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23 Abr 2012

Dos almas y un cuerpo

por Julio Anguita
Lunes, 23 de Abril de 2012 18:40
(Boletín informativo de IU, 2 de febrero del 2000) Texto incluido en el libro “Combates de este tiempo”

Este escrito constituyó una piedra de escándalo para determinados medios de comunicación. En principio fue un texto que Anguita, convaleciente de su operación coronaria, redactó para mediar en el debate que se suscitó entre sectores de IU con motivo de los acuerdos pre-electorales entre PSOE e IU. Aquello que pretendía ser una ayuda para la reflexión fue utilizado para inculpar a Julio Anguita de que pretendía entorpecer la labor de Francisco Frutos como candidato por parte de IU a la Presidencia del Gobierno. Han pasado casi once años y desde luego el texto no ha perdido actualidad. Fue publicado en el Boletín Informativo de IU y tergiversado en prensa, radio y televisión. Los lectores juzgarán.

Suelo pasear por la calle con una frecuencia que se ha intensificado debido a la prescripción facultativa para estos días de convalecencia. En cada paso, recibo de los numerosos viandantes que se acercan a saludarme los datos de una estadística inquietante acerca de las conversaciones con el PSOE en torno a posibles pactos para una nueva situación desde la izquierda.

Hay ciudadanos y ciudadanas, votantes y/o simpatizantes que me interpelan con rotundidad:

Adelante con la unidad de la Izquierda; ya era hora de que os unierais para echar a la derecha.

No he recorrido 20 metros cuando otro interlocutor o interlocutora me espeta, también con mucha rotundidad:

¡Ojo con lo que hacéis! No se puede pactar con la corrupción; con los que han hecho una política de derechas; con los creadores y encubridores de los GAL.

Ni qué decir tiene que en ambas posiciones la amenaza siempre es la misma: No votar a IU en caso de que hagamos lo contrario de lo que cada uno o cada una piensa que debe hacerse.

Y esto que es una información que recibo a pie de calle se ve incrementada y ratificada a través de la abundante correspondencia que llega a mi Secretaría. Los términos de los escritos son exactamente iguales y contienen las mismas advertencias.

Pero es que fuera ya de nuestro mundo político, se observa en medios de comunicación y en determinados comentaristas no sólo la contradicción al asumir estas posiciones sino también el cambio que muchísimos de estos formadores de opinión realizan cada 24 horas. Pongo un ejemplo: Hay quien desde una tribuna pública nos acusaba hasta hace poco tiempo de ser irreales e irredentos por seguir oponiéndonos a la OTAN; ha bastado que se baraje la idea de un acuerdo para que, de manera precipitada, dicho comentarista nos acuse de un supuesto cambio político. La conclusión es clara: en esto de la OTAN como en otras cuestiones son los demás los que están cambiando cada día, cada hora, y yo diría que cada minuto. Parece ser que el destino de IU es estar permanentemente entre dos fuegos, dos frentes; entre Escila y Caribdis.

Esta Izquierda Unida nuestra, tan necesaria para mantener, impulsar y garantizar en la medida de su fuerza social, cultural e institucional una política de izquierdas, no está libre de esta contradicción que estoy relatando. Y no puede ser ajena ya que los miembros de IU, los votantes y los simpatizantes somos parte de esta sociedad nuestra. Y es normal que entre nosotros se refleje lo que existe a nivel de calle. La historia de España en sus dos últimos siglos –especialmente del XIX- no es sino la historia de dos monólogos apasionados.

Sin embargo le corresponde a IU, y especialmente a sus distintas direcciones, abordar esta bipolarización para producir la síntesis cultural, ideológica y programática que la pueda resolver. Y, desde luego, es también una tarea para aquellos que desde la cultura, la política o los medios de comunicación sean consecuentes con las obligaciones éticas y culturas que su función les exige.

Pero en lo que hace referencia a nuestro papel como miembros y dirigentes de IU debemos tener presente, antes de abordar esta cuestión, una serie de realidades y condiciones totalmente inexcusables:

- Todos y todas los que se manifiestas de estas dos maneras en el amplio campo de la izquierda son nuestros, forman parte de nuestra cultura, de nuestras tradiciones y de nuestros mejores ejemplos de lucha y entrega; con todos y todas ellos y ellas tenemos que trabajar. Y no sólo porque son nuestros y nuestras sino, también, porque en última instancia sus planteamientos básicos y profundos están cargados de razones y evidencias acumuladas a lo largo de la experiencia.

- No podemos cercenar a golpe de imposición o de silencio ominoso la posibilidad de un diálogo, de un encuentro, de un debate sereno entre ambas posiciones. Se impone, en nombre de la estrategia y de una visión política a largo plazo, el ejercicio del autocontrol.

- La búsqueda de la síntesis es la obligación inexcusable. En cuestiones accesorias, no fundamentales o que no afecten a la estrategia o la línea política, una votación puede resolver un problema pero, en cuestiones de hondo calado, el debate democrático es la única salida, siempre y cuando se cumplan dos condiciones: saber situar el problema en su concreción acotándolo y centrando la discusión; y, aceptación por parte de todos y de todas las condiciones y las servidumbres de la democracia y su ejercicio.

Pero se impone una clarificación previa: el desmontaje de los autoengaños, de las intransigencias “éticas” o “de realismo político” que son más intransigentes en la medida que defienden, en última instancia, intereses personales o de grupo. Son las posiciones más radicalizadas de ambas posturas las que conviene desmontar, denunciar y racionalizar.

La expresión: “Todos contra la derecha” que no vaya acompañada de determinados contenidos, valores, acciones o propuestas que permitan esa unidad, no deja de ser una consigna hueca cuando no una manipulación para incautos. Se trata de la vieja ficción que el maniqueísmo puso en marcha: hay una derecha que por serlo es “intrínsecamente perversa” y una izquierda esencialmente “bondadosa”. La derecha “defiende al capital” y la izquierda “defiende a los trabajadores”. La realidad nos muestra que bajo el manto sacralizado de la palabra “izquierda” se han hecho, se hacen y me temo que se harán, tantas fechorías sin cuento como políticas propias de esa derecha a la que se dice combatir. Las últimas propuestas de Tony Blair y el apoyo a las mismas por parte de José Mª Aznar me eximen de más comentarios.

El posicionamiento ante la derecha y la izquierda basado en la emotividad y en ecos del pasado no deja de ser un engaño, cuando no una mixtificación de la realidad. La derecha es la derecha en función de unos valores, de unas acciones y de unos intereses de clase que desarrolla y defiende; la izquierda es la negación de esas acciones, de esos valores y la defensa de los dominados; todo lo demás es música. Si analizamos la política que hoy se desarrolla en Europa, en USA o en Latinoamérica, observaremos que muchas veces la diferencia entre derecha e izquierda es puramente semántica y, eso sí, en momentos electorales. Las elecciones son un momento en el que en el supermercado político se intensifica la competitividad a fin de ganar la cuota de mercado más importante. La propia realidad española, por lo menos hasta hoy, puede servir de ejemplo.

La otra posición se inscribe también en un panteón maniqueísta que, en vez de plasmarse en derecha e izquierda, se encarna en “vendidos y claudicantes” o en “leales y coherentes”. Y de la misma manera que la posición anterior conlleva la administración de los existente, y por tanto, ser un apéndice de las clases dominantes, ésta conduce al camino de la secta que, en función de serlo, desarrolla un proceso de continua y permanente división. El radicalismo de esta segunda posición olvida que la realidad, por lo menos para los marxistas, es la unión de lo objetivo y de lo subjetivo; es decir, las cosas son como son pero también como son pensadas, como son vistas. La historia de los resultados electorales de la democracia me eximen de más comentarios. La fijación de una posición en función de una realidad quieta e inmutable, sin contemplar la posibilidad de incidir en las contradicciones, es una posición estéril.

Solamente voy a colocar dos ejemplos que nos ilustran sobre las dos posiciones, que en su expresión más cerril estoy analizando:

Los sindicatos de izquierda han pactado más de una vez con un gobierno de derechas como lo es el del Sr. Aznar; y dicho pacto ha sido saludado por una ingente cantidad de hombres, mujeres y organizaciones que se sitúan a la izquierda. ¿Se puede o no se puede pactar con la derecha? ¿Es que acaso los sindicatos que representan a los trabajadores no están dentro de esa obligación que el “frentismo antiderecha” les impone? La respuesta que se da (y que comparto) es que en los pactos y en los acuerdos lo que define su bondad o maldad es el contenido de los mismos; pero esto es la base sobre la cual voy a intentar plantear la síntesis de ambas posiciones.

Si las posiciones más irreductibles no debieran entrar en contacto o en diálogo tendríamos que revisar toda una parte de la historia y, desde luego, deberíamos reflexionar muy profundamente sobre el pacto entre la Alemania de Adolfo Hitler y la Unión Soviética de José Stalin. Y sin ir a ejemplos tan extremos y tan fuera de nuestras fronteras recordemos los abundantes pactos y acuerdos entre el PSOE y el PP.

¿Cómo salir de esta situación? ¿Cómo encarar la solución de esta, aparentemente insalvable, contradicción? ¿Cómo poner de acuerdo a personas y colectivos en la búsqueda de la síntesis? Creo que esa respuesta está tanto en la construcción política de IU como en la elaboración teórica y programática que siguió a su fundación el 24 de abril de 1986. Las diversas culturas existencias en IU coinciden en la medida en que conciertan, co-elaboran y actúan en unidad de acción en nombre de un Programa.

El Programa, la elaboración colectiva del mismo, la política de alianzas que ello conlleva, la carga de valores que lo sostienen, y la necesidad de un acopio creciente de fuerzas para difundirlo y defenderlo son los instrumentos que permiten la síntesis, el acuerdo, la Unidad de Acción de la Izquierda.

Cuando IU se fundó lo hizo en torno a un proyecto programático cuyas líneas fundamentales son ya conocidas: Pleno Empleo, Política de Paz y Neutralidad y Democracia Avanzada. Estas líneas programáticas se basan en unos valores, en unas apuestas ideológicas y culturales que las impulsan y desarrollan en lo concreto. Y como decía un conocido dirigente del siglo XX: “La discusión sobre principios abstractos separa y divide; la discusión sobre lo concreto puede permitir y facilitar el acercamiento”.

En el momento en que redacto estas líneas se está desarrollando el diálogo entre IU y el PSOE. Si recordamos algunos datos de este proceso y queremos colocar a la verdad y a los hechos en un mismo lugar, debemos tener presentes dos cuestiones:

- No fue Joaquín Almunia el que tomó la iniciativa del diálogo, sino Francisco Frutos en carta de 19 de enero del presente año.

- La propuesta programática de 10 puntos planteada por Frutos el 27 de enero es de tal importancia que conviene ser recordada:

1. Reducción por ley de la jornada laboral a 35 horas.

2. Subida del 12% del salario mínimo, hasta llegar a 77.582 pesetas.

3. Equiparación de la pensión mínima contributiva al salario mínimo.

4. Anulación de la reforma fiscal del PP y subida de la presión fiscal en 3 puntos.

5. Revisión de todos los procesos de privatización.

6. Supresión de las Empresas de Trabajo Temporal.

7. Plan de cierre de las centrales nucleares.

8. Reforma de la Ley de Inmigración para hacerla más permisiva.

9. Reforma de la Ley Electoral para que sea más proporcional.

10. Expropiación de bienes adquiridos con prácticas corruptas.

Nosotros mantenemos, como principio y como convicción, que las fuerzas políticas no son sino instrumentos para conseguir determinado tipo de sociedad. Nosotros mantenemos que nuestra acción consiste en transformar la sociedad en un sentido socialista y que, para ello, la acción diaria debe ir modelando contenidos de programa, de participación democrática (la movilización forma parte de la democracia) y de hegemonía cultural.

Carece de sentido cualquier afirmación apriorística que se refugie en el “hay que pactar como sea” o “no se puede pactar bajo ningún concepto”. ¿Se imagina el lector o lectora que los 10 puntos propuestos por Frutos pudiesen ser llevados a cabo en una labor de gobierno? ¿Se imagina el lector o lectora los procesos de transformación y de cambio que dichas medidas pondrían en marcha a semejanza de las fichas de dominó? ¿Se imagina el lector o lectora la necesaria movilización permanente que se debería promover e incentivar para vencer los obstáculos, económicos, sociales o políticos? Ésta es la Unidad de Acción de la Izquierda.

El Programa, es decir, lo concreto, es lo que arrastra a la gente por sus contenidos; lo que permite en unos casos iniciar el proceso de concienciación y, en otros, incardinarlo en la realidad. Por eso, nuestra apelación al Programa concreto, razonable, realizable y dinamizador de ulteriores desarrollos es primordial, básico, irrenunciable.

Mientras que en el seno de IU, de todo lo que se reclama de izquierdas o de los dominados, en general, el debate se establezca sobre palabras cargadas de emotividad, pero sin contenido y sin vinculación al tiempo presente de lo real y concreto, el debate será estéril. Y así, ambas almas de nuestras izquierda seguirán instaladas en las laderas del Sinaí en una sempiterna, aburrida y cansina discusión sobre el sexo de los ángeles.

Ultima modificacion el Lunes, 23 de Abril de 2012 21:26


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