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13 Mar 2012

Con semejantes amigos, el socialismo no necesita enemigos

por Pedro Campos
Martes, 13 de Marzo de 2012 12:45
Creen algunos que necesitamos primero desarrollar el capitalismo, para después “construir” el socialismo.
Algunos “creen”, que para transitar a una economía socialista, en las que predominen las formas socialistas de producción de tipo cooperativo-autogestionarias, primero hay que alcanzar un alto desarrollo del capitalismo y para eso necesitamos dar prioridad a la extensión del capitalismo privado nacional y extranjero. 
 
De esa manera, estaríamos “avanzando” al socialismo, solo que en la misma forma en que  lo hacen todos los otros países capitalistas menos desarrollados, pero aquí ese avance, estaría, como en China, “garantizado por el control del Partido Comunista”.
 
Para sostener sus posiciones, se escudan en que “el socialismo es la etapa de tránsito”, en la que subsisten rezagos capitalistas. Los que citan la referencia  de Marx al período de tránsito, en su Crítica al Programa de Gotha, para justificar más desarrollo del capitalismo en es etapa, no se percatan de que su intención era precisamente todo lo contrario: ese período tendría que servir para liquidar las bases del viejo régimen y sentar las bases del nuevo modo de producción, el que siempre él entendió como socialismo: abolición del trabajo asalariado y desarrollo del trabajo libre asociado, que él observó en las cooperativas independientes organizadas por los trabajadores mismos.
 
Y si Marx mencionó  el estado transitorio de la “dictadura del proletariado”, lo hizo en el sentido lato de que todo estado es la dictadura de una clase, no en el sentido político preciso del término dictadura, como forma de gobierno, pues muy claro que fue Marx al describir el gobierno de los trabajadores como  “República democrática”.
 
Con semejantes defensores, el socialismo en Cuba, ni en ningún lado, necesita enemigos.
 
Aceptemos que aspiran a una suerte de NEP (Nueva Política Económica), como la pretendida en Rusia por Lenin: ¡comunistas haciendo capitalismo! 
 
¿Y  donde quedan las experiencias de todo aquello, lo que pasó después, el desarrollo del capitalismo sin haber desarrollado el cooperativismo y la autogestión, el estatalismo total que le siguió, la represión y todas las barbaridades posteriores del estalinismo? ¿La negación que se hizo de la obra póstuma de Lenin en relación con el socialismo, “Sobre el Cooperativismo”, dada a conocer bajo el nombre “Sobre la Cooperación”, que debía publicarse en Granma, ponerse como obra de cabecera de todos los “dirigentes”  y estudiarse en los núcleos del Partido que se hace llamar leninista?
 
Sin saberlo, -digo-, los partidarios de fortalecer el capitalismo para llegar luego al socialismo, coinciden con el liberal cubano Carlos Alberto Montaner: “El socialismo es la etapa de tránsito entre el capitalismo y…el capitalismo”. Claro, el “socialismo de estado”, ése que nunca fue.
 
Más claro: Detrás de esos “marxistas” los hay confundidos y hasta bien intencionados, pero también se esconden unos cuantos partidarios del capitalismo y el autoritarismo. No hay que acusarlos de traidores, ni llevarlos a la “guillotina”, bien lejos estamos de toda violencia y jacobinismo absurdo; pero no queda más remedio que analizar sus concepciones, como parte del diálogo que pretendemos. 
 
Quienes desde el poder desean fomentar el capitalismo, para “hacer después el socialismo”, estarían tirando por la borda 50 años de luchas y expectativas  por el socialismo, de enfrentamiento anticapitalista, de confrontación con el imperialismo, de sacrificios de los trabajadores y el pueblo. Y para “hacer bien las cosas”, seguro ya estarán pensando en traer de regreso a los capitalistas “siquitrillados” y a los monopolios imperialistas. Es difícil que “comunistas” incapaces de “hacer socialismo”, puedan “hacer capitalismo”.
 
Alguien incluso me manifestó que había primero que hacer rica a Cuba y que para eso era necesario el capitalismo. Como si explotar el trabajo ajeno fuera algo normal, sin mayor significado social, una frase sin sentido. Como si el capitalismo creara más riquezas materiales, espirituales y humanas que el trabajo libre asociado.  Como si el capitalismo creara solo ricos y riquezas, sin sus respectivas contrapartes. Como si el capitalismo no estuviera en crisis.
 
Me limito a reproducir a Marx: “lo mismo que el trabajo esclavo, lo mismo que el trabajo siervo, el trabajo asalariado no es sino una forma transitoria inferior, destinada a desaparecer ante el trabajo asociado que cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría”.
 
Muchos trabajadores y comunistas de las bases no están de acuerdo con eso de hacer ahora capitalismo primero. No lucharon medio siglo para eso y para ellos sigue vigente la consigna: “Atrás, ni para coger impulso”, que Raúl hizo popular en los primeros años.
 
Que se rectifiquen graves errores que se cometieron, como la estatización casi absoluta, la eliminación del trabajo autónomo, individual y colectivo, el monopolio del estado sobre la economía y la política, es una cosa y otra muy distinta, restaurar el sistema capitalista privado clásico, el poder del dinero y del capital. No se equivoquen: la reacción no perdona.
 
Los que entregaron todo su esfuerzo, toda su vida a “la revolución” y que han vivido medio siglo de un bajo salario, complementado con subsidios para salud, educación, alimentos, vestido, calzado y techo; no pueden entender ni aceptar  seguir con el bajo salario, pero sin tales complementos, y con los precios dictados por el mercado capitalista internacional y la burocracia que controla el mercado de divisas en Cuba. Es vox populi: si se quitan los subsidios, súbanse los salarios y pensiones.
 
¿Que el estado no puede? Sea entonces consecuente: abandone tanto control sobre la economía y la vida de los ciudadanos. Deje a éstos un margen para organizarse económica y políticamente, como ellos lo entiendan: abra completamente el trabajo autónomo y cooperativo y de plenas libertades de expresión y asociación; pero absténgase de priorizar y extender “la explotación asalariada por privados”.  
 
Se ha llegado a eximir de impuestos a los capitalistas que explotan a 5 o más trabajadores.  ¿A dónde va eso, amparado en que el estado necesita que aparezcan puestos de trabajo “asalariados”? ¿Por qué no fomentar aceleradamente la creación de puestos de trabajo en cooperativas y empresas autogestionadas?
 
Los partidarios del capitalismo están en Cuba, en todas las posiciones, solapados o a cara descubierta, por diversas razones, una de las más importantes es que el fracaso del “socialismo de estado”, unido al desconocimiento sobre el socialismo revolucionario, marxista, no les deja más opciones. Por eso, los que se oponen al desarrollo de las formas socialistas de producción de tipo cooperativo-autogestionarias y a  la divulgación de las ideas del socialismo marxista, están haciendo el juego a la restauración del viejo régimen capitalista.
 
Los ricos existen aquí, directa e indirectamente. Permitirles legalmente explotar  a otros, no solo va contra la Constitución, es fomentar el modo de producción que supuestamente se trata de superar; pero lo peor es que se hace sin desarrollar paralelamente el cooperativismo y la autogestión, de manera que, al menos, tuvieran la posibilidad de competir en el terreno práctico.
 
El dinero compra medios de producción, fuerza de trabajo y corazones, compra todo lo que se le ponga delante: los ricos, los capitalistas, que van creciendo, explotando cada vez más asalariados por la sencilla razón de que su sistema es más productivo y paga mejor que el capitalismo estatal, pueden terminar comprando el país, con todo y burócratas corruptos (los que lo sean), más fácil, si no hay otra forma superior de organización del trabajo, capaz de producir más y mejor y generar más satisfacciones de todo tipo entre los productores.
 
Un amigo, Coronel de las FAR, me dijo: si abren completo al capital y levantan el bloqueo, vamos a ver a unos cuantos vendiéndose, como carne fresca de puerco en los mercados.
 
Desde la oposición, ya han pedido que les dejen a ellos, a los tradicionales partidarios de la restauración capitalista, llevar adelante tal proyecto, que es el que siempre defendieron.
 
Quienes creerían necesario primero el desarrollismo capitalista, para luego avanzar al socialismo, están cayendo en el viejo prejuicio estalinista de ver la historia como una sucesión mecánica y compartimentada -con tabiques infranqueables- de formaciones económico-sociales-políticas que, una empieza, donde la otra termina.
 
Según esa visión dogmática de la historia, cuando la Comunidad Primitiva agotó sus posibilidades, surgió el sistema esclavista; cuando el esclavismo ya no daba más, surgió el feudalismo; cuando éste se agotó, surgió el capitalismo y el socialismo “será construido”, cuando el capitalismo esté desplomado.
 
Tal idea desconoce el verdadero desarrollo histórico en paralelo de los modos de producción, los que han ido predominando de acuerdo con el desarrollo de las fuerzas productivas y la capacidad y disposición de las clases en el poder y de las nuevas clases revolucionarias.
 
Los esquemáticos no saben, o no les conviene saber, que en el seno de la comunidad primitiva se iniciaron y desarrollaron las primera formas esclavistas, que en el seno del esclavismo surgieron las primera formas feudales que luego se fueron perfeccionando hasta las más clásicas, que las formas asalariadas –capitalistas- de producción se habían manifestado incluso en la etapa esclavista, de lo cual hay constancia en Grecia.
 
En Cuba, en el siglo XIX había esclavismo, con feudalismo y capitalismo mezclados, cuando entre los trabajadores aparecían las primeras señales cooperativas como la sociedad mutualista phroudoniana en 1856 y las asociaciones de cajistas, mientras que el periódico Aurora en 1865, dirigido al gremio tabacalero, defendía el cooperativismo como solución a la explotación asalariada.
 
Los dogmáticos quizás no sepan que las formas de producción cooperadas, se vienen manifestando desde que el hombre empezó a cazar mamuts, pero solo lograron su más amplio desarrollo en el capitalismo, donde han ido perfeccionando hasta que algún día se irán imponiendo en este o aquel país, hasta generalizarse.
 
Hoy por hoy, el cooperativismo en el mundo moderno capitalista, se ha ido extendiendo hasta el punto en que se reconocen más de 900 millones de cooperativistas, este año 2012 ha sido reconocido por la ONU como el año Internacional del Cooperativismo, se han dado premios nobel de Economía a estudiosos del cooperativismo y la lista de hechos y fenómenos que demostrarían la importancia del cooperativismo moderno sería interminable. Simple: el nuevo modo de producción socialista viene desarrollándose dentro y a costa del viejo modo de producción  capitalista.
 
El socialismo no se va a construir mañana de un solo golpe por “una revolución violenta”, por la decisión de un grupo de iluminados: se ha venido desarrollando dentro del capitalismo y llegará, en su desarrollo, a predominar como modo de producción. En Cuba, antes de 1959-60 existían multitud de formas cooperadas, cooperativas propiamente dichas de producción y servicios, clínicas mutuales, cajas de retiros y ayuda mutua, grandes empresas de ómnibus asociados, hoteles cuyas ganancias iban parar a los sindicatos y otras, que el gobierno revolucionario estatizó, cuando sus “nacionalizaciones”.
 
Que sean necesarios procesos revolucionarios más menos violentos para el triunfo del socialismo como sistema mundial, dependerá de la capacidad y la inteligencia de las modernas burguesías para hacer, como han estado haciendo, adaptaciones al sistema capitalista, dando más participación a los trabajadores en las acciones, la gestión y las utilidades, permitiendo el desarrollo de empresas cooperativas, haciendo una distribución más equitativa de las utilidades por medio de la recaudación de impuestos y las prestaciones sociales en los presupuestos (socialdemocracia, capitalismo popular, etc.) y, también, de la inteligencia y capacidad de la nueva clase revolucionaria de los trabajadores libres asociados para ir extendiendo  el nuevo modo de producción.
 
Un asunto que va mas allá de las luchas de grupos organizados por el poder.
 
Las nuevas tecnologías informáticas y de punta, están jugando un papel primordial en la liberación del trabajo esclavo asalariado. Son lógicas, por tanto, la oposición a las mismas, de los intereses más retrógrados en todas las sociedades y sus propuestas para censurar y limitar las redes internacionales.  La libertad que se respira en Internet  es muy peligrosa para los autoritarios y detentores del poder capitalista.
 
El capitalismo como sistema mundial predominante está en crisis, cada vez más aguda. O hace reformas, como aumentar los impuestos a los ricos, aumentar los créditos a los pobres dispuestos a iniciar negocios propios, ampliar las prestaciones sociales a los desposeídos, limitar  las apetencias del gran capital, controlar la generación de desechos provocados por su sistema de ganancias que estimulan desastres ecológicos, asumir formas más democráticas de gobierno, como claman los indignados del mundo, o aumentarán  las revueltas sociales hasta convertirse en revoluciones violentas.
 
Es lo que está pasando con las protestas populares en Europa, EE.UU. y el Medio Oriente. Dónde más brutal es el poder y más violencia ejerce, más violencia engendra. Y, en cada región, el imperialismo internacional actúa con el “poder inteligente” para tratar de controlar la situación y garantizar sus intereses. En sus países reprime, tratando de evitar sangre y muertes, hace reformas; en otros, trata de capitalizar las protestas con intervenciones directas o indirectas, más menos violentas.
 
Lo hemos escrito otras veces, sin pretender estigmatizar ni descalificar a nadie, solo para tratar de ganar en claridad en la discusión: la vieja mentalidad burocrática, estatalista y verticalista es fruto de las desviaciones del marxismo crítico-revolucionario-dialéctico en las que cayó el proceso revolucionario ruso-soviético y que se acuñaron con el nombre de “leninismo” por el estalinismo,  sin el beneplácito del propio Lenin, las cuales trataron de generalizarse a todo el movimiento revolucionario y socialista del siglo XX.
 
Fueron esas desviaciones  -señaladas oportunamente por Rosa Luxemburgo y que Lenin empezaba a reconocer en los últimos años de su vida, incapacitado ya para ejercer el liderazgo-, las causantes del desastre posterior.
 
Para los partidarios de un socialismo más participativo y democrático, si la “actualización” no enciende, lo más rápido posible, los motores principales de la socialización, que son el amplio cooperativismo y la participación directa de los trabajadores en la dirección, gestión y repartición de utilidades de las empresas estatales, Cuba no estaría caminando, hacia más socialismo, sino hacia el predominio del capitalismo privado.
 
Socialismo por la vida
 

La Habana, 8 de marzo de 2012, en saludo al Día Internacional de la Mujer.

Ultima modificacion el Martes, 13 de Marzo de 2012 13:21


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