretodo en Monedero y Errejón) planteamientos que, si bien no se hacen visibles en otros debates, sí podían aparecer aquí. Como mi condición de presentador me castra más de lo que muchos piensan a la hora de intervenir en los programas, aprovecharé estas notas (y la invitación del mefistofélico Alberto Pradilla con su artículo en Gara “Os prestaré tooooda mi atención”) para desinhibirme un poco.

¿Por qué entrecomillaba “españoles” al referirme a cuatro de los tertulianos de la mesa? ¿Acaso no lo somos? ¿Lo somos solo a medias? Lo hacía, como en el título de esta nota, para llamar la atención sobre el hecho de que no se trata de una categoría equivalente a la de “vascos”, a la hora de describir a militantes de izquierdas de ambas orillas del Ebro (qué bonito esto de las orillas del Ebro, por cierto). Mientras que lo vasco representa una mina de oro de potencialidades políticas para la izquierda, lo español es mucho más que una identidad indiscutida que no hace falta defender de opresión alguna (ojala fuera solo eso) ya que representa una terrible contradicción para los españoles de izquierdas en términos identitarios. Evidentemente somos españoles pero, en tanto que militantes de izquierdas, no podemos politizarlo ya que se trata de una identidad hegemonizada por la derecha. ¿Por qué esto es así? Básicamente porque perdimos una Guerra Civil y con ella una identidad que politizar a nuestro favor.

La historia configura identidades colectivas (o las destruye) pero sobretodo abre o cierra posibilidades políticas y, en este sentido, el resultado de nuestra Guerra Civil (esta sí que es de todos nosotros) al tiempo que abrió las puertas a un nacionalismo vasco de izquierdas, puso enormes dificultades no ya a un nacionalismo español equivalente, sino a la propia aceptación “natural” de la identidad española y sus símbolos políticos para la izquierda.

Es ocioso hacer historia ficción pero del mismo modo que resulta muy razonable pensar que de haber ganado la guerra el bando antifascista, el nacionalismo vasco hubiera seguido existiendo, resulta mucho menos verosímil imaginar que hubiera podido tener una expresión socialista tan poderosa como la izquierda abertzale. De poco vale hacer estas conjeturas pero al menos nos sirve para recordar que, como nos enseñó Marx, el presente es el resultado simple de las complejidades del pasado….Por eso de lo que se trataba era de comprender las leyes de la historia.

Este es el punto (la comprensión de cómo se mueve la historia) en el que creo que estamos a la hora de hablar de la huelga y de la aspiración a un Estado por parte de la izquierda vasca.

Hace falta tener poco sentido común y poca experiencia política para no reconocer que la aspiración a un Estado vasco es el elemento aglutinador fundamental no ya de la izquierda abertzale y de sus aliados, sino también de una parte crucial de la sociedad de ese país que podría identificarse con un proyecto político de izquierdas. Y eso, aunque a algunos españoles les cueste entenderlo, es bueno para todos.

Ahora bien, ese mismo sentido común y esa misma experiencia política no nos pueden hacer perder de vista  las características del poder político-económico realmente existente, que la crisis capitalista está revelando en toda su crudeza. Incluso con una (por otra parte improbable) mayoría absoluta de la izquierda abertzale y sus aliados en las próximas elecciones en la CAM, con un referéndum en Navarra con victoria abertzale (también poco probable) e incluso con un nuevo marco de relaciones con la parte del País Vasco bajo administración francesa, los objetivos políticos de la izquierda abertzale estarían lejos cumplirse. Por desgracia, la tesis de las etapas, logremos primero la independencia (una administración con sus unidades ministeriales, su ejército, su policía, etc.), incluso hipotecándola a una alianza con el PNV (y lo que este partido representa) y luego ya veremos, no resiste un análisis riguroso.

Si algo ha demostrado esta crisis es que aunque no se ha inventado nada diferente a esa máquina político-administrativa que llamamos Estado para que los de abajo puedan ejercer el poder, esa misma maquina de acumular y organizar poder que representó el objetivo a conquistar por los movimientos antisistémicos (socialistas y de liberación nacional) en los últimos dos siglos, ha sido vaciada de poder y no basta por sí sola (quizá nunca bastó) para diseñar una estrategia de transformación, no ya del Capitalismo, sino de las relaciones de poder más básicas. La conversión de Grecia en un “protectorado” de los poderes capitalistas globales (por muchas huelgas generales que haya habido) es un ejemplo incontestable. Muchos compañeros, por desgracia, confunden disturbios y victoria. Y en Grecia la segunda de momento no ha llegado.

¿Quiere esto decir que hay que la izquierda vasca debe asumir el escenario territorial español e integrarse en estructuras políticas estatales? Solo un idiota (en el sentido griego de aquel que no se preocupa por la política) podría plantear semejante cosa. Pero la reducción del problema a una apelación al internacionalismo (los trabajadores vascos son solidarios con el resto de los trabajadores sean griegos, españoles o suecos) no resuelve una cuestión estratégica crucial, que se concreta en la definición de los enemigos contra los que uno puede pelear. Uno de esos enemigos, indiscutible para todos, se llama Gobierno español.

Mientras no terminemos de inventar formas políticas que permitan ampliar los terrenos de combate (ojala hubiera una huelga general a nivel europeo pero de momento nadie la convoca) asumamos que, contra el enemigo común, hay que sumar fuerzas. Pero no se trata solo de solidaridad, sino de pura estrategia política.

¿Se necesitan la izquierda vasca y la izquierda “española”?

Si algo ha aprendido la izquierda abertzale en estos últimos 30 años ( y sobretodo en los últimos 10) es que el enorme consenso y adhesión popular fuera del País Vasco (y, en menor medida en Cataluña) a la llamada política antiterrorista, ha permitido una política de apartheid cuyas consecuencias se aprecian simplemente echando un ojo a los escaños del parlamento de la Comunidad Autónoma Vasca.

Y, por desgracia, el enorme poder desplegado por el Estado español (en manos del PP o en manos del PSOE) no va a palidecer pase lo que pase en las próximas elecciones autonómicas. Podrán reconfigurarse ciertas cosas, pero lo que se pierde en el campo de batalla no se gana en un parlamento (eso los españoles de izquierdas lo sabemos mejor que nadie).

Hablando en plata, sin aliados en la orilla sur del Ebro la independencia esta más lejos. Y eso, insisto, es una mala noticia para todos, pues un País Vasco con una correlación de fuerzas políticas más favorable para la izquierda que en ningún otro lugar de Europa occidental, sería una buena noticia y un ejemplo.

La huelga del jueves es una excelente ocasión para mirarnos a los ojos, apretar los dientes, sumar fuerzas y tejer alianzas. El jueves combatimos una reforma laboral de ámbito estatal. Sin embargo, las luchas no se agotan siempre en ámbitos territoriales precisos. Como decía Amanda, las mujeres, independientemente de donde hayan nacido, tienen mucho que reivindicar juntas y lo mismo los migrantes y otros sujetos sociales a los que la historia (y su manera de transformar el poder y las relaciones sociales en el Capitalismo) está situando en posiciones políticas que no siempre podrán jugar en el terreno de las luchas por un Estado-nación.

Por desgracia el terreno de juego casi siempre lo define el enemigo y, como decía con gran sentido táctico Joe E. Brown en “Con faldas y a lo loco”, para ganar y casarse con Jack Lemon, había que adaptarse a las circunstancias.

Comprendo el hastío de Alberto Pradilla con ciertos discursos pero reconocerá que el debate no se resuelve con una reductio ad Simpson.

Ultima modificacion el Martes, 27 de Marzo de 2012 13:34

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